ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

El rótulo de ruido sonoro se aplica si rebasa cierta intensidad, sea música o no, pero más allá de su magnitud en decibeles, hay que ver igual su carácter como signo, si indica algo (el humo es índice de fuego, el estruendo del acabóse…). Y la música contiene signos de amplio rango, que el compositor y el intérprete incorporan desde lo racional y lo emocional. Esa carga expresiva es lo que le dice al oyente y afecta a todo el que no padezca patologías de la captación o del procesamiento del sonido en el cerebro.

Aunque la mayoría sospecha que la intensidad excesiva daña, no todos tienen igual percepción de riesgo sobre el asunto ni similares hábitos al escuchar música. Para colmo, los equipos caseros y el de algunos centros llegan a límites suicidas, pero no es común que se valoren sus daños y perjuicios. No lo ven así ni fabricantes ni usuarios: unos añaden potencia para vender más, otros, aunque en realidad no se detengan a pensarlo (¿o sí?), para imponer en cualquier lugar una música sin la aprobación del  resto, y tal vez puedan sentirlo justificado por haber invertido tanto en su «equipazo», así que ¡a explotar al máximo todas sus potencialidades!

Paradójicamente son pocos los que ven esas potencialidades con intención de optimizar, ecualizar, balancear planos sonoros o buscar el sonido más nítido para distinguir bien, para que la buena técnica los haga mejores oyentes. A menudo ni atienden la música, siguen en otra actividad, «escuchan» desde otro lugar de la casa, y hasta fuera de ella.

En este último caso algunos proyectan al exterior sus potentes «baffles» (¿les molestarán dirigidos hacia adentro?), y ya no cabe alegar inocencia. Se pueden valorar hipótesis sobre tal conducta, con la desconsideración como constante, y lo antisocial del tan primitivo modo con que toman posesión del común espacio sonoro circundante como pendón de macho alfa. Y está el deseo de revivir momentos de emoción intensa, alcohol incluido, comprimiendo en casa un sonido de entorno gigantesco, y el «surround» que agrega más confusión.  

En El correo de la Unesco de julio de 1967 se refiere una regresión en la tasa de fecundidad de grupos de ratas expuestas a ruido intenso. Un reporte más actual es el de la musicóloga norteamericana Suzanne G. Cusick, La música como tortura / La música como arma, escrito por el impacto que le produjo saber del uso que hace su gobierno de la música y el sonido en prácticas de interrogatorio de la CIA, la «tortura sin contacto», además de la ejecución de comandos de batalla, para controlar multitudes o modificar comportamientos.

Por encima de la mera individualidad (recordar que somos seres bio-sico-socio-ambientales), muchos ni lo piensan, pero el efecto del ruido hecho por los semejantes, el más molesto y que produce más estrés de todos, diluye componentes del tejido social como los niveles de solidaridad y la belleza que debe prevalecer en las relaciones humanas. Esto exige tratarlo con rigor, en el análisis y en las medidas a tomar desde la autoridad, no esperar por la respuesta solícita o molesta de los vecinos ebrios con su sonido retumbante.

Al atizar la conciencia con apoyo de la ciencia, quiero subrayar que cuando los efectos del ruido llegan en músicas que se «escuchan» de modo desmedido y vicioso arman una mezcla siniestra que afecta igual la salud fisiológica, la sicológica, la social y la medioambiental, vistas como el sistema que lo engloba todo y nos cobra el abuso que cometemos.

Como término genérico, el de ruido designa cualquier distorsión de una señal (visual, electrónica, sonora, etc.), y en este último caso no cuenta solo la intensidad, identificada en el habla común como «volumen», ciertamente lo más sonado y molesto: influyen el registro, si agudo, medio, grave; el timbre, brillante, mate… (lo que ajusta el ecualizador); la respuesta de un local a tal o cual sonido, que redobla su intensidad; la variable carga emocional, hablando ya de música, que no a todos ni siempre contagia el mismo estado; la función social que condiciona su estructura como «lenguaje» y la actitud del que oye.

