ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Jamás habría escrito sobre el tema. Nunca, porque cada vez que viene al caso la falta de cortesía, parece que no hubiera más ejemplos que el del cieguito al que nadie ayudó a pasar la calle, o el de la embarazada que subió a la guagua y no halló quien, solícito y espontáneo, abandonara el asiento y le brindara el suyo. A fuerza de su abuso, procuro citar otros no menos deleznables que como aquellos, también atentan contra la consideración y las buenas composturas.

Entre unos cuantos espectadores que viajábamos sentados –entre ellos otras mujeres–  fui la que se paró, después de dar en vano un tiempo prudencial para que reaccionaran los hombres, que enrumbaban la mirada hacia cualquier parte menos hacia la barrigona que tuvo la vergonzosa suerte de encontrar ocupados los espacios reservados.

Sé que hay quienes «curados de espanto», podrían alarmarse con mi estupor, y pensar que es poca cosa, que se verán horrores, que lo normal, aunque lastime, ha de ser aceptado; sin embargo, ni es tendencia ni puede verse con naturalidad un suceso que tan mal habla de quienes  pudiendo evitarlo lo hacen posible.

Colocarme de pie y repasar mi tiempo de gestante fue la misma cosa. Abandonada a mis pensamientos, noté después que sin darme cuenta me estaba tocando la barriga.

El viaje en retrospección se colmó de imágenes, ya distantes en el tiempo, desde que supe que dentro de mí había prendido una vida.

Acompañada de náuseas, fatigas y algunos temores propios del estado, la primera etapa del embarazo nos hace muy vulnerables. Toda historia maternal de abuelas, madres y amigas que ya lo son nos seducen y prestamos atención a detalles que antes nos fueron indiferentes.

Preparar la canastilla, organizar las compras, poner a blanquear algún paño que, más que un valor funcional, cobra uno sentimental porque perteneció tal vez a alguien entrañable, imaginar la carita del bebé…, son algunos de los asuntos en los que nos ocupamos mientras la cintura aumenta su diámetro. Pronto la figura ocupa más espacio, y los cuidados nuestros, y los de las personas que nos rodean aumentan. Un «hilo» de la panza al corazón remueve nuestro espíritu y nos exige cautela. La precaución ante el menor daño físico es prioridad acrecentada, no ya por el natural instinto de la protección personal, sino porque se teme que al menor incidente el chiquitín pueda lastimarse.

De los ánimos ni hablar: la sensibilidad se desborda y puede conmovernos lo mismo lo hermoso que lo doliente. Una buena noticia o una triste nos hace saltar las lágrimas con idéntica fuerza y la necesidad de ser arropados y tratados mejor que nunca antes, forma parte de las mayores urgencias.

La muchacha que subió al ómnibus no es la excepción. Caminó para llegar al tramo final y permanecer de pie unos instantes –demasiado largos–, pensando quién sabe qué, temiendo que cualquier natural movimiento del vehículo colectivo pudiera arruinar la maravilla de su momento, y sintiéndose poco menos que un objeto entre la gente, de la que habría esperado, aun sin ser allegados suyos, un gesto protector.

Varias preguntas respondidas entre todos bien podrían darles continuidad a estas líneas, de las que nadie debía sentirse ajeno. ¿Cuándo, sino cuando nos importa en toda su dimensión el bienestar de los otros, se consigue ser virtuoso, que es la más alta aspiración de la integridad humana? ¿Cuándo desoímos a nuestra ascendencia, la que educó a los que hoy somos adultos, en las normas elementales de civismo, las que nos hacen mejores y con ellas producimos beneficios? ¿Cuándo la literatura ha dejado de decirnos aquello de que la suerte ajena nos fortalece y la desgracia del otro nos disminuye?

Bien sé que la estampa descrita no es un calco pequeño de la sociedad en que vivo, imperfecta pero batalladora, con sombras en plena luz. Pero no están esas conductas ni aprobadas ni consentidas, como tampoco consuela la infrecuencia de la escena ni la desaprobación de la mayoría, por lo que exigen permanente examen.  

Un provechoso ejercicio resulta emprender ciertos rumbos al interior de uno mismo: al pasado remoto, cuando nos llevaron en un vientre; o cuando fuimos –o seremos un día– los portadores del crío. Podría conmover a los desentendidos. Solo es cuestión de tocar la fibra. Y tal vez sirva para más.    

