ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

«Yo vine porque me llamaron para que viniera», insistió la señora de cabello blanco, un blanco gris distinto al casi rosado de una piel minada por las pecas de los años.

Habría llegado totalmente erguida de no ser por un ligero tropiezo en el escalón, a la entrada de una de las oficinas bayamesas concebidas para trámites.

A un metro estaba el primer buró, el de la recepcionista, y aferrándose a él pudo –en un reflejo típico de edades más lozanas– evitar la caída y corregir la postura, en un evidente afán de mostrarse suficiente y muy capaz.

«Buenos días. Con permiso de la cola, permítanme una pregunta», espetó, en un anuncio claro de exquisitos modales y de un acopio de paciencia necesario para estas clases de jornadas largas dedicadas a sellos, firmas y papeles.

Lo hizo en voz baja, inclinada sobre la recepcionista. Desde lejos se le notaba la insistencia, la explicación sosegada de su caso una y otra vez, ante la incomprensión por impericia de la muchacha jovencísima detrás del buró.

De la oficina de enfrente salió entonces una funcionaria, cargada de papeles en la mano y de un estrés notable en el rostro.

En medio de la marcha la abordó tímidamente la joven, para que, por favor, la ayudara con la explicación exacta; y aquella, frenada en seco por el reclamo repentino ante los ojos de la cola, disimuló el chasquido de sus dientes y retrocedió con delatados visos de disgusto: «¿Qué pasó?».

La abuela se incorporó, alargó sus papeles, y a dos palabras de iniciar otra vez la explicación fue interrumpida de cuajo por un tono subidito:

–Esto todavía no está. Fíjese. El trámite se realizó el tres del mes uno, y demora 30 días hábiles. Está en término aún.

–¿Cómo?– dijo la anciana, cuando su «funcionaria» ya le daba la espalda.

Al frenazo en seco se le sumó esta vez el resoplido grueso de la impaciencia:

–Señora. Cuente 30 días a partir del tres del uno, sin incluir los sábados ni los domingos, y entonces venga, no ahora.

Aquella calma, hasta entonces dominante en la septuagenaria, de pronto se hizo líquida y se escurrió del cuerpecito arrugado: «¡Yo vine porque me llamaron para que viniera! Créame que si no, no estaría aquí. Vivo sola con mi nieta, apenas tengo tiempo, y si vine… ¡fue porque alguien de ustedes me llamó!», concluyó, sujetándose de nuevo al borde del buró.

Pareció que hubo un ¡Alto! silencioso gritado en aquella sala. Las conversaciones distintas en la cola cesaron, la recepcionista abrió los ojos enmudecida, en tanto la funcionaria se viraba con el ceño fruncido y en los labios una respuesta lapidaria.

La mente humana es maravillosa, sobre todo cuando se revela en segundos de lucidez y cordura, capaces de salvar en un instante grandes tensiones, aplacar la ira, desatar con una sola vuelta de mesura el aparente nudo gordiano de la terquedad.

Alguien de la cola había dedicado la circunstancia a pensar, más que a chismear. Se había preguntado por qué era necesario llegar a aquel trance amargo en que la anciana, reposada en su carácter, era obligada demasiado rápido a perder los estribos.

¿Por qué, amen del estrés laboral, la funcionaria no se detuvo a escuchar un momento, y a responder sus argumentos en el mismo tono en que pudo recibir la explicación? ¿No vio acaso que se trataba, además, de una abuela?

Este argumento alentó las cavilaciones de «el alguien de la cola»: ¿Será acaso la paciencia una asignatura que debiera vencerse, y hasta poner como prueba de aptitud a cuantos aspiren a una plaza de servidores públicos, a tenor del fenómeno real y creciente del envejecimiento de la sociedad cubana?

Es más, ¿será difícil incorporar el asunto a la conciencia y el proceder de directivos y funcionarios, de modo que se adopten formas distintas de trabajar especialmente para este tipo de público, en que se cambien tecnicismos por instrucciones fácilmente comprensibles?

Habría sido mejor decirle a la señora, como a cualquier abuelo o abuela: «venga a partir del día tal de tal mes», claramente, y no «al cabo de 30 días hábiles», empujándolo a contar en algún calendario, sin sábados ni domingos, si es que conoce acaso la subversiva acepción burocrática del sospechoso «día hábil».

El «alguien» de la cola, para suerte de la señora, se había puesto tan al margen del chisme, que fue el único en caer en la cuenta de la fecha corriente.

Era seis de marzo.

Esta vez fue él quien, cortésmente, frenó en seco la airada rotación de la funcionaria, y con un solo detalle desactivó la mina a punto de explotar.

–Señorita, por favor, ¿me da un segundo? Mire, cuente bien. Hoy hace 44 días hábiles que la abuela realizó su solicitud. El pasado 14 de febrero, Día del Amor, venció el plazo. ¿Se da cuenta...?

La funcionaria entonces, cambiando de colores, quiso disimular con el «fallo técnico» la tormentosa escena que había propiciado antes:

–¿Cómo?...Ah… ji, ji… es verdad. Qué cabeza la mía… Es que con tanto trabajo uno se confunde… Todavía yo estaba en febrero, ¿pueden creerlo?... Venga, mi vieja, vamos por sus papeles…

Y el alguien, que creía la posible confusión, pero no como excusa del maltrato, devolvió en una sonrisa las palabras al paso de la abuela: «Gracias, mijo».

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Manuel dijo:

1

23 de marzo de 2018

07:48:01


Muy oportuno su comentario en los momentos en que la población esta colmada de trámites burocráticos y el tema de la prestación de servicios es tan deficiente o falta de cultura quizás, esta historia o anécdota seria buen material de estudio para quienes de una u otra forma estamos obligados a brindar o recibirlos. Gracias

Luz Marina dijo:

2

23 de marzo de 2018

14:48:19


Precisamente por esos días hábiles estoy lidiando x estos días.. es curioso como la mayoría de las instituciones y organismos (Registro Civil, Consultorías Jurídicas, CArne de Idnetidad, Bufetes Colectivos) del país para entregar una documentación o realizar un proceso legal ponen como fecha de entrega a los 20, 30, 35 días hábiles, y el solicitante llega al punto de desesperación cuando al 20 día te dicen q no, que "tus papeles no han llegado".. acaso no es mejor poner un fecha para la recogida? por qué estamos tan empeñados en hacernos la vida más difícil los unos a los otros?

Eugenio Pérez Almarales dijo:

3

24 de marzo de 2018

12:06:57


Es un excelente trabajo periodístico. Llega al lector, sin teque. Felicito al colega Dilbert Reyes Rodríguez.

Moises dijo:

4

25 de marzo de 2018

21:02:25


Los funcionarios públicos están para servir al pueblo, pero se ha perdido la cultura de " SERVIR " y muchas veces los que atienden al público piensan que están haciendo un favor y eso no es cierto a ellos le pagan para atender al ´público y con la sonsira en los labios es como debe ser. Si en ese lugar existiera un supervisor o jefe que cumpliera con lo establecido no pasarían esas cosas .

dilbert@granma.cu dijo:

5

26 de marzo de 2018

08:25:31


Nos tienes acostubrados a tus buenos trabajos priodisticos, este hace falta sirva de material, a esas personas que prestan servicios a la poblacion y aun no han despertado y se den cuenta que un dia pueden ser ellos los que necesiten recibir un servicio y no desearian ser tratados de esa forma.Muy bueno el comentario.Felicidades para Dilver por su buen trabajo. Varias veces tuve el placer de acompañarte en Maso cuando hacias tus trabajos en el s ector campesino. Miladis Merladet Avila