ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

No tengo respuesta para esa pregunta, aunque no puedo dejar de plantearme la interrogante. Como ellos, yo también soy portadora de una marca de época que he vivido activa e intensamente. En un ambiente hostil, conocí las difíciles condiciones de un mercado laboral cerrado, viví el batallar que sucedió al golpe perpetrado por Batista, viví la caída de compañeros en la hermosa edad abierta a las ilusiones y al porvenir. Quedaron por siempre en mi memoria las jornadas triunfales de una Revolución que rompió las barreras de lo hasta entonces imaginable. Me entregué de lleno a la tarea de construir lo soñado en el ámbito de la educación y la cultura. No fue un lecho de rosas. Afronté contradicciones, pero en el hacer obra encontraba instantes de plena realización personal. Así fue creciendo una mentalidad hecha en el enfrentamiento a realidades concretas, en la conquista de nuevos saberes, en el crecimiento de un modo de pensar y sentir.

Mirarme hacia dentro, explorar mi origen y mi formación, dilucidar de dónde vengo me ofrece herramientas para entender al otro, paso indispensable para tender puentes hacia el diálogo necesario. A pesar de las coincidencias epocales, mi generación no fue homogénea. Ninguna lo es. No me refiero tan solo a las inevitables fracturas ideológicas.

Mi generación vio nacer la televisión. En aquella etapa inicial, el surgimiento del medio introdujo un elemento novedoso en el modo de vivir, pero no cambió en lo sustancial las costumbres. En las noches del barrio, se mantenía el intercambio entre vecinos. El arte de la conversación era una práctica generalizada por la que transitaban los comentarios sobre las noticias del momento, las preocupaciones compartidas y el inevitable chismorreo. Los más jóvenes se desentendían del hablar de sus mayores. Se iban agrupando según afinidad de intereses. Algunos se incorporaban al trabajo desde temprano. Otros, tenían la posibilidad de seguir estudiando e iban tejiendo sus propias redes de relaciones. Las diferencias de origen social creaban distancias insalvables.

Poca relación había entre los contextos de un trabajador capitalino y el abismo insondable de la miseria rural, acosado por la miseria, las amenazas de desalojo y la muerte temprana de los hijos. Tampoco era homogéneo el ambiente universitario. Muchos estudiantes acudían tan solo motivados por el deseo de lograr el título que les viabilizaba la manera de ganar el sustento. Un sector minoritario aspiraba a cambiar el mundo mediante la participación en la política y en la cultura. Fue una vanguardia que se constituyó en mayoría cuando el triunfo de la Revolución demostró que los sueños podían conquistarse con el esfuerzo mancomunado de todos en la lucha por la independencia y por el desarrollo. Muchos antiguos valladares se derrumbaron. Las oportunidades se abrieron. Hijos de campesinos se convirtieron en
reputados científicos.

El contexto epocal influye en el comportamiento y en las expectativas de las generaciones emergentes. Resulta más desconcertante cuando los cambios se producen a ritmo acelerado. Atravesamos un tiempo en el que el capital financiero ejerce un dominio creciente y se impone sobre la economía real. Lo acompañan las nuevas tecnologías de la comunicación que favorecen el acceso al conocimiento, aunque también convierten la realidad en espectáculo, acuñan falsas realidades, exaltan lo frívolo y lo perecedero, adormecen el espíritu crítico y tienden a homogeneizar modelos de conducta. El vocabulario de inspiración neoliberal se convierte en moneda corriente de uso común para todos. Se exalta la competitividad, valor que exacerba el individualismo. Por otra parte, en nuestro entorno inmediato, las tensiones económicas afectan el vivir cotidiano y contribuyen a remodelar aspiraciones y proyectos de futuro.

Los rasgos característicos de un contexto epocal constituyen un referente imprescindible. Pero no agotan el conocimiento de la realidad. La juventud define una categoría etaria. Tiene, por tanto, un alto componente de abstracción. El diálogo productivo con los jóvenes exige partir del reconocimiento de su heterogeneidad, al entrar en el terreno concreto de los ámbitos específicos en que se mueven y actúan, tanto en el entramado institucional del país –escuelas, centros laborales, redes culturales–, como en las zonas más informales que intervienen en la actividad laboral y recreativa. Los estudios de nuestros centros de investigación ofrecen materiales de valía  para detectar  problemas con el propósito de ofrecer las respuestas en la práctica social concreta. Ante todo, para reconocer el perfil múltiple de quienes están emergiendo, escuchemos desprejuiciadamente sus voces en el ámbito que nos rodea.

