ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Fidel se entrevista con Jean Daniel. Foto: Marc Riboud

En 1963, entre los distintos cursos de acción hacia Cuba que se valoraban en las más altas esferas de poder en Washington, surgió en varias oportunidades la idea de la «dulce aproximación a Castro». A esas alturas, el Gobierno estadounidense tenía en su poder un grupo de informes de inteligencia que mostraban el interés de Cuba de establecer al­gún tipo de comunicación que pudiera derivar en una mejoría de las relaciones entre ambos países. Solo después de vivir los peligros que representó para la humanidad la llamada crisis de los misiles en octubre de 1962, Kennedy había comenzado a repensar la política hacia la Unión Soviética y también hacia Cuba –ese es el Kennedy del discurso pacifista de la Universidad Americana en junio de 1963–, de ahí que finalmente autorizara una exploración discreta de acercamiento a Cuba, con el objetivo de conocer en qué puntos es­taba el Gobierno cubano dispuesto a ceder en caso de llegarse a un modus vivendi. Esto no significó que el presidente demócrata renunciara a proseguir simultáneamente con las políticas más agresivas contra la Isla, en lo que se llamó la «política de Múltiple Vía».

De esta manera, Willliam Atwood, funcio­nario de Estados Unidos ante las Nacio­nes Unidas, sostuvo varios contactos con el embajador cubano Carlos Lechuga. Al mismo tiempo, tanto Atwood como la periodista Lisa Howard –una de las grandes protagonistas de esta historia de diálogo secreto entre ambos países–, conversaron telefónicamente con René Vallejo, en esos momentos ayudante personal del Comandante en Jefe Fidel Cas­tro. Todos estos contactos tuvieron lugar entre septiembre y noviembre de 1963, hasta el 22 de noviembre, en que ocurre el fatídico asesi­nato del presidente en Dallas. Pero días antes, otra figura no perteneciente a los aparatos burocráticos de Washington se había convertido de manera fortuita también en un mensajero secreto entre Kennedy y Fidel. Ese fue el caso del periodista francés Jean Daniel, editor del semanario L' Observateur.

A Atwood, amigo personal de Jean Daniel, al enterarse de que este pensaba entrevistar al Líder de la Revolución Cubana, se le ocurrió la idea de que el periodista francés fuera an­tes a Washington a conversar con Kennedy. Atwood contactó de inmediato al correspon­sal de la revista Newsweek, Ben Bradlee, que era amigo del Presidente y visitaba frecuen­temente la Casa Blanca, para que coordinara un encuentro.1

El 24 de octubre tuvo lugar la entrevista en la Casa Blanca. Según relató posteriormente Jean Daniel, Kennedy le había señalado que Estados Unidos estaba pagando por los pecados cometidos por su país durante el ré­gimen de Batista y que él estaba de acuerdo con los planteamientos iniciales de la Revolu­ción. Según el periodista francés el Presidente estadounidense le añadió:

«Los rusos entendieron muy bien, al menos des­pués de nuestra reacción, pero en lo que se refiere a Fidel Castro, debo decir que no sé si se da cuenta de esto […]. Usted me puede decir si lo hace cuando regrese. En cualquier caso las naciones de América Latina no van a alcanzar la justicia y el progreso de esa manera, quiero decir a través de la subversión comunista. […]

«Los Estados Unidos tienen ahora la posibi­lidad de hacer todo el bien en América Latina como lo han hecho mal en el pasado […]. En cualquier caso, no podemos permitir que gane la subversión comunista en los demás países del continente. Dos diques son necesarios para contener la expansión soviética: el bloqueo, por un lado, un enorme esfuerzo hacia el progreso, por el otro. Este es el problema en pocas pala­bras. Ambas batallas son igualmente difíciles».2

Kennedy hizo un último comentario a Jean Daniel: «La continuación del bloqueo depende de la continuación de las activida­des subversivas».3 En una clara referencia al apoyo que el Gobierno cubano brindaba a los movimientos de liberación al sur del Río Bravo.

