ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Cremata y sus niños lo lograron otra vez. No pude contener las lágrimas y para ser sincera, tampoco tenía deseos de hacerlo, pues no hay nada más hermoso que liberar los sentimientos cuando algo nos conmueve allí, en el centro del alma. Me atrevería a aseverar que todo el que estuvo sentado frente a ellos, desde la plaza en Encrucijada o utilizando al televisor como medio, sintió algo similar.

Su Historia de un ser de otro mundo solo puede recibir un calificativo, excepcional. Más allá del talento, de los recursos estéticos, de la puesta en escena, se trató de una clase magistral de historia. De esas que no abundan y que, estoy segura, tendrían en nuestros niños un efecto mucho mayor que las lecturas panfletarias o la memorización de nombres, hechos y fechas. No recuerdo que nadie jamás me hablara con tanta sensibilidad de Abel, el joven del que muchas veces solo se muestra la estoica resistencia a las torturas, olvidando los detalles que nos lo hacen humano, carnal.

Creo que el pasado, como tantas otras cosas de la vida, se comprende más claramente con el paso de los años, cuando llegan la madurez y la experiencia, pero hace falta para eso un nivel de identificación, una asimilación de paradigmas que comienza ineludiblemente en los años de la niñez.

Es imposible convertir cada clase de historia en una obra teatral de tan alto vuelo, pero resulta urgente buscar las estrategias que rompan las barreras de la temporalidad y nos acerquen a ese pretérito maravilloso, que posee nuestra Isla, rico en ejemplos de altruismo y dignidad.

Nunca disfruté más de una clase de historia que cuando veía pasión en un profe.

Cuando percibía expresiones vívidas de conmoción ante lo narrado y descubría en los ojos una emoción sincera, entonces me apegaba a las palabras, las aprehendía y no bastaba el tiempo de un turno. Me sumergía en los libros, en cuanta nota encontrara al respecto para contagiarme de aquello que antes había percibido.

Si por el contrario primaban el mecanicismo y la frialdad, yo era capaz de desconectarme, al punto, de llenar de garabatos la libreta. Muchas veces me creí rara por eso, hasta que, mirando a mi alrededor, entendí que a mis compañeros les pasaba lo mismo. Conclusión: enseñar la historia, contarla para otros requiere de tres cosas, conocimiento lógicamente, pasión y más importante que nada, entendimiento total de que lo narrado no debe pasar inadvertido, no es un cuento superficial, es una parte de la gente, algo que de cierta forma necesitan para vivir, para entender de dónde vienen y hacia dónde van.

A olvidar esa posesión tan valiosa nos conminan quienes quieren privarnos de elegir el camino justo, el verdadero. Es un ataque incesante, que se vale de las más inimaginables artimañas y contra el cual, no hay arma más poderosa que el saber, el entender, el sentir orgullo de lo vivido por un pueblo del que somos parte.

Vivimos tiempos difíciles, donde solo la coraza de los principios, y los más intrínsecos valores éticos y morales puede salvarnos de la vorágine que día a día engulle a la humanidad. ¿Pero cómo lograr que los que ahora van creciendo puedan apropiarse de tales antídotos? Muy simple, pongamos en sus manos cada día un motivo para amar sus raíces y con el paso de los años, nada podrá ensombrecer ese sentimiento.

Volviendo a donde comencé, creo que la lección más hermosa que nos dio La Colmenita, en el aniversario 90 del natalicio de El Elegido, es que la historia está muchas veces envuelta en clichés, y hay que desprenderse de cerradas metodologías para impartirla si queremos que se comprenda en su total dimensión. Una canción, un poema, un trazo alocado en la pizarra, una conversación de cerca, sin distancias jerárquicas entre profesores y alumnos, tal vez se convierta en la clase más hermosa, en esa que se recuerde para siempre y se trastoque después, en una mejor guía para hombres y mujeres de bien.

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Ángel Parra dijo:

1

3 de noviembre de 2017

09:53:20


Gracias hermosa Leidys, por ese bello artículo de remembranza de aquellos años mozos, que nunca volverán pero que podemos revivir con nuestro pensamientos. Recordar esos magníficos profesores que nos narraban historias y situaciones, como si las hubiésemos estados viviendo. Esos educadores que nos hacían sentir como sus amigos y compañeros. No aquellos que se señoreaban de ser los dueños del saber y decían de manera arrogante que frente a ellos estábamos jugando al "juego de la piedra y el huevo" y que ellos eran la piedra. Hoy ya como profesionales, sabemos valorar los buenos profesores y los apreciamos como amigos. Recordar es vivir.

