ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Martí vivirá las edades formadoras, infancia y adolescencia, sumergido en su lengua hablada por las tres castas, abonándose con el español culto de los cultos y con el gustoso y pimentado del pueblo. Cuando salió al destierro, llevaba, sólida y segura como las entrañas que no nos dejan, una lengua completa y viva, chupada veinte años en la cubana.

Naturalmente, un verdadero vital no se contenta con el idioma que recibe, porque cualquier naturaleza creadora tiende a crear con todos sus órganos lo mismo que cualquier naturaleza rica rebasada los medios usados que le dan y echa de sí mismo los que le faltan.

Antes de Rubén Darío, él se había puesto a la invención de vocablos y Darío le reconocía este mayorazgo.
Martí crea sus derivados como lo hiciese un lingüista profesional, guardando todo respeto a la tradición en las terminaciones, e inventa siempre por necesidad verdadera, por ese ímpetu de expresivismo del que hemos hablado.

El vocabulario martiano no será nunca extravagante, pirotécnico ni snob, aunque será ciento por ciento novedoso hasta volverse inconfundible.

El verbo más que el mismo ardjetivo él lo hace a la medida de su necesidad. Verbos más activos que la familia entera de los verbos españoles él dice desjarretar, sajar, chupar, despeñar, pechar. Sus adjetivos parecen táctiles y yo pienso que nadie entre nosotros ha llevado más lejos la ceñidura del apelativo a la cosa.

Él dice tajadas, carneadas, fundida, atribulada, volcada, regada, y como dentro del adjetivo pictórico se queda el verbo activo, su epíteto no cansa, aunque lo administre mucho, por esta razón de que no está nunca inerte.

EL GRAN LEAL

José Martí cayó en su molde propio al caer en el Trópico; él no rezongó nunca contra la latitud, porque no se hablaba mal del guante que viene a la mano.

Antes y después de José Martí, ninguno se ha revolcado en la jugosidad y en las esencias capitosas de este suelo. Hay que llamar a este hombre entre otras cosas el gran leal. Lo será por muchos capítulos, pero principalmente por este de haber llevado a la expresión hablada y escrita el resuello entero, caliente y oloroso, de su atmósfera circundante y haber vaciado en ella la cornucopia de su riqueza geográfica.

Él no nos aparece frío, ni de esa frialdad que suele traer la fatiga y que es el desgano, en ningún documento; siempre lo asiste la llama o la brasa confortante, o un rescoldo bueno y cordial.

La abundancia del estilo de Martí, viene de varias causas, y es una especie de conjunción de vitalidades. Hervía de ideas al revés del escritor que ha de seguir una sola como hilito de agua en tierra pobre; el corazonazo caliente le echaba sobre la garganta el borbotón de la pasión constante; el vocabulario pasmoso le entregaba a manos llenas las expresiones ahorrándole esa búsqueda de la frase tan acusada en otros.

¡Cómo no había de ser abundante!

Él es un proveedor de conceptos, pero como le sobra savia, él puede ocuparse de regar sobre la ideología un chorro de galanura, un camino de metáforas que no se le acaba nunca. No olvidaremos tampoco que este hombre es sobre todo un poeta; que puesto en el mundo a una hora de necesidades angustiosas, él aceptará ser conductor de hombres, periodista y conferenciante, pero que si hubiese nacido en una Cuba adulta, sin urgencia de problemas, tal vez se hubiese quedado en hombre exclusivo de canto mayor y menor, de canto absoluto.

Al lado de la extraordinaria sintaxis de Martí está, pues, como el otro pilar de su magistralidad su metáfora. La tiene impensada y no extravagante; la tiene original y no estrambótica; la tiene virgínea y en tal abundancia que no se entiende de qué prado de ellas se procede en cada momento sin que la reincidencia lo haga nunca aceptar una sola manoseada y originaria.

La sabida frase del hombre que piensa en imágenes, conviene a Martí como a ninguno de nosotros. Hay que caer sobre algunas páginas del Asia, de esas en que la poesía se traduce en una pura reverberación de símiles, para encontrar algo semejante a la escritura de Martí. Pero la diferencia suya con el lirismo asiático está en que, mientras aquel significa a veces un atollamiento de flores, un relámpago de gemas, Martí conserva siempre bajo la floración del hueso del pensamiento.

Todo lo quiere para su gente Martí: libertad primero, holgura y cultura luego, felicidad finalmente. Y como el estilo, digan lo que digan, forma la aspa visible del molino escondido, y confiesa a cada paso la moral nuestra, aun cuando no hable nunca de moral, las liberalidades de Martí se traducen en su lengua no sé en qué flexibilidades felices, en qué desenvoltura de hombre sin remilgos, en qué felicidad de señor acostumbrado a darse y a dar, a tener y a ofrecer. Mírese un poco el estilo de los egoistones y de los recelosos y se podrá sentirles la reticencia.


