ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Me siento y desde lejos me dispara:

–La vida mía iba por el mundo muy triste y sola. Y yo la dejé correr.

Se acerca con dos jugos y ocupa lentamente un sillón de suiza que acerca a mi silla.

Le cuelga un cartapacio de collares del cuello y de las manos: cuentas blancas, rojas y verdes. Le cuelga una bata del cuello hasta los pies y su disparo (dulce, honesto, absorbente) me  desencaja. No sé qué responder y bebo el jugo. De mango. Y ella debería decirme que si está bueno o si le falta azúcar, pero dispara:

–Mi mamá falleció en 1943, cuando yo tenía cuatro años, seis meses y seis días. Entonces me llevaron pa’ casa de un señor que era mi tío.

Deja el vaso en el suelo, sin probarlo.

De vez en cuando llega hasta nosotros el sonido malogrado de un saxofón que viene desde adentro.

–Cuando yo tenía diez años, ese señor trató de violarme. Lo intentó la primera vez, y yo no esperé la segunda. Me fui de la casa. Sola, a medianoche. Me encontré un guajiro en una carreta que me dejó en la entrada de mi pueblo. A las seis de la mañana llegué a mi casa.

«Mi papá estaba enyugando los bueyes. Le dije: Vine pa’ mi casa. Y no me regales más, que yo no soy ningún objeto».

Al portal de la casa donde estamos le cuelgan macetas de las paredes. Algunas rosas salen de una pequeña parcela de tierra en medio del pavimento. Tras la puerta, un piano de pared y algunos muebles. Fotografías por toda la sala. Un espejo. La estatua de un San Lázaro con perros a los pies. Y los guerreros, los yerros, en la nganga, «donde tienen que estar».

–Pero mi mamá nunca nos dejó. Mi hermanita se la abrazaba al pecho (en una foto) y empezaba a rezar. Y mi abuela lloraba. Otras veces mi hermanita decía: Abuela, dígale a esa señora vestida de blanco que me deje dormir. Y la señora era mi mamá.

«Cuando las madres mueren y dejan niños chiquitos, los vienen a ver. Mi abuela le decía: No tengas miedo. Y mi hermanita: Es que no habla ni nada».

En 1945, Aracelys vivía con su padre y sus cuatro hermanas (ella es la tercera) en una casita con techo a dos aguas que su padre había armado en un pueblecito llamado Herradura (Consolación del Sur, Pinar del Río).

Su madre trabajaba en el tabaco y murió de pulmonía. Su padre halaba pacas de tabaco en una carreta y no tenía dinero.

La falta de dinero hizo que el padre repartiera a las niñas entre sus primos.

–Estuve rodando como una pelota hasta que llegué a casa de Catano, un primo hermano de mi papá que me tiraba el cabo mientras mi papá estaba trabajando. Allí me crié yo. Ayudaba a la esposa de Catano a lavar, a planchar, a cuidar los niños… Y por las tardes iba a buscar comida.

Acabo el jugo. Ella me pide el vaso, se levanta y cruza la puerta trabajosamente. Su vaso está en el suelo todavía. No lo ha tocado. Escucho el tiqui taca de sus chancletas plásticas mientras se aleja y luego mientras vuelve con el vaso lleno.

Otra vez me lo ofrece. Cierra la puerta porque suena el saxo. Le pregunto cómo llegó a La Habana.

–El 27 de mayo del 58 llegué, en una guagua. La hija de la esposa de Catano me consiguió un trabajo cuidando dos niños, una hembra y un varón. En esa casa me trataban como si fuera una persona; como a una persona más de la casa… Allí tuve Reyes, después de vieja, y regalos los 25 de diciembre.

«En los altos de donde vivía, una señora daba clases de canto y empecé a estudiar música. Solfeo y teoría. Yo ganaba 30 pesos al mes y pagaba diez por las clases; pero bueno, era lo que me gustaba.

«Después de eso, en el sesenta y pico, me fui pa’ casa de Sara, mi hermana, y perdí la escuela de música. Pero seguí cantando: en el baño, aquí, allá. Porque eso es algo mío, ¿tú me entiendes? Algo que no es de nadie, pero es mío».
Al portal de la casa donde estamos (la de su hermana) entra un chiquillo alto, con camiseta, empapado en sudor. Le besa el pelo, agarra el vaso que está junto a ella y se toma el jugo. Se le sienta encima.

–Mira, este es mi sobrino, el que estudia trompeta. El otro es el que está por allá adentro con el saxofón.
Me explica entonces que son jimaguas, y que son los hijos de su sobrina, que murió en el parto. Me explica que entre ella y su hermana Sara, la abuela de los jimaguas, los están acabando de criar.

–En mi vida he cuidado 27 niños y no he tenido ninguno. En las casas donde yo llegaba, si había muchachos, yo me los cogía pa’ mí. Pero desde niña dije que no iba a tener hijos. Tenía miedo de que pasaran los mismos trabajos que yo… Craso error mío, porque mientras yo esté viva, ningún niño mío pasa trabajo.

«Y mira que estos dos me han dado guerra… Es que no saben hacer nada, ja, ja… Tú verás que después que yo me muera, así grandes y fuertes como están, voy a tener que levantarme de la tumba y venir a verlos».

El jimagua termina con el vaso, se levanta de encima de Aracelys y abre la puerta. Ella me pide el vaso, se levanta también, cruza la puerta trabajosamente. Se aleja tarareando no sé qué cosa mientras, desde adentro, llega hasta mí el sonido malogrado de un saxofón.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.

cubana dijo:

1

23 de agosto de 2017

12:04:52


Eres un escritor que atrapa con tus articulos. Gracias.

pollo dijo:

2

23 de agosto de 2017

15:01:18


Una de las mejores cosas que has escrito. Un abrazo mi hermano

Joel Ortiz Avilés dijo:

3

24 de agosto de 2017

08:38:53


Es una experiencia dolorosa y triste, que nos llega al fondo del corazón a todos los que tenemos algo de sensibilidad. A la ves que sabemos que no es la única y siempre hay ejemplos mas dolorosos. De todas formas, como receptor me quedó el “mal sabor” del mensaje que quisiste dar Jesús. Las oportunidades que tienes de comunicar en un medio tan importante como la prensa plana y en el rotativo mas importante del país; no puede darte el lujo de dejarno “colgado de la brocha”¿Cuál es el mensaje?......¿Quién tiene la culpa?.......¿Qué vamos a hacer?......¿Qué propones?......etc,etc,etc. Son interrogantes que me llegan a la mente y no tienen respuesta en tu material. ....!!!!!No podemos perder las oportunidades!!!!!!......Son pocos y a un costo grande los sacrificios y limitaciones materiales, para no emplearlos correctamente. !!!!!Venceremos!!!!!!.

ilianne dijo:

4

24 de agosto de 2017

09:57:49


Me satisface leer articulos asi, es inevitable que pasen desapersibidos

Andy dijo:

5

25 de agosto de 2017

17:25:04


Mientras más lo leo menos me gusta este estilo de escribir..