Décadas después, en una entrevista para un documental de la televisión estadounidense, Jean Daniel ofreció también sus im­presiones de su encuentro con el mandatario estadounidense: «Salí de la Oficina Oval de la Casa Blanca con la impresión de que yo era un mensajero de la paz. Yo estaba convencido de que Kennedy quería un acercamiento; quería que yo regre­sara y le dijera que Castro deseaba un acer­camiento».4

Narra también Jean Daniel que estando en Cuba, cuando prácticamente había perdido las esperanzas de entrevistarse con Fidel, el día antes de su partida hacia México, exac­tamente el 19 de noviembre, el líder de la Revolución se le apareció en el hotel Habana Riviera donde estaba hospedado y estuvieron conversando desde las 10:00 p.m. hasta las 4:00 a.m. del día siguiente. Según su testimonio, Fidel le habló largamente de la Crisis de Octubre y le explicó el por qué se habían instalado los misiles en Cuba, y tam­bién dio sus valoraciones sobre la Alianza para el Progreso. El periodista francés citó las siguientes palabras de Fidel: «En lo que respecta a nosotros, todo puede volver a la normalidad sobre la base del respeto mutuo a la soberanía». Sin embargo, este no sería el único encuentro que Jean Daniel sostendría con el Comandante en Jefe. El día 22 volverían a reunirse en Varadero, momento en el cual el Líder de la Revolución recibió la noticia de que el presidente Kennedy había sido baleado en Dallas.

En la conferencia internacional celebrada en La Habana en 1992, al conmemorarse el aniversario 30 de la Crisis de Octubre, el Comandante recordó y valoró el contexto de sus contactos con Jean Daniel en noviembre de 1963:

«Yo lo interpreté, realmente, como un gesto tendiente a establecer alguna comunicación, al­gún intercambio, porque como Kennedy había quedado con tanta autoridad dentro de su país después de la crisis, podía hacer las cosas que quizá anteriormente no había hecho. A mi juicio tenía el valor de hacerlo, porque se necesitaba cierto valor para desafiar estados de opinión en todas estas cuestiones.

«No hay que olvidarse que por esos días había pronunciado el famoso discurso en una universidad norteamericana –creo que aquí se mencionó ese discurso– donde hacía un gran elogio de la Unión Soviética y un recordatorio de la lucha que había sostenido el pueblo soviético, cuánto habían destruido de la Unión Soviética y hacía comparaciones de lo que habría significado de destrucción en Estados Unidos, si hubiera ocurrido lo que ocurrió en la Unión Soviética.

«Yo diría que en esa época nadie había pronunciado un discurso más prometedor que Kennedy, y más a favor ya de una real apertura, de una real coexistencia pacífica, de una política de paz.

«Ese discurso fue recibido por toda la gente progresista del mundo, realmente, como una cosa muy positiva. Nunca nadie había hecho ese tipo de reconocimiento, y es en ese momento precisamente que lo matan.

«… En el mismo momento en que estoy hablando con Jean Daniel, para que ustedes vean las paradojas, las contradicciones y las casualidades, le estaban entregando, de parte de Estados Unidos –no quiero atacar a nadie aquí, cualquier día publicarán todo eso– una estilográfica con un dardo envenenado para un atentado contra mí...

«Pero no podría decirles muchos más datos, se trató de un mensaje escrito, o un mensaje ver­bal de decir: “Queremos mejorar las relaciones”, sino que le habló de mí en términos respetuosos, conversó largamente sobre eso; le pidió que me viniera a ver y que hablara conmigo, y que des­pués regresara a Washington y le informara».5

El asesinato de Kennedy cortó radicalmente esta iniciativa de diálogo secreto entre Cuba y Estados Unidos, pues su sucesor en la Casa Blanca, Lyndon B. Johnson, no estuvo dispuesto a continuarla. ¿Qué hubiera sucedido de no haberse producido el magnicidio en Dallas en cuanto a las relaciones Cuba-Estados Unidos? Es imposible determinarlo más allá de entrar en el campo de la especulación. De cualquier forma, este pasaje histórico en que una figura no gubernamental como Jean Daniel fue utilizada para tender puentes entre ambos países, no sería en lo adelante un hecho aislado.

Notas
1
Tomás Diez Acosta: Los últimos 12 meses de J. F. Kennedy y la Revolución Cubana, Editora Política, La Habana, 2011, p. 203.
2
Jean Daniel: «Unoficial Envoy. An Historic Re­port from Two Capitals», The New Republic, De­cember, 14th, 1963, pp. 15-20.
3
Ibídem.
4
Citado por Tomás Diez Acosta: ob. cit., p. 207.
5
James G. Blight, Bruce J. Allyn, and David Lewis: Cuba On The Brink. Castro. The Missi­le Crisis and the Soviet Collapse, Rowman & Littlefield Publishers, INC, New York, 2002, pp. 236-237.

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