ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Ese domingo se le oyó un poco de susto.

«Sí, soy delegado del barrio allá, en la loma, pero con esos guajiros yo me entiendo como sea, y me hacen caso. Difícil debe serlo también en ‘‘la provincia’’. Aquí hay que hablar y andar fino, creo».

Tiene la piel cobriza, unas arrugas soleadas que le unen los ojos con las sienes, manos grandes, brazos fuertes y un acento peculiar de su raíz. Es más joven que las evidencias claras del sudor y el laboreo sobre la frente.

También es muy campechano: «Si la vieja no me lo quita en la puerta, yo vengo con el sombrero puesto. El tejano, claro, que es de salir. El de yarey no, tampoco es para tanto; pero es que dice ella que ni el tejano pega con la guayabera nueva».

Y sí que le asentó el protocolo, porque de no escucharlo, pasaría inadvertido entre todos los que ese domingo vinieron a la ciudad, desde cada municipio, a juramentarse como delegados de la Asamblea Provincial del Poder Popular.

«Desde que me dijeron la propuesta, y después me vi en la foto, yo dije: ‘‘¡usté verá!’’. Encarama’o en el palo el gallo canta más alto, pero aquí... hum…, igual, ya está, pa’lante».

Por cada parlamento, alguno de los escuchas soltaba una carcajada.

Aseguró que una vez electo, el miedo pasó, pero otro frío se le metió en la barriga cuando le dijeron de la vestimenta, para el día de la juramentación. Que la secretaria del municipio le avisó para ir de gala, en camisa, de mangas largas mejor, «que nada de pulóver de carteles, sin cuello. La cosa es muy solemne».

Dice que vino dos veces a las tiendas de Bayamo con la esposa, y que nada le parecía lo correcto. Ella le mostró varias camisas de colores, pero él quería mangas largas, y la única que había era de cuadros, roja, «bonita para el rodeo, pero para esto no, ¡qué va!».

Al segundo día le dijeron que en la tienda del hotel. Fue. «Unas guayaberas caaaraaas, pero lindas, compadre. Yo que de la última zafra del café tenía mis reservitas dije: ¡está bueno ya!, y me compré esta, que dijo la dependienta que es de hilo. Fueron 22 de los que duelen, socio, pero cumplí. Nunca pensé estar aquí, así que debe valer la pena».

En la cara de unos cuantos de aquellos delegados, ese domingo, había una seguridad incontestable, una soltura típica de la experiencia en mandatos precedentes, de oradores avezados, de juristas, maestros, directores, médicos, militares, de obreros, de delegados de base, como él.

«No es lo mismo delegado en la ciudad, pero igual, ya estoy aquí».

Dijo que de todos modos iba a ser el mismo, que hablaría como sabía, que a veces los problemas de allá arriba no se conocen bien acá abajo, que ya sabe que en la Asamblea no se viene a decir del pedacito de uno, sino a pensar y a proponer para bien de todos; «pero a lo mejor el puente que se rompió allá con la creciente, pasa igual en otro lugar. Es importante arreglarlo, no solo para que suba la guagua, o entre la ambulancia cuando hay enfermo. Es que se pierden todas las frutas si no se busca en camiones, y el plátano se madura muy rápido, y entonces, ¿para qué se renovaron los cafetales? Este año ya habrá buena producción en los lotes nuevos. ¿Qué pasa si no puede bajarse?».

Y el hombre, que tenía miedo de hablar, no paraba de hablar para enmascarar el susto. Todavía se le vio algo perturbado cuando lo mencionaron, y debió pararse, y enseñar al vocal el certificado de elección.

Lo mostró al revés –sin querer, claro– y a la hora del himno, en atención, los ojos miraban a todos lados, mientras pensaba, seguramente, en qué dirían los vecinos del caserío si lo vieran, ellos que lo eligieron para eso, y su mujer...

Uno detrás de otro, los de adelante empezaron a avanzar sobre las mesas, a firmar en dos hojas, y a sacar el pecho para que le engancharan un sellito azul, que dice Delegado.

«Pero eso tiene punta», susurró, mientras cruzaba a quienes ya venían con el broche en la solapa, algunos sobre el bolsillo, otros más cerca del primer botón.

«Di tú, ¿entonces?»… y al acercarse, y firmar dos veces, y erguirse para el sellito que le pondría la muchacha, el hombre inclinó un poquito el cuerpo sobre ella, con una mano abierta frente al bolsillo, disimulando:

«Señorita, por su madre. Deme el beso, felicíteme, pero póngame el sellito aquí en la mano, que si le abre un hueco a la guayabera, tan cara y tan fina… la vieja me mata».

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OrlandoB dijo:

1

4 de abril de 2018

15:00:50


Gracias por brindarnos un relato criollo de verdad. Mejor no puede ser la eleccion, cuando vemos a un hombre de pueblo adentro ocupar un puesto de delegado de alguna municipalidad, me llena de alegria. Es un verdadero ejemplo de democracia. Es una oportunidad para esos campesinos tener un hombre como ellos trasmitiendos sus inquietudes a las instancias superiores del estado cubano.

dairon Respondió:


4 de abril de 2018

22:45:44

no entiendo de que tema esto trata.... podian argumentar

Amigo dijo:

2

5 de abril de 2018

09:35:47


Dilbert: Buenísimo el trabajo, coincido que el trabajo es muy criollo, y que presenta la verdadera arista de los representantes del pueblo. Gracias por revelarla en este medio. Felicidades

Lulu dijo:

3

5 de abril de 2018

14:57:59


Gracias, Dilbert , esas son las personas que con su humildad y transparencia nos ayudan a ser mejores personas,esa es una de las razones que hacen que me mantenga desde hece 7 años trabajando en el Programa de Salas de Televisión, la posibilidad de intercambiar con personas como el delegado.

José Hernández Zamora dijo:

4

5 de abril de 2018

17:17:22


Dilber, mis saludos ante todo y felicitarte por tu crecimiento profesional. Tu maestro de 4 de Abril Jose

miladis dijo:

5

6 de abril de 2018

14:38:28


Estoy orgullosa de saber que las elecciones en nuestro pais son ejemplo de democracia, que bien deben sentirse los electores de este delegado , saberse bien representados, al ver hecho una buena eleccion, ese gallo no los desfraudo, ni a ellos ni a la Revolucion.Buen trabajo dilver. Para mi que soy campesina me enorgullece ver el fruto que sale de nuestros campos.