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Orestes Oviedo dijo:

1

24 de enero de 2018

09:38:51


En su visita a Cuba el Papa Francisco expreso: QUIEN NO VIVE PARA SERVIR, NO SIRVE PARA VIVIR. Desgraciadamente esa es la MODA en la sociedad , actual, NO SE VIVE PARA SERVIR, y Usted lo refleja en la guagua , pero esta actitud también se manifiesta en casi todas las instituciones estatales que con su DESIDIA, INOPIA, INDOLENCIA e INSENSIBLIDAD, no cumplen con las funciones por las cuales reciben un salario , SERVIR AL CIUDADANO DE A PIé y aplicando con exitos los excelentes metodos del BUROCRATISMO, convierten la vida del ciudadano de a pie en un viaje por el INFIERNO DE LA DIVINA COMEDIA. EL AUTOR INTELECTUAL DEL ASALTO AL CUARTEL MONCADA expreso: …. EL RESPECTO a los demás, QUE PIERDEN casi todos los hombres ACOSTUMBRADOS A MANDAR y es la MEJOR Y VERDADERA medida de la GRANDEZA. O. C. Tomo 13 pag 170 ¡ Allí veremos porque sean los que DEBAN, Y LOS MEJORES, los que ocupen los PUESTOS DE SERVICIOS y porque EL MERITO se LOS ASEGURE en vez DEL FAVOR, y no entre en LA SANGRE de la república LA PESTE DE LOS BUROCRATAS. O. C tomo 5 ,405 El que no cumple con su DEBER en esta vida, tiene que cumplirlo luego CON INTERESES, como el que no paga a tiempo lo que debe. Por todo lo que recibe, se ha de dar algo, así como es cierto que por TODO LO QUE SE DA, aunque no lo PAREZCA SE RECIBE. O. C. tomo 13 pag 199 El DEBER ha de cumplirse SENCILLA Y NATURALMENTE O. C. tomo 4 pag 183 De LA VENAS ha de sacarse LA PUDRE. La SAGRE MALA ha de salir y hay que abrirse las venas. Las VENAS HINCHADAS, o SE ABREN O SE AHOGAN. .O. C. Tomo 2 , 216 EL MOLDE ha de ser FIRME Y DE VIRTUD, para que el pueblo sea BUENO. La VERGÜENZA se ha de poner DE MODA y fuera de moda la DESVERGÜENZA. Ha de ser LIMPIA la casa y la CONDUCTA O. C. Tomo 5 pag 68 saludos cordiales Oviedo

Maritza dijo:

2

24 de enero de 2018

11:08:12


Agradezco sobremanera este comentario que nos invita a no perder la ternura en nuestra Cuba de hoy, a veces, con acciones muy solidarias, pero en ocasiones con maltratos injustificados por nuestros coterráneos. Exhorto a Madelaine a que siga ¨tocando la fibra¨ manteniendo vigente el pensamiento del maestro¨.. el hombre necesita a menudo quien le mueva el corazón en el pecho y las lágrimas en los ojos,y le haga el supremo bien de sentirse generoso, que por maravillosa compensación de la naturaleza, aquel que se da, crece...

Luis German Gonzalez Santiesteban dijo:

3

24 de enero de 2018

16:37:42


Elemental ,este mal alcanza a todos en el ámbito social , decía Marti que la Educación nace en la cuna y termina en la tumba. pero nuestra cuna se ha ido torciendo .El ejemplo no trasciende , por lo tanto problema de todos debe de ser abordados por todos .Estado, institución y sujeto, como actor fundamental en la sociedad . recuperar los valores sera una tarea titanica pero alcanzable ,para ello todos tenemos que ser maestros , ahora en presente.y la Familia el horno que de forma al árbol , a los pinos nuevos.somos los mayores responsables.

Edel Esteban Correa Mijares dijo:

4

25 de enero de 2018

01:16:30


En mas de una oportunidad me he referido , de manera reconocida , la identificacion que me ocasionan los articulos que Usted presenta por su cotidianidad y vigencia en la Cuba de hoy, en nuestra Cuba , que como bien se dice se ha caracterizado y aun lo hace por su solidaridad y entrega hasta la vida por otros que de manera anonima demandan de nosotros, sin embargo la degradacion de la postura, de las normas elementales de conducta y muestras de educacion estan marcando un ritmo extremadamente preocupante. El hacer reflexiones y llamarnos a capitulo es oportuno, y si a eso le sumamos en la forma y ternura que Usted lo hace , no cabe dudas que se multiplica el llamado. Gracias Madeleine.

Madeleine Respondió:


25 de enero de 2018

13:20:48

Edel: Si estas cuestiones nos conmueven, si no las favorecemos, si las criticamos y educamos sin cansarnos en estos sentimientos, la ternura es colectiva. Ese es, por cierto, uno de los mejores métodos educativos. Y tiene que ser bandera siempre. Mis saludos, y gracias por participar, Madeleine

la cienfueguera dijo:

5

25 de enero de 2018

09:26:44


Una vez mas gracias por tus articulos el trabajo de nuestra sociedad es arduo para rescatar la educacion, no hablo de educacion de nivel profesional hablo de educacion de los mas elementales habitos de conducta ,esa educacion es la que hay que rescatar.