ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Todo el que haya visto un poco de cine (ficción y documental) puede percatarse de que las imágenes de los niños contaminados en Siria con una supuesta sustancia química son fabricadas.

Ni siquiera tienen esas escenas la buena impronta de los falsos documentales realizados con intenciones meramente artísticas de embaucar al espectador.

Difundido a los cuatro vientos, el montaje sirvió como pretexto para bombardear y llevar más destrucción a un país prácticamente en ruinas, que se niega a bajar la cerviz ante la arrogancia de los que plantan pruebas ficticias y, de inmediato, ejecutan la sentencia.

«Las grandes masas –dijo Hitler– sucumbirán más fácilmente a una gran mentira que a una pequeña».

¿Qué hubiera hecho el führer en su tiempo de haber dispuesto de la televisión, internet, las redes sociales y una prensa hegemónica y globalizada al servicio de sus ideas?

La respuesta la adelantó el filme alemán Ha vuelto (David Wnendt, 2015) exhibido por la televisión cubana hace algo más de un año. En él se muestra a un Hitler de regreso a la vida que trata de reinterpretar a la Alemania del siglo XXI –y con ella a la llamada civilización moderna– y a quien se le hace la boca agua pensando en lo mucho  que  pudiera mentir y  manipular con tantos adelantos a su disposición.

Los que vieron la comedia recordarán que el tal Hitler se aprovecha finalmente de la ignorancia y amnesia histórica para volver a embaucar a una amplia audiencia, ya no enarbolando el viejo fantasma de los judíos como raza inferior condenada al exterminio, sino recurriendo a los peligros de una posible islamización y dominio del mundo por el terrorismo, terreno que encuentra abonado por los populismos de la extrema derecha.

«Calumniad con audacia, algo siempre quedará», escribió Francis Bacon, barón de Verulam y maestro de la inducción, quizá sin imaginar la magnificencia global que cinco siglos después alcanzaría su recomendación.   

Mentiras y manejos turbios en función de un fin, desde los griegos de Homero marchando en masa a Troya  en busca de una Helena que no era más que el subterfugio encubridor de los tesoros de la ciudad, hasta el Maine, con su numerosa tripulación de negros estallando en las aguas de La Habana (sin olvidar –dentro de una larga lista– la engañifa de las armas de destrucción masiva en Irak, echada a correr por la maquinaria propagandística del segundo Bush presidente).

No son la mentira y el engaño utilizados por Shakespeare en situaciones y personajes diversos en función de revelar rasgos contradictorios de la naturaleza humana, monumento de la cultura universal que amantes del teatro y cinéfilos reverenciarán eternamente mientras disfrutan los misterios emanados de Otelo, Hamlet o Macbeth.

Son la mentira y el engaño baratos en manos de verdaderos artesanos de la destrucción, mañosos de nuestro tiempo cuyas maneras de conducirse se le harían demasiado fácil de descifrar al bardo nacido en Stratford-upon-Avon, en abril de 1564, el mismo que escribió una máxima que se revela como anillo al dedo viendo ahora las truqueadas imágenes de los niños intoxicados por sustancias químicas en Siria: «Con el cebo de una mentira –dejó asentado Shakespeare– se pesca una carpa de verdad».

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Mira tu dijo:

1

30 de abril de 2018

11:15:25


!Gran verdad la que usted ha escrito Rolando Pérez como nos tiene acostumbrados.

Pedro R.Castro dijo:

2

4 de mayo de 2018

14:10:25


Gracias Rolando excelente articulo !!