ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Fueron incontables las madrugadas en que regresaba a casa casi al clarear el día, porque el periódico, a la espera de una noticia crucial, retrasaba su cierre. Nunca reparó en si había dormido poco; rompiendo el mediodía siguiente, a Elio Constantín lo encontrabas de primero en Granma, hurgando entre los cables emitidos por los antiguos teletipos.

El local de esas máquinas –cuando no se vislumbraba aún el empleo de internet y sus avances– estaba cerrado, para evitar que el concierto del acompasado ritmo de los aparatos perturbara a los periodistas de la Redacción internacional, quienes laboraban en un salón contiguo. Y de la sala de teletipos, atendida por Ana Ferrer, fundadora del centro aún activa entre nosotros, el «viejo», como cariñosamente le llamaba el director Jorge Enrique Mendoza, siempre sacaba la primicia noticiosa, aún calentita, convertida luego en el acontecimiento del día.

Para reverenciar a hombres irrepetibles no es menester ceñirse a una fecha del calendario. El maestro Constantín era apreciado por su excelsa calidad profesional, su trato apacible, y una educación que cuidaba del más mínimo detalle, atributos que lo hicieron acreedor del afecto y el respeto de un colectivo donde fungió, desde 1973 y hasta finales de los años 80, como uno de sus subdirectores, después de haber pasado por otras responsabilidades laborales o partidistas.

Amores tenía muchos. Entre los primordiales, su familia, a la que tan pronto entraba a su oficina del segundo piso le confirmaba por teléfono su llegada al centro, llamada que repetía varias veces en la jornada. Hubo quienes no entendían cómo Elio, siendo subdirector, dedicaba tiempo a publicar notas, muchas veces breves, del fútbol, deporte que disfrutó y defendió toda su vida.

Su diapasón era muy amplio. Iba desde cubrir un acontecimiento de alta confianza, como la intervención del Comandante en Jefe Fidel Castro en las Naciones Unidas (1979) en su condición de Presidente del Movimiento de Países No Alineados, hasta escribir de las incidencias de un partido del Campeonato Nacional de Fútbol, en el vetusto Campo Armada.

La puerta de su oficina permanecía siempre abierta. Allí confluían los muchos que precisaban una aclaración sobre el lenguaje, con los interesados en ampliar algún conocimiento de Geografía o Historia, de esta última, sobre todo la concerniente a Cuba, le apasionaba. El dominio del idioma italiano, el inglés y el latín (fue monaguillo de iglesia) le facilitaba el quehacer a este hombre nacido en los empleos más modestos del periodismo: formatista de prensa, reportero, jefe de redacción y jefe de las páginas deportivas en el diario Revolución. Temprano, en 1939, comenzó su andadura como corrector de pruebas en el periódico El Pueblo; laboró en Carteles, y Prensa Libre antes de 1959 y llegó a Granma al producirse la fusión de Revolución y Hoy, en 1965.

ECUANIMIDAD Y DOS RÉCORDS

Solo una vez en su larga vida laboral vi a Elio Constantín perder los estribos. A finales de los años 70 del siglo pasado, en un momento en que faltaban en el periódico las planchas metálicas para imprimir fotos, un periodista deportivo le llevó una nota para que el «profe» se la revisara.

Devuelto el texto a su autor, este solicitó que a la noticia la acompañara una fotografía. Elio se deshizo en explicaciones sobre la ausencia de planchas, pero aquel hombre insistía en su solicitud, tanto fue así que después de dedicarle varios minutos a la argumentación, el subdirector terminó así: Torres, ¿qué quieres si no hay planchas?

Hubo dos temas en los que nadie emulaba con el «profe»: en su tesón para indagar por un resultado de fútbol, y en el corto tiempo que empleaba para comer. Después de intentar en balde conseguir las anotaciones de aquel juego efectuado en un estadio municipal fuera de La Habana, averiguó el teléfono del puesto de policía de aquel lugar. Cuál no fue el asombro al ver que el propio capitán de la estación le gestionó cómo había quedado el encuentro.

De su paso por el comedor ni hablar. Seriamente cronometrado, su estancia, una vez con el plato delante, no llegaba a los tres minutos. Según él mismo decía, era algo a lo que se había acostumbrado para no faltar mucho tiempo a la revisión de las páginas del diario, algo que hacía a gran velocidad, a menos de diez minutos en cada una.

Falleció el 12 de septiembre de 1995, pero para recordar a hombres como Elio Enrique Constantín Alfonso no existe fecha en el calendario, son siempre fuente de inspiración para quienes abrazan esta honrosa profesión.

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Ricardo dijo:

1

11 de abril de 2018

11:27:15


Maganifico comentario Naciancieno, es bueno recordar a los que dejaron en su vida una estela de ejemplaridad y claridad de sus pensamientos. Elio Constantín fué y es un verdadero periodista.

guinero-bayamés dijo:

2

12 de abril de 2018

13:10:17


LEI MUCHOS DE SUS TRABAJOS, TANTO DEPORTIVOS, COMO EN LA DEFENSA QUE HACIA DEL IDIOMA ESPAÑOL, CREO QUE EN BOHEMIA,TODO UN MAESTRO AL IGUÁL QUE CAPETILLO, A. POZO Y ELIO MENENDEZ,TODOS GRNADES EN LAS SECCIONES QUE ATENDIÁN, EXTRAÑO MUCHO AQUELLOS TRABAJOS.

Luis Serrano TERRY dijo:

3

18 de abril de 2018

13:02:01


Gracias, Nacianceno; me recuerda usted al Maestro que conocí y traté con él asuntos del Idioma. Todavía conservo algunos de sus trabajos en Granma. Gracias. Serrano TERRY