EMBRIAGADO DE AMOR HUMANO

Unos pocos escritores hay con los cuales sobra la divulgación de su persona y de su vida; unos muchos hay que no pueden ser manejados por el comentarista, sino en bloque de escritura y de carácter. Martí anda con estos, y hasta al punto que no sabemos bien si su escritura es su vida puesta en renglones, o si su vida es el rebosamiento de su escritura. Aparte de que Martí pertenece a aquellos escritores que se hacen amar aun más que estimar, y de los cuales queremos saberlo todo, desde cómo rezaban hasta cómo ellos comían.

El fenómeno tan difícil de combatir sin aborrecer, apareció entre nosotros, en esta Cuba americana, en este santo de pelea que comentamos. Pónganle si quieren un microscopio acusador encima, aplíquenselo a arengas, a proclamas o  a cartas, y no les ha de saltar una mancha ni una pesa de odio.
Aunque la frase se tiña un poco de cursilería, digamos que Martí vivió embriagado de amor humano.

Es agradecimiento todo en mi amor de Martí, agradecimiento de escritor que es el Maestro americano más ostensible en mi obra, y también agradecimiento del guía de hombres terriblemente puro, que la América produjo en él, como un descargo enorme de los guías sucios que hemos padecido, que padecemos y que padeceremos todavía.

Yo me traigo a Nuestro José Martí para que me lave con su lejía blanca, de leche fuerte, las borroneaduras de nuestra gente, su impureza larga y persistente. Refugio me ha sido y me será, uno de esos refugios limpios y enjutos que suelen hallarse en una gruta cuando se anda por el bajío pantanoso de alimañas escurridizas, y en el que se entra para poder comer y dormirse después sin cuidado. Esa frente que a ustedes les es familiar me tranquiliza con su plano suave y me echa luces, y luz; esos ojos de dulzura pronta, donde se chupa sin tener que buscar; esa boca cuyo gesto yo me creo, por el bigote grueso que lo tapa; ese mentón delgado que desensualiza la cabeza por el segundo extremo, haciendo lo que la frente hace en lo alto, ese conjunto de nobleza benévola, me ha consolado muchas veces de tanto rostro desleal, brutal y feo.

Hemisferios de agradecimiento son, pues, para mí la literatura y la vida de José Martí, y con esta conversación empiezo a pagar deuda vieja empezada con ellos. Seguiré pagando lo mucho y variado que me queda. Él ya no está aquí, en este mostrador de la vida para recibirme el primer cumplimiento; pero está el grupo de los suyos que han tomado a su cargo el negocio moral, la institución cubana y americana que se llama José Martí, la cual está vigente de vigencia racional y está viva de una capitosa vitalidad.

(Fragmentos de la conferencia La lengua de Martí, dictada en La Habana, por Gabriela Mistral, en 1931)

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Orlando B. dijo:

1

18 de abril de 2018

11:45:46


Bello y esplendoroso es su lenguaje Martiano. Estimada profesora y guia en el pensamiento de ese hombre: escritor, poeta, humanista y revolucionario cubano, que nos alumbra despues de su caida en combate hace mas de cien años. Gracias, estimada Gabriela Mistral.

roymp dijo:

2

18 de abril de 2018

15:22:42


gracias a quien desempolvo esta conferencia, gracias

Amado Sola Gamboa dijo:

3

19 de abril de 2018

17:02:27


El acercamiento de Gabriela Mistral a nuestro José Martí es profundo y de mucha sabia, lástima que por mi escasa cultura literaria, no lo pueda disfrutar, al más alto vuelo de su exquisita prosa, que me ilustra de la sapiencia del maestro, hoy podría ser un ejemplo de un pensamiento integrador, convergente, poseedor de una cultura cognoscitiva, científica, técnica, renovadora de la escritura de su tiempo y trae a mi memoria senil, otra aproximación exclusiva, única del más controvertido de nuestros intelectuales, olvidado, pero vuelto a renacer, como el buen vino, el maravilloso Jorge Mañach Robato, del cual nos recreamos en el libro “Martí, el Apóstol´´, un acercamiento polémico como fue su toda su vida´, o en su “Indagación del choteo” . De José Martí, me persigue como fantasma su diario de campaña desde Cabo Haitiano hasta Dos Ríos. Síntesis de sus anhelos, dudas, frustraciones y sobre todo su felicidad por poder dar su vida por la libertad, del Maestro me quedo con su apego a la verdad y la libertad. Gracias a Gabriela Mistral por haber escrito esas páginas tan cercana a los cubanos y latinoamericanos y a los que desempolvaron tan valiosa reliquia, tan necesaria como el pan nuestro de cada día, que no se pierda el habito, o mejor que se cree la costumbre de poder beber en la historia sagrada de la patria. Amado Solá Gamboa