Eddy dijo:

2

3 de noviembre de 2017

11:58:05


Gracias por su trabajo, es un digno reconocimiento a esa extraordinaria compania de ninos que formando la Colmenita dirige Cremata. Ha sido el programa mas bello y mejor logrado transmitido por la television, una magistral clase de histotia. Felicidades.

Aracelys dijo:

3

3 de noviembre de 2017

15:49:30


Coincido plenamente, y me alegra que haya un reportaje sobre esta obra, los niños de La Colmenita se lucieron de lo lindo una vez más, dando muestras de una sensibilidad extraordinaria bajo un guión pensado minuciosamente, con la historia y las ganas de hacerla creíble y cercana. Conocí detalles de la vida de Abel que nunca había leído y de la manera más amena y patriota, desde la inocencia de estos niños que lloraron con sus textos y nos hicieron aún más cercano y grande al Abel que dejó sus ojos para que tantos niños vieran.

DANIEL FUENTES ALMAGUER dijo:

4

3 de noviembre de 2017

16:24:32


Coincido con Leidys María autora del artículo, las lecciones de Cremata y sus niños nos ayudan a comprender y enriquecer la activiadad pedagógica y la didáctica, para mejorar los métodos de enseñanza de la Historia, desde una obra teatral favorecen el aprendizaje y la comprensión de los fenómenos que afectan a la Cuba de hoy y el mundo. Recuerdo la obra Abracadabra como nos llevaron a pensar en la esencia de las cosas, a comprender un fenómeno, un hecho,a divulgar una verdad. Fue excelente la presentación, magistral clase de historia, Abel ese día fue más conocido por los cubanos. Merecen mil felicitaciones. El proyecto la Colmenita, es vida, es cubanía.

María de los Angeles dijo:

5

3 de noviembre de 2017

21:25:51


Gracias Leydis por esa sensibilidad que te caracteriza.Yo también lloré ante la pantalla del Tv con esa puesta.Tanto me emocionó que escribí un poema inspirado en lo que me trasmitió.en ese momento de Abel (un muchacho brillante y un patriota increíble) descubriendo a Fidel y me parecía estarlo viviendo,viéndolo correr a abrazar a Yeyé, esa noche en que lo conoció. La comparto contigo y ojalá pudiera hacerla llegar a los niños de la colmenita y a Tin porque salió del corazón que ellos movieron con su obra.La escribí teniendo ya el final con el que quería cerrar La fuerza de tu palabra Tu palabra impaciente, tu palabra temprana, tu palabra en cascadas rompiendo los silencios. Tu palabra que bate las ideas al tiempo. Tu palabra que corre indagando, al asecho. Tu palabra oportuna develando senderos, tu palabra valiente desterrando los miedos, tu palabra gigante convenciendo a lo bello. ¡Cuántas horas de asueto robadas a despecho ¡ ¡Cuántos niños dormidos, tus palabras: sus sueños! ¡Cuánto joven con llama viviendo de ese aliento! entrando a la batalla ante cada momento, único , irrepetible, ¡Sorbiendo el privilegio!. Cuánto fiel camarada, bostezando despierto, prendido no se sabe cómo, de tus destellos. y el cansancio que mata y tu voz deshaciendo la leyenda sagrada que cuentan los galenos, El descanso: ¡imposible! ¡No hay espacio, ni asiento! Tu palabra que nace de leer lo que el pueblo, siente, expresa, opina, ¡mil pliegos al descuento! Y entonces las doctrinas bailándote por dentro, un baile en que no aceptas el ¨solo¨ de ese tiempo. Tu palabra tremenda tocando las tribunas, tu palabra imantada moviendo a los esfuerzos Tu palabra al lado de la lluvia y el viento. Tu palabra que arrastra a subir a tu vuelo, no importa si arriesgado, no importa si violento eso sí, justo, necesario, impostergable, ¡ nuestro! Tu palabra que encuentro marcando derroteros: si de compartir el pan, si de dar lo que tenemos, si de luchar con los otros, si de mirarnos por dentro. Tu palabra delante convertida en ejemplo. Tu palabra al futuro previendo su sustento, el futuro posible dibujado en tus lienzos. ¡Tu palabra por siempre, llamando hacia el deber! Tu palabra que un día bautizó el buen Abel: ¡Yeyé, he encontrado al hombre que hará cumplir los sueños! Yeyé, ¡se llama Fidel!