ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

A comienzos de 1898, los círculos más agresivos de la política de Estados Unidos estimaron que había llegado el momento adecuado para intervenir militarmente en Cuba. En esta apreciación tenía un peso fundamental la situación político-militar de la Isla donde la marcha de la guerra por la independencia, que se libraba desde hacía ya tres años, hacía avizorar la victoria de las fuerzas cubanas.

Junto a esto, la prensa y los políticos estadounidenses venían desarrollando una activa campaña mediática en la que se enfatizaba en los crueles excesos de las autoridades del régimen colonial español llevados a su máximo extremo con el desesperado recurso de la reconcentración implantada por el general Valeriano Weyler. En ese contexto, la explosión del acorazado Maine ocurrida el 15 de febrero, proporcionó el pretexto que faltaba.

Actuando simultáneamente en varias direcciones, el Gobierno de Washington, desde tiempo atrás, hacía presiones sobre el de Madrid para que introdujera reformas en el régimen de gobierno en la Mayor de las Antillas, mientras paralelamente, efectuaba gestiones para adquirirla y, por otra parte, la Marina estadounidense elaboraba y perfeccionaba sus planes de operaciones para una guerra contra España.

Dentro de la proyección expansionista de Estados Unidos, el dominio de Cuba tenía, por varias razones, una gran importancia. La Isla, de por sí, era una pieza apetecible. En ella el capital estadounidense tenía cuantiosas inversiones y otras en proyecto. Otra razón era su posición geográfica, clave para el dominio del Caribe y de las rutas de navegación que unirían la costa atlántica de Estados Unidos con el istmo de Panamá, a través del cual estaba ya proyectada la construcción de un canal interoceánico que abriría las puertas al océano Pacífico y a los infinitos mercados asiáticos. Otro factor circunstancial se unía a los anteriores: era año de elecciones parciales en Estados Unidos.

El acorazado Oregón bombardeando a Santiago de Cuba. Foto: Archivo del autor

UNA INTERVENCIÓN SIN PREVIO AVISO

En los cálculos de los intervencionistas se tenía muy en cuenta la superioridad de sus fuerzas navales para imponer su voluntad al adversario. Entre las formas posibles de empleo de esas fuerzas, el bloqueo naval desempeñaba un papel principal. La Marina estadounidense confiaba en que un rígido bloqueo y el bombardeo de su artillería naval a varias ciudades del litoral serían todo lo necesario para obtener sus objetivos. Por ello, desde fines de marzo, una poderosa escuadra al mando del contralmirante William T. Sampson estaba concentrada en Cayo Hueso, el punto del territorio de Estados Unidos más próximo a Cuba. El día 21 de abril, Sampson recibió órdenes: «proceder al bloqueo de las costas de Cuba desde Cárdenas a Bahía Honda.

Bloquee Cienfuegos si lo considera prudente». Se daba inicio, de hecho, sin previa declaración de guerra, a la intervención militar de Estados Unidos en Cuba. En la proclama presidencial, dada a conocer más tarde, se invocaban «razones humanitarias» para dicha intervención.

Al amanecer del día siguiente, la escuadra estadounidense, compuesta por dos acorazados, un crucero auxiliar, un monitor, cinco cañoneros y cuatro torpederos, se hizo a la mar. Muy temprano en la mañana, a las 7:20, era capturada la primera presa: el mercante español Buenaventura que, ignorante de que había sido declarado el bloqueo de Cuba y, por ende, roto las hostilidades entre Estados Unidos y España, navegaba por el canal de la Florida, entre dos puertos de Estados Unidos. Aproximadamente a las tres de la tarde, los buques bloqueadores avistaron las costas cubanas y sobre las cinco estaban frente a La Habana, permaneciendo fuera de los 20 kilómetros de alcance de las baterías costeras.

El día 23, la fuerza bloqueadora recibía un refuerzo. Se sumaron a la agrupación de buques dos cruceros protegidos, un monitor, un torpedero y un remolcador. Sampson dividió entonces sus unidades en tres destacamentos: uno fue enviado a bloquear Cárdenas y Matanzas, un segundo destacamento permaneció frente a La Habana y el tercero fue enviado a patrullar desde La Habana hasta Bahía Honda. El 29 de abril, el bloqueo fue extendido a Cienfuegos y se capturó la primera presa en esa región, el mercante español Argonauta.

Las fuerzas navales españolas que se encontraban en Cuba no tenían ninguna posibilidad frente a los bloqueadores. La denominada Escuadrilla de las Antillas estaba compuesta por buques anticuados faltos en su mayoría de reparación y mantenimiento. En cuanto a la defensa de puertos y costas, el único puerto que contaba con obras y medios de defensa, más o menos adecuados, era el de La Habana.

