ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

«¡Compadre, el precio de esas vísceras está por las nubes!», dijo al vendedor el hombre, alto, negro y con una gorra al estilo del cantautor Tony Ávila. Luego, al notar la indiferencia de quien estaba detrás del mostrador, dio la espalda.

«¡Ah! ¿Qué se cree este?», lanzó apresuradamente el dependiente mientras pasó la vista sobre el amplio surtido de productos cárnicos que ofertaba.

«¡Sí, podría creerse cosas», señalé en una rápida toma de partida en el asunto, cosa que sorprendió al comerciante y a otros clientes cercanos al mostrador.

Como estos últimos mostraron curiosidad, expliqué: «Ese hombre fue piloto de helicóptero y mientras estuvo en servicio activo en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, acumuló cerca de 3 000 horas de vuelo. Se llama Augusto César Despaigne y varias veces participó en rescates de personas en peligro extremo».

Al notar que todos seguían pendientes, hice uso de mi memoria y reproduje con el mayor lujo de detalles una de esas acciones riesgosas que conocí de primera mano.

Las lluvias que trajo el huracán Ike (septiembre del 2008) embravecieron los ríos de la serranía de la provincia de Granma. También afectaron a las montañas y algunas estuvieron a punto de padecer verdaderos deslaves.

Esta situación impuso el empleo de los helicópteros de la Fuerza Aérea. Fue suficiente la solicitud del Consejo de Defensa Provincial de aquel territorio para que una de esas máquinas al mando del teniente coronel Despaigne despegara desde Holguín y fijara curso a un nuevo desafío.

A la tripulación le ordenaron trasladarse a Guisa, en las estribaciones de la Sierra Maestra, donde el presidente del Consejo de Defensa Municipal le comunicó que la misión consistía en salvar a los habitantes de Las Canarias, un asentamiento colgado de una ladera que se deslizaba lentamente.

Debían ir hacia el corazón de las montañas en medio de la lluvia y nubes oscuras. Despaigne evaluó las posibles complicaciones. Estaba seguro que los vientos serían perturbadores tan pronto el helicóptero se adentrara en uno de los cañones a través del cual inevitablemente debía llegar hasta los compatriotas en apuros.

De inmediato tomó a bordo a seis integrantes de una brigada de Salvamento y Rescate del Ministerio del Interior. Orientándose por la carretera que veía a ratos, voló de Guisa a Victorino, poblado sobre el que giró en dirección al río Guamá, para trazar un nuevo rumbo entre amenazantes laderas. En el acto comprobó que sus apreciaciones eran correctas. La aeronave enfrentó una poderosa racha de viento que la estremeció. Le comentó al copiloto que era similar a estar en un túnel aerodinámico y sacó más potencia a los motores.

Minutos después sobrevoló Las Canarias, pero no pudo aterrizar. El secadero de café hubiera sido el sitio apropiado, de no tener en las cercanías una línea del tendido eléctrico. Entonces decidió emprender el rescate desde el aire, con el uso de la silla de salvamento, cosa imposible por un fuerte aguacero que redujo casi a cero la visibilidad. Esa situación y el acercamiento desde Victorino de dos enormes cúmulos grises que arrojaban agua sin parar, así como de otras nubes en marcha desde el Sur, aconsejaron el retorno a Guisa.

El aterrizaje duró lo indispensable para desembarcar a la brigada del Minint, pues enseguida se hizo al aire para intentar una vez más el rescate. La ruta hasta Las Canarias tuvo las mismas complejidades de la ocasión anterior. De nuevo las lluvias y las nubes bajas impusieron la vuelta a Guisa.

En tierra Despaigne sugirió a las autoridades que derribaran la línea eléctrica cercana al secadero de Café de Las Canarias para intentar aterrizar en aquel reducido espacio. Pasados unos 40 minutos, un mensaje transmitido por radio confirmó que un poste y parte de los cables estaban en el suelo.

Decidido a cumplir la misión, Despaigne condujo la aeronave al sitio crítico. De nuevo llevaba a bordo a los integrantes de la Brigada de Rescate y Salvamento. Más tarde uno de ellos diría que descendieron entre nubes y agua hacia un punto que parecía incierto. Lo real es que en la plazoleta escogida había el espacio exacto para colocar las ruedas del helicóptero.

El aterrizaje levantó la moral de los pobladores de Las Canarias. La prioridad para abordar la aeronave se les otorgó a niños, ancianos y mujeres, hasta completar las primeras 22 personas. La tripulación fue presa de una mezcla de alegría y alarma. El peligro no había cesado.

