ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

El consejo popular es resultado del necesario perfeccionamiento sistemático del Sistema del Poder Popular para garantizar la ampliación de la intervención de los ciudadanos en la labor de gobierno estatal de la nación y consolidar el poder de los interesados en el contenido socialista de nuestro proceso de transformaciones. Es un «eslabón ganado», que siguió a la recomendación realizada en el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba acerca de la conveniencia de que, transcurridos diez años de la implantación generalizada de los Órganos del Poder Popular, «...se examinaran los resultados obtenidos y se hicieran los ajustes para su perfeccionamiento».

Para valorar justamente su significado, sus potencialidades y poder avanzar de forma sostenida en su consolidación, necesitamos profundizar en los orígenes y la evolución posterior de este órgano estatal.

En 1986, el III Congreso del Partido valoró modificaciones en el sistema de los órganos del Poder Popular, y distinguió tres grupos de situaciones relacionadas con la estructura político-administrativa del país, y las vías para abordarlas como experiencias para el perfeccionamiento del sistema de Órganos Locales del Poder Popular: los poblados que hasta 1976 eran cabeceras municipales y habían dejado de serlo, lo que generó un debilitamiento en sus posibilidades; La situación específica de Ciudad de La Habana como capital del país y la de ciudades como Camagüey y Santiago de Cuba.

En esos poblados o pequeñas localidades, buscando acercar la autoridad municipal a la base en lo «eminentemente propio de la localidad» y fortalecer la administración y los servicios, se propusieron los consejos populares: venían a llenar una insuficiencia del sistema, en el cual la acción real del centro de gobierno ejecutivo-administrativo-local respecto a los requerimientos de la vida en esas comunidades, había resultado de hecho alejada, y debilitadas así las posibilidades del gobierno estatal en esos territorios. Se buscaba descentralizar, sobre el principio de, entre otras cosas, ampliar la base de participación popular en la nueva organización que se adoptaría, con la intervención de las organizaciones de masas del lugar en el nuevo eslabón de gobierno, retomando experiencias de las Juntas de Coordinación Ejecución e Inspección de años atrás y del delegado ejecutivo que existió hasta entonces.

Para ciudades complejas, cabeceras provinciales, como Camagüey y Santiago de Cuba, se sugirió experimentar un nuevo eslabón, con carácter administrativo: el Distrito, subordinado al órgano municipal de Gobierno.  Para la capital del país, se recomendó continuar los estudios y, en esencia, buscar una solución para sus complejos problemas, que no necesariamente tendría que ser alguna de las otras dos recomendadas: un cambio cualitativo en el sistema que lograra un órgano estatal municipal más fuerte, de modo «... que se pueda ejercer plenamente la labor de gobierno con mayor eficacia en cada uno de los municipios de la ciudad…» Como caso peculiar también se planteó la Isla de la Juventud, aunque diferente de Ciudad de La Habana. Estas propuestas reflejan enfoques integrales de la labor de gobierno como actividad política en su estrecho vínculo con la actividad administrativa, con la determinante vida económica de la sociedad.

La Asamblea Nacional promulgó el 4 de julio de 1986 la Ley Número 56 que, en la parte resolutiva, recogía que la iniciativa de la creación de los consejos populares correspondería a  «las Asambleas Provinciales del Poder Popular (...) a propuesta de las Asambleas Municipales».; que los Consejos se crearían «…en los núcleos poblacionales que no constituyen cabeceras de municipio y sean asentamientos importantes de habitantes, con atracción para la población rural cercana, que concurre a ellos para la obtención de determinados servicios; tienen importancia económica y política o que por su localización geográfica lo requieran»; que la labor del Consejo tendría carácter consultivo; estaría integrado «...por los delegados de las circunscripciones urbanas y los delegados de las circunscripciones de las zonas rurales cercanas, un representante designado de cada una de las organizaciones de masas del lugar y otras personas que representen intereses de la comunidad», lo presidiría «…aquel delegado que resulte elegido entre los delegados de las circunscripciones que comprenda la comunidad, por el voto de estos», el cual «…ejercerá las facultades de coordinación, supervisión y control que le sean expresamente conferidas por la Asamblea Municipal»., representará a la Asamblea Municipal y a su Comité Ejecutivo «en todo lo relativo a la atención de las actividades de producción, servicios y otras de carácter social de la comunidad», órganos a los que «mantendrá debidamente informados de su gestión»., y  establece que el presidente podrá trabajar con carácter profesional en dependencia de las características de la localidad, lo cual se determina por la Asamblea Provincial a propuesta de la Asamblea Municipal.

