ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Israel Sampier. foto: Yander Zamora

Punta Alegre, Ciego de Ávila.-Uno cree que va a conocer la pérdida mientras va levantando las rodillas por la calle inundada porque el sargazo le atrapa las botas, va esquivando las tejas y los árboles que el huracán ha dejado en el suelo, llega a la zona cercana a la costa y ve a un muchacho escuálido cogiendo los tablones fracturados que trae el mar.
Dicen que a poca gente en Punta Alegre el ciclón le quitó tanto como a Israel, como a ese muchachito que está doblado a la orilla de la costa, con un short y una barbita somera:

-Me dijeron que tenías una casita aquí, y que el ciclón se la llevó completa.

-Sí, compadre. Una casita de madera, pero una casita buena. Tenía un baño, un cuarto espacioso, una sala, y tenía su cocina. Lo único que quedó fue la meseta. Los bloques aquellos que están allá.

-Pero el mar no llega aquí normalmente…

-No, no, el mar llega hasta allá alante, hasta los palos esos. Hasta la parte azul. La cerca de la casa estaba aquí, y esta era la orilla. La arena, la tierra, así, el sargazo, qué sé yo, y acá la tierra.

-Y me dijeron que tenías un niño.

-Tengo un niño de un año, y mi mujer, que los tuve que mandar a pasar el ciclón pa’ una casa pa’ allá arriba, por el peligro que había aquí. Tuvimos que arreglar las persianas de la casa de mi hermana que estaban malas, y mi casa era un peligro porque, mira, esta casa (la casa de su hermana) parece una biplanta y el mar subió, y entró por la puerta de la terraza.

La casa de Israel era contigua a la de su hermana, un poquito más baja. Ambos patios traseros se vinculaban por una escalera que aún está en pie. La casa de la hermana está en buen estado, de frente a la calle. La puerta de Israel daba a la arena que lleva al mar.

-Esa casita era de mi mamá, pero estaba desbaratá, sin piso y sin na’. Yo la cogí, la armé, le puse todas las tablitas que le faltaban, tiré el piso nuevo, armé meseta, todo. Y lo que viví en ella fueron cinco meses. Cinco meses -dice.

«Imagínate. El sacrificio completo aquí… ya, se fue en una noche. El sacrificio completo de una bola de meses, pa’ poder vivir nosotros aquí, tranquilos, qué sé yo, ya, en una noche se acabó.

«Sin mentirte, compadre, cuando yo me asomé por la madrugá, cuando, no sé, parece que por el ojo del ciclón o algo de eso, hubo una calma, y aguantó, y vine y me asomé de la escalera me… me eché a llorar».

-¿Y la mujer y el niño?

- No, no he podido ir allá arriba porque he estado enredado aquí. Pero tengo que ir rápido porque el niño está vola’o en fiebre. Lleva tres días vola’o en fiebre y tengo que saber de él.

«Pero bueno, no he podido. Estaba recogiendo algunas provisiones ahí, tratando de salvar alguna tablita o algunas cosas ahí… Tres tablas namá he podido conseguir. Nada.

«Y ahora a ver en qué lado me puedo meter a vivir, qué es lo que puedo armar, qué es lo que puedo hacer: un cuarto, no sé, un bajareque ahí pa’ poder meter a la mujer y al niño cuando pase toda la m... esta…, disculpa la palabra».

-No, tranquilo… Pero pudiste salvar las cosas de adentro de la casa, por lo menos, ¿no?

-Sí, porque sí las rescaté con tiempo. Pero ningún ciclón había hecho esto. Esa casa tenía ahí más de la edad mía, y nunca… La casita estaba fuerte. Estaba fuerte. Y este sí la devastó completa.

«Yo me he criado toda la vida aquí. Yo en los 24 años que tengo, próximo a cumplir 25 en febrero ahora, yo no he visto una cosa así. Nunca. Desde que yo tengo uso de razón la casita esa ha estado toda la vida aquí, y en ciclón desde que soy chiquito el mar lo que se mete pa’ dentro. Y siempre se metía to’ el sargazo, la yerba esa, y siempre la sacábamos».

Israel es maestro de Artes Plásticas en la escuelita primaria del pueblo.

Su esposa todavía está de licencia de maternidad.

-Compadre, lo que pienso es pedir un subsidio. Eso es lo que quisiera. Hacer el hincapié ahí a ver. Porque yo, sinceramente, no tengo dónde vivir. Podré quedarme un tiempo en casa de mi hermana, pero tengo que inventar algo rápido, y lejos de la playa, seguro...

«Imagínate que en el corre-corre se me olvidó sacar hasta la ropa. Yo saqué algunas cosas que había en el escaparate, pero no me percaté de una que teníamos en el baño, que era la ropa sucia. Y algunos calzoncillos se me quedaron en el cordel del baño. Y voló baño con to’l mundo. Acabó con todo. Estoy en cero.

«De todos modos, yo sé que aquí nadie se queda descuidado. Yo sé que la Revolución es buena. Por eso tú me ves así, tranquilo, tratando de salvar algunas cosas y esperando pa’ pedir el subsidio. Tengo que ir a pedirlo. Y no es pa’ mí. Es pa’l niño. Porque yo necesito ponerle un techo» –dice.

Uno cree que va a conocer la pérdida y termina conociendo la confianza; la de un muchacho escuálido que espera cogiendo los tablones fracturados que trae el mar.

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sandra dijo:

1

27 de septiembre de 2017

08:20:31


es dura la historia de Israel y de muchas mas personas en toda la isla que enfrentaron este terrible huracan, pero la fuerza de solidaridad todos vamoa a triunfar

Dilbert dijo:

2

27 de septiembre de 2017

09:15:08


La historia necesaria. Bien, otra vez.

pollo dijo:

3

27 de septiembre de 2017

09:15:47


Soberbio. Lograste algo importante con este artículo Jank. Estás demostrando que no son simples noticias lo que haces. Es arte. El arte de tocar el corazón de la gente.

Manolo dijo:

4

27 de septiembre de 2017

13:23:57


bien! (bueno, como siempre)

Maria Elena dijo:

5

27 de septiembre de 2017

13:45:49


QUÉ TRISTE!!! AUNQUE MUY BUENO EL ARTÍCULO. Y PENSAR QUE ESTE CASO NO ES AISLADO, PERO CONFIANZA Y FE QUE SALDRÁN ADELANTE SIEMPRE!!!!!