ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Tal vez porque nunca más que ahora el mundo padece lutos, me resulta tan recurrente la ceremonia breve y sentida que desde niños conocemos como «un minuto de silencio».

Levantarse si se está sentado, bajar la mirada, o quitarse el sombrero son ademanes que suelen acompañar a quienes formando parte de los convocados se disponen a cumplir el voto que se les solicita, para recordar un doloroso suceso colectivo, a un héroe, en cualquier sentido, o a un compañero cercano que ha perdido la vida.

La idea de inducir un pensamiento a la memoria de alguien tiene el valor del respeto y se cuenta que tuvo su origen en 1919, cuando el soldado australiano Edward George Honey, combatiente en la Primera Guerra Mundial del ejército británico, pidiera que se guardaran –entonces– dos minutos de silencio en la fecha en que se conmemoraba un año de haberse firmado el tratado de Armisticio de Compiègne, del 11 de noviembre de 1918, que ponía fin a las hostilidades en el Frente Occidental.

No sé qué pasa por las cabezas de los que tengo al lado cuando me incorporo para rendir el tributo del mutismo, cortado casi siempre por aquel que al frente del grupo avisa que el minutero ha dado una vuelta entera. Aunque no nos está dado franquear el pensamiento ajeno, supongo que el fluir de la conciencia de la mayoría se detiene entonces para, al menos, en la mitad del minuto –o un tercio o sus tres cuartas partes– remitirse al recuerdo de la(s) persona(s) que la ocasión solicita honrar.

A ciencia cierta, no lo sé. Pero de mí, de lo que pasa en mí durante ese tiempo, sí puedo hablar. A veces la concesión del minuto es por el adiós definitivo de un ser largamente conocido al que se le debe mucho, o nada, según sea el vínculo que con él se haya tenido. Otras, es más lejano, aunque de alguna forma tiene un designio que lo une al que hoy lo está recordando.   

Procurando guiar mi pensamiento y cuidando que no se me escape en el primer escondrijo oportunista, me dispongo, como ejercicio del espíritu, a evocar. Si es cercano –para mí suficiente con haberle hablado alguna vez– empiezo por su rostro que se anima en el gesto curtido en plena vida.

Sin esfuerzo alguno las imágenes se despejan y se imponen aquellas que un día archivé en mi memoria y exploro en lo que pudiera haberle agradecido. Para hacerlo no es preciso haber recibido directamente una acción generosa. A veces de soslayo nos da la sombra espléndida de otros, aunque no lo hayamos advertido.
Pienso en lo extraño del modo de vivir en los demás, que algún día ­habrán de recordarnos, y también en el modo en que la gente se nos queda, si la hemos conocido. Es amargo el nunca más; sin embargo, no reposa en mi mente el evocado, que se mueve con luz de cometa vital, en todos los sentidos.

El hombre se agita, y puedo verlo batallando, en el ajetreo más común, en el mal día que a todos toca, en la risa a cántaros que lo hizo feliz. En los momentos finitos de su combate, en la innegable partida que, sin embargo, no es cierta.

El murmullo testifica que acabó el tributo. Las voces vuelven a la vida. Alto se habla otra vez, pasa la nube.

Se concreta lo que se ha previsto para que sucediera tras el minuto de silencio y el atiborro del deber enrumba. No obstante, algo frágil nos exige cautela cuando un minuto en el día se ha dedicado a la especial remembranza. Tal vez se trate de aquella imperiosa disminución que tiene lugar en el hombre íntegro cuando la muerte, natural y prendada, nos lleva a uno de los que a nuestro lado han sido. 

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Mimisma dijo:

1

13 de junio de 2018

11:38:53


Me ha gustado mucho su artículo periodista, no sabía cuando se estableció esto, y mire usted, así recuerdo la última vez que guarde un minuto de silencio

Lucifer Respondió:


13 de junio de 2018

14:11:37

Cada vez que oigo pedir un minuto de silencio pienso en todos los minutos de silencio pedidos en esta vida, sería una vida entera, creo que debe ser riguroso cuando se pide esta acción por algo determinado y no utilizarlo por gusto. Por ejemplo el lunes 11, en un minuto de silencio pensé en Wendy, una gordita muy rubia y bonita que a la larga puede ser familia mía y en su esposo negro, magnificas personas y pensé en los momentos dificiles que vivimos.

Yarelis López Pérez dijo:

2

14 de junio de 2018

13:39:15


Es muy bueno escribir sobre lo que con tanto repeto y solennidad haciamos cuando niños, no es que ahora no se haga, pero me ha acordado usted aquellos homenajes que se hacian cuando estaba yo en mis estudios primario, aquel amor que sentiamos por nuestros héroes y martires, y con la seriedad que guardabamos el minito de silencio.

Pedro Campos dijo:

3

17 de junio de 2018

00:37:52


Granma deberia abrir una pagina con informacion diaria de los debates sobre la nueva constitucion y recabar opiniones del pueblo al respecto.

Roberto JP dijo:

4

18 de junio de 2018

14:38:51


Muy lindo su comentario, reconforta saber que periodistas tan jóvenes en nuestro país tienen comentarios tan profundos, mis respetos y continúe así.