ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Arena, eso es el tiempo. Toneladas y toneladas de arena que caen pesadamente sobre todo y todos, para descansar en un desierto de lapidarios silencios, donde lo corpóreo se torna intangible y el espacio es un letargo incorruptible.

Es el paso inexorable de la vida, pero no es la derrota definitiva de la memoria. El recuerdo es el único capaz de alterar ese ciclo inamovible, es la única arma que tenemos para ponerle el pecho a los ocasos que más duelen, porque hay soles que no pueden hundirse en el horizonte desértico.

Son pocos los seres capaces de burlar las leyes naturales. Los necios que
deciden morir como vivieron. Su permanencia en el sentimiento colectivo hace que su estancia en la Tierra no pueda medirse con un reloj común, sino con uno donde las horas sean solo burocráticas marcas en la esfera.

Hay muertes inaceptables, irreconocibles, porque morir es callar, detenerse, yacer inmóvil en una densa penumbra. Pero hay quienes nunca callan, nunca se detienen, su naturaleza no les permite la inmovilidad, y ni todas las arenas temporales son capaces de enterrarlos.

No es un secreto biológico, no existe en su ADN un gen oculto de la inmortalidad, la verdadera razón de tanta vida está en el hacer, en el empuje y la tenacidad con que se emprenden las obras que parecen imposibles, el amor sin reparos al mundo con todo el sacrificio que eso implica, y la fuerza infinita de cambiarlo para bien.

Entonces es ilógico pensar que puede un ser de tan elevados valores morir así, sin más, como si la muerte pudiera atreverse a tanto, como si tuviera ella tan ilimitado poder. Los hombres de tal calibre jamás detienen su paso. Han aprendido a mutar, a cambiar de estado, a renacer en las almas que los aman sinceramente.

Y puede pasar un año, y pueden pasar miles, pero jamás el desierto del silencio podrá alimentarse con su esencia. Tal vez absorba sus huesos, pero nunca su espíritu, porque su espíritu es irreverente y elige seguir andando más allá de lo que nuestros humanos ojos nos permiten ver, pues a esa altura ya no llegan los sentidos. Hasta ese lugar donde aún respiran y construyen los hombres como Fidel, hasta allí, solo es posible llegar con el corazón.

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NLG dijo:

1

29 de noviembre de 2017

11:37:43


Es como que esta mujer inteligente periodista, se pasara un año entero coordinando sus bellas ideas, (porque de quien habla el caso lo merece además) y aún que Fidel es Fidel, están muy merecidas sus palabras y su profundidad no me permite agregar otras, solo apoyar su expresión y su manifiesto amor por el Líder inolvidable.

rmontoto dijo:

2

29 de noviembre de 2017

11:53:45


Quien dijo que todo está perdido, cuando hay jovenes como tu que vienen a ofrecer su corazón, me encanta como escribes.

Azulita Sky dijo:

3

29 de noviembre de 2017

11:57:08


Muy sentido y profundo su escrito Leydis, y es que no puede ser de otra manera. Para hablar de Fidel hay que emplear, irremediablemente, el sentimiento y es como si a uno, se le agolparan todas las emociones en una sola y entonces falla el espacio para expresar todo lo que ha brotado... en fin... gracias!

Tony López Iglesias dijo:

4

29 de noviembre de 2017

12:19:48


¡Apretaste Leydis!, apretaste, este escrito te salió del corazón, de lo que tu sientes ante la perdida física del que nunca hubiésemos querido perder, gracias por tus letras, un hombre como ese, donde este, merece palabras como las tuyas, lo recordaremos así, grande como el es.

REDISAN dijo:

5

29 de noviembre de 2017

14:51:57


Felicidades Leydis, muy bonito y con mucho sentimiento tu articulo. Gracias