ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Bejucal, escribió el poeta y pintor bejucaleño José Mederos Sigler, es un puerto sin mar, donde un día encalló para siempre un tambor. Otrora Ciudad de San Felipe y Santiago del Bejucal, por real decisión de Felipe V, y fundada en 1714, ha tenido siempre entre sus principales atractivos el ser una comunidad de vecinos amantes de la cultura y adictos a las buenas fiestas. De ello da fe, desde 1840, la celebración de las famosas Charangas, fiesta de tradición popular, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la nación en el 2015, por el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura.

Más o menos organizadas, ora con un mayor o menor apoyo material de recursos por el Estado, sus carrozas del Bando Azul (Ceiba de Plata) o del Bando Rojo (Espina de Oro), con una más o menos resonancia y participación de la población, no han dejado de ser, ni en los momentos de más austeridad en el país, una verdadera fiesta de pueblo, que se ha transmitido de generación en generación, y que desde muchos meses antes de llegar diciembre –fecha de su realización desde tiempos de la colonia– pone en movimiento a los bejucaleños.

Si bien en ciertos momentos de su historia, ante razones más que justificadas, sobre todo económicas, por decisión gubernamental han tenido que ser trasladadas de fecha (como cuando se trasladaron al mes de julio) o suspendidas (como ocurriera durante la Guerra de Independencia o en el siglo XX con el alzamiento popular contra la tiranía de Gerardo Machado), las Charangas de Bejucal, son motivo de orgullo de los hijos de esta tierra mayabequense o habanera, pero sobre todo, cubana.

A pesar de ello, no ha estado exenta de opiniones y criterios mal intencionados. A propósito de las pasadas Charangas, algunos comentarios difundidos desde el extranjero a través de Internet, hasta por propios bejucaleños, han intentado restar sentimientos, razones y participación a estos festejos. Me lo aseguró recientemente otro escritor del patio, Omar Felipe Mauri Sierra, quien ofendido y hablando más que en su nombre, en el de sus coterráneos me dijo que una tradición se defiende viviéndola.

Quienes pensaron que no se celebrarían Charangas en Bejucal en este 2017, se equivocaron. Me lo aseguró Mauri, diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular y bejucaleño de pura cepa, defensor de las auténticas tradiciones culturales de Bejucal y de Cuba. Fue él quien me dijo: «Las Charangas –¿quién no lo sabe?–, la deciden sus creadores y artífices, que sueñan y padecen año tras año con todo el corazón. Las instituciones garantizan y apoyan logísticamente su realización, como fiesta y creación artística, en ocasiones con más recursos, en otras con menos.

En los últimos 30 años ha venido creciendo el protagonismo y poder decisor real de los colectivos de artesanos, diseñadores y artistas que intervienen en los festejos, y no solo en la construcción de las carrozas, sus temas, formas y fechas de salida. También los músicos de las congas establecen los términos de actuación, frecuencias y retribuciones económicas. Toda decisión trascendente pasa por el diálogo y el consenso de los equipos creativos y otros actores de la tradición, con las instituciones de la localidad.

¿Cuántas veces no han decidido ellos mismos posponer la salida de las carrozas en espera de circunstancias materiales, climáticas o de otro tipo más favorables? El pasado 24 de noviembre del 2016, por ejemplo, los artistas habían concluido su obra, dos carrozas formidables que decidieron presentar en enero, luego de las exequias de Fidel, cuya obra y personalidad han evocado permanentemente nuestras Charangas y que también este año han decidido recordar y agradecer.

Una tradición no es una pieza de museo que se exhibe una vez al año. Una tradición vive si evoluciona. Por casi dos siglos de existencia, las Charangas de Bejucal han demostrado una increíble capacidad adaptativa, y ello es fruto de la voluntad de permanencia de la cultura, de la expresión creadora del alma de un pueblo.

Ahora que comienzan a tensarse los tambores y a levantarse las nuevas carrozas, hay que tener presente los hechos, que al decir de Martí, «son la verdad verdadera».
Nada, que como muchas otras mentiras a la que ya estamos acostumbrados en estos años de duro bregar en la construcción de nuestro socialismo y en el reconocimiento a tradiciones que nos identifican como pueblo, siguen apareciendo por el mundo otros asumiendo e inventando falacias para evitar que nuestro pueblo sea feliz, lo mismo en Bejucal, que en la Punta de Maisí.

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