Es importante que el presidente sería elegido de entre uno de los mismos delegados, y por los propios delegados que integrarían el Consejo, no por la Asamblea Municipal, ni designado por el Comité Ejecutivo, como era el caso con el anterior delegado ejecutivo, se buscaba darle un carácter más abierto, más democrático a la selección de esta nueva figura de gobierno en la base; los consejos populares se crearían en aquellos núcleos poblacionales que así lo requirieran, y no como una nueva estructura a universalizar inmediatamente y de forma automática.

En un documento que acompañó a la Ley Número 56 y estuvo dirigido a instrumentar su aplicación, se recoge que se ha partido de las experiencias del delegado ejecutivo, de un estudio en pueblos y pequeñas ciudades, y que se busca «una entidad que constituya una autoridad en contacto directo e inmediato con los problemas de la localidad y con capacidad real de encauzar su solución con agilidad, y que a la vez coadyuve a restablecer o mantener el nivel de servicios que recibe su población», que los casos también podrían contemplar «algunos pueblos o pequeñas ciudades que, sin haber sido cabeceras municipales, son asentamientos importantes de habitantes y constituyen un lugar de atracción para la población rural cercana que concurre a ellos para la obtención de determinados servicios; tienen importancia económica y política o que por su localización geográfica así lo requieran», y que «esta entidad será expresión del desarrollo y perfeccionamiento de la democracia socialista».

El 12 de mayo de 1988, el Buró Político emitió el documento Bases para la creación y procedimiento para la Constitución de los Consejos Populares, en el cual se recogen definiciones conceptuales y operacionales para la constitución de los consejos populares y su ulterior funcionamiento. Es importante tener en cuenta algunos cambios en estructuras administrativas y de otro carácter destinadas a la acción en los territorios en general, que integran el conjunto de antecedentes de los consejos populares, como fueron en Ciudad de La Habana desde 1985 las Zonas de Defensa, desde 1987 las Zonas Comunales y entre 1988 y 1989, bajo la dirección del Grupo de Desarrollo Integral de la Capital, los Talleres de Transformación integral de los Barrios. Entre 1986 y 1988 no se constituyeron consejos populares en el país.

Así quedaban dados los primeros pasos para la introducción del consejo popular a la vida política cubana. Surgía con importantes objetivos para resolver problemas cotidianos concretos. Por su carácter esencialmente participativo, resultaba portador de enormes potencialidades. Rápidamente empezó a cumplir con los objetivos planteados. La realidad enfrentada por la sociedad cubana le plantearía nuevas tareas y retos. El mayor de todos, ser capaces de identificar plenamente todo lo que podían aportar, y que los resultados positivos que se alcanzaban en la solución de problemas cotidianos no nos llevaran a abandonar el desarrollo de sus potencialidades estratégicas, así como que se consolidasen efectivamente como el «eslabón ganado» para el sistema estatal socialista cubano.

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idania dijo:

1

26 de febrero de 2018

15:04:24


Muy importante este tipo de articulo que nos muestra la evolución de nuestro sistema en base a experiencias prácticas. Sin duda es un eslabón ganado, ahora lo que nos resta es perfeccionarlo para que el desempeño este a la altura del diseño, para ello se requiere estudiar nuevamente las experiencias prácticas, sus limitaciones y logros.