ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Quiso mirar y encontró un paraíso, quiso mirar y encontró el infierno, quiso mirar donde siempre nos duele…
 José A. Quesada


Como trabajo de noche y madrugada, cuando tengo que levantarme temprano y viajar espero a conseguir un asiento del ómnibus para cerrar los ojos durante el trayecto y sosegarme; pero el interior de cualquier ruta urbana es un universo draconiano, una aventura donde queda expuesto lo oscuro de las almas o su limpieza.

Entre el calor humano (entiéndase literalmente), las espaldas pegadas, el anciano que empuja a la estudiante mientras blasfema sobre la juventud y los ojos vidriosos de los rutinarios, van las historias para dejarse apropiar por quien, simplemente, tenga oídos.

Lo más curioso es que muchos pasajeros no relatan su vida, sino la de otros; así conocí sobre la estudiante universitaria enamorada de un hombre mayor; la injustificada excarcelación de un aparente culpable; el durísimo examen de Química y el profesor inepto; el jefe impopular que designaron en cierta empresa; y más de todo lo ajeno.

Se sabe que la representación social sobre alguien se completa con lo que cada cual cree y dice de él; las historias tienen del imaginario individual y colectivo porque también se construyen desde subjetividades y prejuicios.

He conocido a una supuesta enamorada de un hombre mayor, siendo nada menos que una hija admiradora de su padre; he hojeado exámenes accesibles después de una advertencia por su dificultad, soy amigo de muy buenos profesores condenados por vagos alumnos que no admiten más rigor que el impuesto por su mediocre y antiguo maestro; he compartido con seres humanos excepcionales cuya humildad es tan alta que no se reconoce a ella misma y son jefes justos a pesar de algunas sórdidas campañas en su contra, matizadas por la envidia y la antipatía a lo nuevo. He conocido culpables que son inocentes.

Será más habitable el mundo si aprendemos a mirarnos primero por dentro, si descubrimos, además del ángel, al demonio que también nos habita. Si admitimos las tantas veces que hemos sido mediocres, autosuficientes, odiosos, injustos a los ojos de otros, sin poder desmentir del todo el juicio. Habrá que eliminar la costumbre de perturbarnos con lo desconocido, de subestimar las actitudes, decisiones o creencias ajenas sin conocer su trasfondo, de hacer lo que no soportamos que nos hagan.

Cada persona en alguna circunstancia de la vida se parece más a aquello que desprecia y menos a lo que pretende ser. Hablar mal y con saña de otros dice peor de nosotros mismos, su práctica cotidiana transforma el acto en una fiebre contagiosa, alimenta el prejuicio, ciega las entendederas.

Es más útil a la sociedad que en el ómnibus (y en todas partes) cada quien haga ejercicios de introspección, así se aprende a mirar mejor afuera, a ser críticos responsables, a crecer como seres humanos, y con menos palabreo; de paso, cuando me levante temprano para viajar, quizá en la ruta pueda dormir.

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mario dijo:

1

9 de marzo de 2018

13:04:37


Muy buen artículo, como me falta a mi mismo para seguir creciendo. Saludos

Jorge dijo:

2

9 de marzo de 2018

14:05:17


Estimado Rey: Por su foto asumo que es joven y eso fue lo primero que me dio satisfacción. Porque si los jóvenes se preocupan, empezamos ahí mismo a garantizar el futuro, ya que a ustedes les corresponde vivir cuando ya no estemos nosotros. Lo segundo importante (en mi modesta opinión) es el tema, o sea, la necesidad que seamos más autocríticos (esta palabra se ha olvidado un poco, estuvo "de moda" hace años), pero no debió "pasar de moda", porque la autocrítica nos hace mejores a cada uno. Y lo tercero es que todo no puede dejarse a la autocrítica. En nuestra sociedad debe haber más exigencia (de muchas instituciones, entidades y organizaciones) para hacer cumplir lo que se establece y legisla. Para que cuando sucedan algunas de estas cosas que Usted bien señala (y otras incluso peores) y las personas no sean autocríticas y no quieran "mirarse por dentro", haya siempre una autoridad, institución, entidad u organización (depende del tema) que nos exiga cumplir. Ya sea en el trabajo, en la vía pública o en la comunidad donde vivimos. Gracias por su artículo, pero con modestia le quise aportar el otro eslabón: el de la exigencia cuando decidamos no mirarnos por dentro.

Isabelle dijo:

3

9 de marzo de 2018

17:07:59


Coincido con Jorge nos falta eso, y desde hace tiempo, la exigencia.

soraya dijo:

4

13 de marzo de 2018

06:42:15


Precioso tu articulo, es un llamado a la reflexion, a detenernos ante el espejo, por lo menos al levantarse el sol y cuando se esconda ,a la meditacion.

corrales Respondió:


13 de marzo de 2018

12:16:32

que parte me corresponde de este importante articulo, si cada institucion de este pais autorizado a legislar exigiera por que se cumpla lo que legisla otro gallo cantaria.

Corrales dijo:

5

13 de marzo de 2018

12:23:23


Voy a imprimir tu artículo para leérselo a mis compañeros de trabajo.