Hay hasta quien vive de la música y por su falta de percepción de riesgo olvida que la excesiva intensidad no solo reduce la capacidad auditiva por el daño a estructuras internas del oído («con la edad se afectan igual», me respondió uno, y luego me confesó que era casi sordo de un oído). Esas condiciones generan igual la llamada sordera parcial, reducción en el rango de frecuencias que se perciben, sobre todo hacia el espectro agudo, lo cual dificulta diferenciar el timbre o «color» de instrumentos y fuentes sonoras.

La sensibilidad y atención a lo escuchado condiciona con el tiempo los niveles de desarrollo –o atrofia– de facultades para discriminar, reproducir fielmente y memorizar líneas, saltos y contornos melódicos, importantes no solo al cantar: también seguimos mejor la curva de entonación melódica del habla, fundamental para el aprendizaje de otros idiomas, pero mucho más si se trata de los llamados idiomas tonales, donde la diferencia al entonar hasta una sílaba puede hacer, como en vietnamita, que hoa signifique casa, libro, árbol… Afortunadamente en español la entonación solo caracteriza la intención del hablante, pero incluso así un desentonado puede comunicar intenciones que no se proponía.

Igual está la posibilidad o no de captar armonías, ritmos, estructuras, más o menos recursos expresivos musicales, que a su vez desarrollan un mayor o menor grado de inteligencia, general o específica musical, por lo relativo al espacio-tiempo y las impresiones del mundo –racionales y emocionales–, de las que toda obra musical es portadora, de acuerdo, repito, con la función social que cumpla (no es lo mismo el canto de cuna que una pieza de concierto y todo análisis de «calidad» que lo ignore se anula a sí mismo).

Quien no ve mérito en la música para analizar lo más elemental de su sustrato físico, quizá piense menos todavía en su carga emocional afectiva y sus efectos sicológicos; ni en la situación del otro, si está triste… (en mi pueblerina infancia, ante un fallecimiento en la cuadra, los vecinos no poníamos música, al menos audible de puertas afuera).

Lo cierto es que el grado de significación de una música varía según el oyente y su situación de recepción. Y el papel de la conciencia es vital para lograr la correcta adecuación entre todo eso y las necesidades reales, del conocer o el sentir en música del ser humano.


*Musicólogo y promotor cultural

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jpuentes dijo:

1

7 de febrero de 2018

07:58:50


Calle 21 entre 60 y 62, Playa. La Habana. Muy ruidosa. Ahí no hay compasión ni con niños ni con ancianos.

Cesar dijo:

2

7 de febrero de 2018

12:59:38


realmente concuerdo con todo el comentario, pero hoy en día no se respeta nada, y a la vez yo me pregunto: por que venden equipos que son de uso hogareño de altos decibeles de volumen?

Cristal dijo:

3

8 de febrero de 2018

07:36:57


Vivo en el municipio Playa, y en reiteradas ocasiones, muy reiteradas por cierto , me pregunto que mal he hecho para ser castigada asi, me levanto de lunes a viernes a la 5 de la mañana pues tengo que estar en mi centro laboral a las 7 de la mañana , hora de comenzar la jornada. por lo que acuesto sobre las 11 para tratar de dormir 5 horas , las necesito, ya no tengo 20 años, y de pronto regueton, a levantarse corriendo y tomar un clordiazepoxido porque me altero de tanta bulla y en ese horario, y no pasa nada la indolencia a invadido las ciudades.

Luis Capó dijo:

4

8 de febrero de 2018

09:43:32


¿Ud ha pasado por 41 cuando hay orquestas tocando en el Salón beny Moré?

angela dijo:

5

8 de febrero de 2018

09:47:21


En la cuba de hoy se ha perdido el respeto a todo y entre todos ,desgraciadamnete cualquier vecino , transeunte o cualquiera que asi lo quiere pone a altas horas de la manana o de la madrugada una musica alta y no pasa nada ,si llamas a la policia te dice el mismo (numero 106 )que ya vendran pasan y pasan las horas y nada y cuando vienen le dicen al vecino que el vecino de al lado se ha quejado ellos bajan la musica y cuando la policia dobla la esquina la vuelven a poner esta vez mas alto por supuesto .que pena la cuba de hoy , por supuesto vivimos en el capitalino barrio de centro habana , pero esto pasa en toda cuba , menos en las grandes zonas residenciales e importantes .