ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Los reajustes en la política sobre la enseñanza del idioma inglés en la Educación Superior han suscitado un vendaval de opiniones e inquietudes.

Unas a favor, otras no tanto. Mayoritariamente se impone la tesis de que es preciso alcanzar un nivel satisfactorio de las habilidades comunicativas para que los futuros profesionales puedan desenvolverse en diversos contextos. Eso nadie lo pone en duda.

El debate sobre la conveniencia de dichas modificaciones me hizo recordar los viejos tiempos de la Universidad y evocar pasajes curiosos de finales de la década de los 70.

También aquellas generaciones traían muchas insuficiencias de los niveles educativos precedentes, y la mayoría no pasaba del dominio de las elementales frases Tom is a boy y Mary is a girl.

De ahí que todos aspiraran a poder remendar las carencias acumuladas en el aprendizaje del idioma inglés. Pero aquella ilusión no se materializó. En la carrera de Periodismo, en vez del idioma de Shakespeare, colocaron el ruso.

Fue una encomienda nada fácil. No porque fuera más difícil que cualquier otra lengua, sino porque se trataba de algo inesperado, totalmente desconocido para los futuros reporteros.

Con el tiempo supimos que se trataba de uno de los idiomas más difundidos del mundo por número de hablantes, perteneciente al grupo de las lenguas eslavas y a un alfabeto con una historia milenaria.

Pocos entendieron las razones del cambio. El contexto geopolítico, social y económico fue quizá el motivo de la determinación.

La primera sorpresa para aquel grupo de jóvenes entusiastas que iniciaba en la Universidad fue constatar que la profesora, una rusa angelical, de ojos grandes y azules, conocía apenas dos o tres palabras en español.

Como era de esperar, los primeros días de clase fueron bien difíciles. La incomunicación sacó alguna que otra lágrima hasta de las lumbreras del aula.

Una de las pocas frases que al fin logramos entender fue «OchienJarachó» (Muy bien, como se escucha más o menos en español), que la profe repetía una y otra vez sin saber a ciencia cierta por qué motivos.   

Por fortuna, la rubita duró muy poco. Le siguieron varios profesores cubanos, y aunque salimos vivos de aquel trance no logramos avanzar más allá de lo primario en el dominio del idioma. El resultado fue la calificación de tres puntos que a la postre conseguimos todos, es decir, aprobamos por los pelos.

Pasó el tiempo y vinieron muchos años sin necesidad de pensar siquiera en la utilidad de aquel acercamiento a la lengua rusa.

Un día, un grupo de periodistas en representación de varios medios de prensa fueron convocados al aeropuerto internacional de Varadero Juan Gualberto Gómez,  para cubrir la partida de un alto funcionario ruso, de visita en Cuba por varias jornadas.

Mientras permanecíamos en la pista para obtener alguna declaración del insigne visitante, las fuerzas de seguridad nos pidieron abandonar el lugar, no recuerdo con qué pretexto.

De regreso del interior de la terminal aérea, instantes después, vimos en efecto al dignatario, pero ya era inabordable. Se veía radiante, vestía camisa blanca y pantalón oscuro. Saludaba a los presentes con el brazo en alto desde lo más empinado de la escalerilla del avión.

O sea, el mal entendido por el que tuvimos que ausentarnos durante varios minutos acabó por arruinar el motivo de nuestra presencia en el aeropuerto matancero.

Cuando ya nos disponíamos a marcharnos, vimos correr hacia nosotros como una «loca» a una de las periodistas más incansables y tenaces que he conocido. Fue la única que logró sortear la exigencia de los guardias de seguridad y, por consiguiente, consiguió en exclusiva las declaraciones del estadista.

Orgullosa de su conquista, como la Diosa de la Misericordia, vino en nuestro rescate. «Lo tengo todo», decía en alta voz con la grabadora en mano.

Mientras algunos buscaban con la vista a algún traductor, formamos un círculo en torno a la experimentada reportera radial para escuchar la grabación salvadora.

–Por favor, algunas impresiones para la radio cubana de su estancia en Cuba, preguntó.

Tras un breve silencio, se oyó la voz del interpelado con la sonoridad característica de su lengua. Al parecer escogió las pocas palabras que en su idioma materno le parecieron suficientes para decir mucho de la manera más elemental: «Ochien, ochien, ochien, ochien jarachó».

–¿Y qué más dijo?, reclamó uno de los periodistas.

–¿Y ustedes quieren más?, objetó ella ante la presunta avaricia de sus colegas.
No niego que por un instante me sentí privilegiado y agradecí las lecciones del idioma ruso recibidas en la Universidad, que tanto calumniamos.

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idania rosa dijo:

1

13 de junio de 2018

08:51:34


En si que quiere decir Ochien jarachó en ruso, pudiera esclarecerme.

bcp Respondió:


14 de junio de 2018

13:41:29

En el artículo está su significado.

Adrián dijo:

2

13 de junio de 2018

13:13:07


Mi generación fue la última en dar ruso en el IPVCE. Pero aún puedo leerlo, quizás no tanto traducirlo. Vivo muy orgulloso de haberlo recibido. Y hoy se da la paradoja, de que muchos de los guías de los turistas rusos que nos visitan...son oficiales jubilados de las FAR que estudiaron (y ejercitaron) la lengua de Pushkin.(que por cierto...era descendiente de un general africano de Pedro I..era un jabao, vaya).

tdl Respondió:


14 de junio de 2018

14:32:49

Adrian: Tengo entendido que era un ayudante del Zar pero no general. Se llamaba Ibrahim.

Giraldo Mazola dijo:

3

14 de junio de 2018

06:16:07


Ventura: Bonita anécdota. te sugiero no dejes de relatar todas las que recuerdes. Mazola

Idania dijo:

4

14 de junio de 2018

09:56:21


Me hubiera gustado haber aprendido idioma ruso, de niña crecí leyendo la revista mujer soviética, los spuknik, entre otros que se publicaban en esos años, todo lo que decia era fascinante, instructivo y aportaba ala conocimiento, hoy al cabo de tantos años no dejo de ver todo lo relacionado a la antigua unión soviética, todo lo que me han contado es positivo, además ellos sienten un amor muy grande hacia cuba, a fidel castro, todavia permanecen lazos muy fuertes, ojalá un dia pudiera materializar ese sueño de visitar Rusia, la historia es bella.

Angel dijo:

5

14 de junio de 2018

11:41:29


Muy brillante!