El bloqueo propiamente dicho fue combinado con otros tipos de acciones como el hostigamiento a las defensas costeras y el corte de los cables submarinos de comunicación. Entre las primeras merecen citarse el bombardeo a las obras defensivas situadas a la entrada de la bahía de Matanzas el 27 de abril, y la fracasada incursión realizada el 11 de mayo en la bahía de Cárdenas por varias unidades navales estadounidenses, en la que resultó averiado el torpedero Winslow y tuvieron los atacantes cinco bajas mortales y tres heridos. Ese mismo día, un destacamento estadounidense cortó varios cables submarinos en la entrada de la bahía de Cienfuegos y sufrió en la acción dos bajas mortales y 12 heridos.

CONTRA CERVERA

Al conocerse por el mando estadounidense la noticia de la salida hacia las Antillas de la escuadra española mandada por el contralmirante Pascual Cervera, dispuso que sus mayores y mejores buques se concentraran en dos escuadras y envió hacia el Caribe oriental otro grupo de unidades en misión de exploración. Días después, el 29 de mayo, se confirmó que Cervera había logrado entrar en Santiago de Cuba y, como consecuencia, los
estadounidenses concentraron allí el grueso de sus fuerzas.

No obstante, se continuaron capturando presas y realizando acciones contra el litoral. El 13 de junio, un crucero auxiliar estadounidense sostuvo fuego contra un cañonero español y las baterías costeras en la entrada de Cienfuegos. El día 15, varios buques bombardearon posiciones españolas en la bahía de Guantánamo y apoyaron un desembarco de infantes de marina. El 29, dos unidades abrieron fuego contra fuerzas españolas en la boca de río Hondo y el 30 de junio fue atacado Manzanillo. Otra incursión contra Manzanillo tuvo lugar el 1ro. de julio. El día 2 fue atacado el fondeadero de Tunas de Zaza.

Después del 3 de julio, cuando la escuadra de Cervera fue aniquilada frente a Santiago de Cuba, el bloqueo naval de los puertos cubanos volvió a reforzarse y las acciones continuaron. El día 12 de ese mes, fue perseguido y hundido cerca de Cortés, costa sur de Pinar del Río, el vapor Santo Domingo. Tres días después fueron bombardeadas las defensas terrestres de Baracoa. El 18, un fuerte destacamento naval estadounidense aniquiló a las cañoneras españolas que se encontraban en Manzanillo. Ese mismo día, fue hundido el antiguo cañonero Jorge Juan en la entrada de la bahía de Nipe. El 12 de agosto varias unidades sometieron a Manzanillo a un intenso e injustificado bombardeo. Mención especial merecen los sucesivos bombardeos navales a que fue sometida Santiago de Cuba con el fin de aterrorizar a la población civil y presionar así al mando español a rendir la plaza.

Durante el periodo en que estuvo vigente el bloqueo naval estadounidense, del 22 de abril al 13 de agosto de 1898, fueron capturadas más de 35 presas de muy diverso tipo y unas 22 embarcaciones lograron burlar el bloqueo. Estas cifras demuestran que mantener un control rígido de la navegación era difícil aún bajo las favorables circunstancias que disfrutaban los estadounidenses, dado el hecho de que tenían pleno dominio del mar.

Fue la población civil la que más sufrió las consecuencias del bloqueo. Téngase en cuenta que el país estaba devastado por tres años de guerra y, sobre todo, por los efectos de la reconcentración. Casi todos los alimentos tenían que ser importados.

Un cronista de la época nos dejó esta estampa de lo que vivió la población de las ciudades cubanas durante el bloqueo naval norteamericano:

«Para la población urbana el bloqueo significó una transformación radical. La vida social parecía haber muerto: no se alumbraban las ciudades, la retreta no volvió a tocar (…) en los almacenes, las reservas de víveres disminuían peligrosamente, y el miedo a los bombardeos se añadía a la miseria colectiva».

¡Y pensar que la intervención se había producido por «razones humanitarias»!

*Capitán de Fragata (r), Doctor en Ciencias Históricas, miembro de Número de la Academia de la Historia de Cuba.

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Adrián dijo:

1

16 de mayo de 2018

08:33:16


Como en todas las intervenciones "humanitarias" yanquis, son los civiles los que más las sufren, durante y después. 120 años después del bloqueo a Cuba, la nueva probable víctima es Venezuela.