Eso se verificó en los siguientes cuatro viajes. Durante el tercero, una vez rumbo al poblado al borde de la catástrofe, una inmensa nube negra apareció repentinamente. La experiencia de Despaigne desplazó el temor al fracaso ante la poca visibilidad. Sereno y rápido tomó la decisión de aterrizar en La Sigua, otro secadero de café ubicado a tres kilómetros del punto de destino. Los 20 minutos que el helicóptero estuvo allí le parecieron una eternidad a los tripulantes. La lluvia podía acelerar el deslave en marcha.

Finalmente la cifra de rescatados ascendió a 71. Algunos comentaron después que en cada despegue, el helicóptero trepaba verticalmente hasta rebasar la altura de la montaña que tenía al frente. De haber visto el altímetro, se habrían percatado de que el punto en que giraban en dirección a Guisa quedaba a más de 900 metros sobre el nivel del mar.

Ninguno supo que Despaigne, además de estar pendiente de los repentinos cambios del tiempo, luchaba contra las variaciones de la densidad del aire, fenómeno persistente cuando se vuela entre macizos montañosos.

El final de la narración fue seguido de un breve silencio, hasta que se escuchó un cubanísimo «¡Ño!» pronunciado por el dependiente. A juzgar por el acento, creo que la próxima vez atenderá mejor al hombre alto, negro, con la gorra al estilo del cantautor Tony Ávila, y como este, músico y compositor de picarescas piezas.

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Idiannis dijo:

1

6 de diciembre de 2017

10:59:20


Ustedes tienen razon por eso debemos tomar las medidas necesarias para que se cuiden de las MUJERES

Rendón dijo:

2

6 de diciembre de 2017

12:47:23


Gracias periodista. Me gustó el comentario. Pero creo que igualmente, si el cliente no hubiera tenido esos méritos, debiera ser tratado con el mayor respeto. Si sólo fuera un trabajdor sencillo, humilde, sin historias conmovedoras a su haber, es más con cosas que mejorar en sus actuar diario, sólo un simple ser humano...ya debía ser tratado bien, y se podría creer cosas... porque tambien lo merece todo. No cree Usted?

Yordanys VC dijo:

3

6 de diciembre de 2017

15:38:38


Muy interesante German su articulo, y resulta que en el pueblo hay muchos hombres y mujeres abnegados, al borde de la heroicidad, historias que quedan en el anonimato practicamente como este caso del Piloto Despaigne, pero lo mas significativo es su modestia, lo principal es no creerse nada por haber hecho algo extraordinario al servicio de los demas, aunque las acciones heroicas merecen ser resaltadas o dichas oportunamente para que el pueblo las conozca y reconozca.

loriet dijo:

4

6 de diciembre de 2017

16:56:59


Saludos ante todo, gracias por el excelente artículo Germán, esas son las cosas que no juegan muchas veces en las ofertas demandas que hemos asumido y que finalmente no han resuelto los problemas de productividad y producción aspirados, lo que pasa es que hombres como esos están todos los días en este país realizando hazañas que no tienen precios y son los mismos que son avasallados por los vendedores y revendedores sin almas que andan hoy por nuestras calles y nuestros mercados, haría falta que esas personas un día supieran de la grandeza de los que prestan servicios en un hospital, una escuela, una clínica, en fin en cualquier puesto de los menos remunerados y que no piden nada a cambio para seguir haciendo no por el egoismo individual sino por el prójimo para quedar muchas veces en el anonimato y sin comerse el bistecito que ofrecen como si fuera oro en esos puestos de venta.

Azulita Sky dijo:

5

7 de diciembre de 2017

11:18:31


Una vez más al descubierto la pobreza de espíritu de algunos aprovechadores ante la grandeza de alma de muchos, que sin buscar el reconocimiento público, acometen día a día acciones tan importantes como la aquí descrita. Coincido con la idea de que no tiene que ser un héroe anónimo, baste decir ser humano para que sea merecedor de un trato digno, ya sea en el agro en la bodega, en la panadería, el consultorio, el registro civil. en fin... !Qué pena que algunos no lo comprendan! Que quizás ese al que maltratan pudiera ser el médico que luego salvará la vida de tu hijo, o el profesor en cuyas manos se tejerá el futuro laboral de tu descendencia, o la enfermera que diligente tomará los signos vitales de tu anciana madre y le suministrará, junto a los medicamentos, esa cuota tan necesaria de amor y confianza con la que enfrentará los avatares de su vejez... Reflexionemos, pensemos y cambiemos ...1 Aún estamos a tiempo!