ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Santos Suárez, 26 de noviembre, 11:00 a.m.

–Por lo que he visto por televisión, estoy satisfecho con el proceso. Esto todos los años funciona bien. A veces hemos votado en la ponchera, o en la antigua bodega.
Está en la cola de un policlínico que ahora funciona como colegio electoral. Camisa, ojos azules, dos jabas de tela en la misma mano y la otra mano libre con la que, en movimientos secuenciales, va hasta un bolsillo y agarra un pañuelo que le recoge el sudor de la frente.

–¿Desde cuándo vive aquí?

–Hace 30 años. Y en marzo voy a cumplir 82.

–¿Entonces usted vivió la Revolución desde el principio?

–Imagínate. Yo tenía 23 años. El proceso lo recuerdo desde el primer día. Fíjate que yo todavía no me pierdo un noticiero ni nada de la gente que amamos a Fidel… A Fidel yo lo vi de lejos, una vez, al lado de Martí, allí en la Plaza. Y Fidel me dio la mano. A mí, y a diez o 12 guajiros más.

«Y yo fui miliciano hasta que vine pa’ aquí, con 52 años, que me casé con otra viejita como yo, ji, ji…

«Yo estaba en las Milicias Obrero Campesinas. Se les decía así. Trabajé en un central. No mucho tiempo. Una zafra y pico. Y en un centro de acopio, también. Era pesador güinchero».

–¿Era qué?

–Es que esos son varios puestos. El pizarrista es el primero, y yo era el segundo… Enciendes el motor, elevas el bulto de caña, el bulto hace así, ¡pum!, y cae en la paila, y va pa’l estero, y pa’ las cuchillas, y ya, ahí, cae directo en el carro. Tres canutos, cuatro canutos, así, de este largo.

«En eso estuve al pie de 15 años».

Habla despacio y la voz se le parte. También se lleva la mano despacio al bolsillo porque la mano le tiembla.

–El problema mío es que ya yo no puedo ni trabajar. Ya no puedo ni trabajar afuera. Y somos mi viejita y yo namá, y ella está impedida totalmente. Es prácticamente impedida física. Imagínate.

«Yo vengo de la panadería. Y ayer fui a comprar pollo a Vía Blanca, por ahí pa’ allá… Porque yo soy la calle, soy la casa, soy el lavandero. Todo».

–Y aún así vino a votar…

–Sí. A las votaciones. No, y ahora espero, porque van a mandar a los niños allá, pa’ que mi señora vote. Todos los años los mandan.

Cruzamos la avenida con dos pioneros y con el presidente del colegio electoral. Una escalera. Luego la casa, pequeñita y sobria, donde, en una butaca, Amalia mira la televisión.

Amalia también tiene 82 años. Y no oye bien. Lee las biografías. El presidente le da la boleta y ella, con un bolígrafo, apoyada en el brazo de la butaca, pone la equis en el cuadrado blanco. Dice que no le tiren muchas fotos. Le entrega la boleta a una pionera que se lleva los dedos a la frente mientras dice votó.

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mary dijo:

1

29 de noviembre de 2017

08:45:33


amor tu como siempre nos sorprendes con una exelente cronica que da gusto leer me alegra mucho que existan periodistas tan jovenes y buenos en su trabajo como usted continua asi y tendras exitos en tu vida saludos a su familia

Manolo dijo:

2

29 de noviembre de 2017

13:53:07


que lindo!

Luis Ortiz Chaviano dijo:

3

29 de noviembre de 2017

17:48:50


Genial. Tienes ese don de cautivar con todo lo que publicas. Impresionante y conmovedor trabajo. Congratulaciones.

Luis Ortiz Chaviano dijo:

4

29 de noviembre de 2017

17:51:12


Genial. Impresionante y conmovedor trabajo. Enhorabuena.

Victor dijo:

5

30 de noviembre de 2017

08:32:53


genial, muy profesional un escrito además de politico muy conmovedor. Felicidades