Crecidos en el contexto epocal de nuestro tiempo, los jóvenes de ahora son también nuestros hijos. La sociedad no se divide en compartimentos estancos. En el hogar, en la escuela, en el trabajo, en los medios de transporte y en la cola de la farmacia conviven los abuelos de la tercera edad, los hombres y mujeres en plenitud de capacidades con los que están en  proceso de formación. En ese coexistir cotidiano, a veces de manera inconsciente, estamos transmitiendo tradiciones, costumbres, modos de relacionarnos, valores. Cuando evoco mi infancia y mi juventud, reconozco mi rebeldía de entonces, mi resistencia a escuchar consejos, mi afán de independencia y de autoafirmación.

Y, sin embargo, reconozco que hay en mi forma de reaccionar, en mis normas de conducta y en los principios éticos que la animan, las enseñanzas que entonces me sembraron.   

La sociedad es la escuela grande hecha por todos mientras vamos aprendiendo y participando.

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OrlandoB dijo:

1

13 de noviembre de 2017

04:37:24


Exelente reflexion profesora, Su vida es un ejemplo a imitar para las nuevas generaciones. La escuela grande nos trae muchas ensenanzas.

bruno dijo:

2

13 de noviembre de 2017

12:51:02


Coincido con la profesora, pues al igual que ella vivi la misma etapa. Recuerdo que mi profesor Gaspar Jorge García Galló decia que los jóvenes son un grupo etareo y un grupo social, pues como ha dicho Fidel La experiencia es la madre de la ciencia y de las ideas y por tanto es la vida la que nos enseña. Somos un ser biosicosocial y por tanto aunque influidos por los genes que portamos también es el momentos histórico que vivimos y la comunidad en que actuamos, el que más nos ayuida a adoptar una posición, actitud y actuación. Gracias Dra por su reflexión

Yanira Zaita Ferrer dijo:

3

13 de noviembre de 2017

14:07:43


Los jóvenes de hoy se parecen a su tiempo

Livan Mendoza Respondió:


14 de noviembre de 2017

12:41:08

tienes razon

pbruzon dijo:

4

14 de noviembre de 2017

08:39:20


los jovenes de hoy no son ni mejores ni peores que los de generaciones pasadas,el mundo cambia y cada generacion es un reflejo de esos cambios.

MSc. María Cardoso Cárdenas dijo:

5

14 de noviembre de 2017

11:00:08


El artículo es excelente lo leí en Cubadebate, cuando trabajamos con jóvenes, tenemos la oportunidad de reafirmar el criterio que nos ofrece en su artículo, es ese macromundo aprendemos constantemente, sobre todo a interactuar con ellos lógico se parecen a sus tiempos como éramos nosotros en nuestra época, en este momento recuerdo una serie teleiviva que se llamaba éramos tan jóvenes, hay excepciones, pero no es lo general, aparecen en algunos cambios notables por su mala orientación que implica otros modos de actuación... la sociedad es diversidad, gracias.

taìna Respondió:


17 de noviembre de 2017

16:53:53

Yo soy de las que cree que es cierto eso de que : ¨El amor entra por la cocina.¨ El conocimiento en la època actual entra por el televisor, por el DVD. Por la PC. En fin compa?eros que los audiovisuales son la clave. Por què no se escriben novelas que nos narren la vida de grandes personalidades de la cultura cubana y como estas personas llegaron a ser grandes intelectuales, no porque el divino Dios les regalò ese privilegio sino por el gran sacrificio que tuvieron que hacer. Los adolescentes tendrìan un espacio no solo de divertimento sino de reflexiòn. Màs allà de un discurso o de un comentario nuestros muchachos y muchachas necesitan de novelas realmente hermosas y no de aquellas que son muchas veces importadas llenas de banalidad todo un ¨caballo de troya¨ para la juventud. Eso es lo que nuestros ancianos tienen que hacer escribir sus memorias y que se filmen novelas que nos hagan reflexionar a todos.