ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

En una institución de Matanzas, de cuyo nombre será mejor no acordarme, padecí los efectos del más lacerante amiguismo esa extraña clase de fenómeno social que invierte los valores de la amistad y corroe, de forma alarmante, el tejido moral de nuestra nación.

Allí, tuve la mala suerte de presenciar el lado más oscuro de algunas personas y observar cómo para una veintena de madres y padres preocupados por la salud de sus hijos, «el equipo estaba bloqueado», mientras que para otros, siempre muy bien acompañados o referenciados, era expedito su tratamiento.

Sé que este no es un problema nuevo ni mucho menos. Aún recuerdo cómo, allá en el batey donde crecí, los más entrados en años decían que quien tuviera un amigo, tenía un central. Una explícita referencia a los muchos inconvenientes resueltos tras esa especie de «necesidad mutua», una insana tradición que de alguna manera, y pese a las transformaciones sociales y culturales que hemos protagonizado en más de cinco décadas, ha pervivido en el tiempo y se expresa de muchas formas en la Cuba de hoy.

El cubano y su choteo la han caracterizado muy bien. ¿Cuántas veces no hemos escuchado eso de que una mano lava la otra y juntas, lavan la cara? Así, gracias al ingenio popular, aprendemos cómo se cimentan muchas de estas relaciones y descubrimos que, a la larga, no son más que un bochornoso intercambio de intereses.

No obstante, nadie podrá negar que un buen amigo está para eso, para ayudarnos en tiempos de crisis o ante dolorosos y apremiantes acontecimientos.

No obstante, cuando esa «ayuda» supera los límites del decoro y el respeto, o afecta a un número mayor de personas, la situación cambia. Quien accede, ofende, y quien ayuda, humilla.

Ante fenómenos de este tipo, que pueden ser caldo de cultivo para problemas mayores que en la actualidad padecemos, como la corrupción o el desvío de recursos, apremia la más fuerte denuncia social así como acciones de control y regulación estatal.
Para estas personas, la amistad se ha convertido en un sentimiento utilitario, en una herramienta que resuelve problemas y facilita los inconvenientes.

Sus expresiones pueden ser tan ingenuas como la abuela que pide un poco de sal a la vecina y devuelve el favor con un dulce; o tan peligrosas como aquel burócrata que paga el arreglo del auto con unos litros de combustible o un trámite acelerado y sin inconvenientes.

El problema mayor es que se ha hecho común la práctica de enderezar una laberíntica gestión con un presente o dinero en mano y, con este proceder, se convierte en regla la excepción del «regalito». Lamentablemente, hay quien se ha acostumbrado a que «así es como funcionan las cosas».

Sin embargo, esta práctica ya estuviera en desuso si los cubanos fuésemos menos permisivos. Si exigiéramos nuestros derechos en cada tribuna. Si armados de educación y modales, reclamáramos que cada cual cumpla correctamente sus tareas. Hay que ser rebeldes incurables e ir contra quienes quieren que lo mal hecho sea lo «normal».

Por mi parte, aplaudo a los incorruptibles. A los que ayudan sin lacerar, a los que suman a la cola, a los que, pese al «bloqueo del equipo» aún son excelentes servidores públicos o funcionarios consumados.

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carlosvaradero dijo:

1

6 de abril de 2018

10:57:57


Son males que corroen sin dudas nuestro sistema social, no es algo nuevo y alguno de nosotros alguna que otra vez ha sufrido de este dilema que se vino a agravar con el advenimiento del periodo especial donde se degradaron valores humanos y estéticos de nuestra sociedad, no es el único mal que perdura en nuestros días y no estoy convencido de que alguna vez acabe.

yarianleongonzalez dijo:

2

6 de abril de 2018

14:15:36


somos del jovenclu del cristal y apoyamos las elecciones

Santiago dijo:

3

6 de abril de 2018

17:18:22


"...Sin embargo, esta práctica ya estuviera en desuso si los cubanos fuésemos menos permisivos. Si exigiéramos nuestros derechos en cada tribuna. Si armados de educación y modales, reclamáramos que cada cual cumpla correctamente sus tareas. Hay que ser rebeldes incurables e ir contra quienes quieren que lo mal hecho sea lo «normal»...." En esto estoy totalmente en desacuerdo con Ud. Hay muchas personas que cobran un salario por controlar y evitar esos desmanes y estoy casio seguro que todos los meses cobran su salario completo ¿ Porque el pueblo tiene que hacer su trabajo?

Adrián Eduardoa dijo:

4

7 de abril de 2018

02:19:52


Y lo peor de todo es el descrédito que trae para las instituciones públicas. Porque el cubano es muy bueno en generalizar y medir a todo el mundo por el mismo saco. Aunque el fenómeno negativo no sea generalizado.

Y. Leones dijo:

5

7 de abril de 2018

08:23:55


Una mano lava a la otra, y ambas la cara... Significa que los hombres tienen dependencia entre sí y deben darse recíproca ayuda.