ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Ahora sale poco de la casa y tiene una desviación en el tabique que no se ve en el paquete de fotos que está enseñándome, de los 50, cuando llevaba una pistola enorme bajo la blusa, puesta a la cintura, y el pelo le caía sobre la espalda en racimos negros mientras se agolpaba en alguna huelga contra el batistato bajo la escalinata de la UH, o bebía café en su casa de la calle Gervasio, en Centro Habana, con Gerardo Abreu Fontán.

–Esto fue en 1957. Ese día era su cumpleaños –me dice, y se detiene en una foto de Salvador Ameijeiras Delgado–. No habíamos salido a ningún lado, así que fuimos a casa de Ana (Cruz Maqueira), que también era del Movimiento (26 de Julio), y me acuerdo que Ana le regaló un shortcito y no sé qué cosa.

«Muchacho, y dice El Nene (Salvador): ¿Tú sabes una cosa? Presiento que nos van a detener. Vámonos enseguida».
Cierra el álbum.

–Él llevaba días durmiendo en mi casa, porque la policía había llegado a su casa, allá al Diezmero, y él se había fugado por la puerta de atrás.

«Bueno, llegamos, yo le tendí su camita, fui y me acosté… Niño, y como yo no sé a qué hora de la madrugada tocaron la puerta de abajo, y le dieron un empujón que yo dije: Ahí está la policía. Imagínate, casi tumban la puerta. Yo me levanté enseguida, abrí, y cuando veo: Aitor Figueredo: asesino, asesino; Miguelito El Niño… ¡pregunta quién fue Miguelito El Niño!…; y un mulato que le decían Fiera, que yo nunca supe quién era, ni de qué lugar, ni nada.

«De entrada, ya, cuando abrieron la puerta, me dieron un trompón».

Estamos sentados en el sofá de la casa de su hijo, en El Cerro. Una casa pequeña y sobria.

Me sobrecogen las maneras lúcidas de sus 92 años.

–Cuando me dieron el primer trompón, El Nene estaba en una silla en una esquina de la casa. Ellos sabían que en la casa éramos mujeres todas: mi abuela, mi mamá y yo; y que ninguna estaba casada. Y cuando él ve que me dan el segundo se levanta y dice: Yo soy Salvador Ameijeiras. Óyeme, y ahí mismo le dieron dos o tres golpes. Duros, duros, duros. Y nos llevaron pa’ la Décima Estación, en la Calzada del Cerro. ¡Y allí le dieron golpes a ese muchacho! Óyeme, yo no sabía que esa gente era tan salvaje. Es mejor que te maten en el momento: pam, pam, y ya. Porque eso era durísimo.

«Había cuatro o cinco hombres dándole. Con las botas le daban aquí en la canilla, que tú sabes cómo duele. Otro le daba por la cabeza. Otro le daba por aquí por el estómago».

–¿Y usted?

–Y yo mirando.

Tiene el álbum encima de las piernas y entre las páginas saltan los bordes de algunas hojas sueltas. En la tapa, dice su nombre a tinta: Delia Darias.

–Después nos separaron. A mí me pusieron por allá, aislada. Y a él no sé en qué lugar exactamente.

«Yo pasé como cinco o seis noches allí, con sus cinco o seis días. Ni almorzaba ni comía nada porque no me daba la gana. Porque cómo yo iba a comer comida de esa gente cuando yo sabía que eran unos asesinos, y además me seguían dando. Fíjate que subiendo la escalerita de la estación me dieron una patada por… donde tú sabes… y se me inflamó que casi no podía estar sentada.

«La verdad que yo no los resistía. Ese Miguelito El Niño se echaba pa’ atrás la chaqueta aquella deportiva que traía, y me enseñaba las dos pistolas, y me decía: Tú tienes que hablar, tú vas a ver; o hablas o te llevamos a pasear. Y esa tortura una pila de días. ¿Tú sabes lo que es eso? Y sin dormir».

Ahora sale poco de la casa aunque, dice, no le duelen ni los callos.

No sale porque duerme, porque lee. Y pasa horas contándole a su hijo lo mala que estaba la cosa en Cuba antes del 59.

–Ellos siempre me estaban diciendo: Todavía es temprano; por la tarde vamos a pasear. A las diez era muy temprano, a las once era muy temprano, a las doce era muy temprano. Y yo decía: Debe ser medianoche, por lo menos.

«Hasta que me dijeron: Bueno, vamos. Miguelito El Niño, Figueredo, el mulato y dos tipos. Se sentaron dos atrás, uno alante con el chofer, y al lado mío un tipo con una ametralladora, como si yo fuera un personaje importante. Y me dicen: Ahora nos vas a enseñar dónde vive María Laborde.

«María Laborde era amiga mía. Muy bonita. Ellos sabían que ella era tremenda. Una vez le habían prometido violarla: Si te vemos en algo te vamos a coger y te vamos a violar…

«Cuando salimos de la estación, el oficial de guardia dijo: Oye, Figueredo, mira a ver lo que tú vas a hacer. Y Figueredo se viró y le dijo: Tú siempre te metes en todo lo que no te tiene en cuenta. Así mismo le dijo.

«Y bueno, me llevaron al Laguito Country Club. Eso era tenebroso. Ahí habían matado hacía poco a Pelayo Cuervo Navarro, un abogado muy famoso, ortodoxo. Yo estuve en el velorio. Le habían cortado los testículos. Le saltaron la dentadura. Le hicieron horrores. Y me dicen: ¿Tú sabes qué lugar es este? Allí había una tarja de mármol, del tamaño de una persona, que le habíamos hecho a Pelayo. Y digo: Sí, aquí cayó el compañero Pelayo Cuervo. ¿Y tú sabes lo que dijeron? Dijeron: ¡Ese era un terrorista!.

«Entonces se bajaron todos del carro, menos el chofer, y conferenciaron. Yo pensé que ya… Cuando tú no tienes escapatoria, que sabes que te van a matar, ya tú vas dispuesto pa’ lo que sea».
Me dice que nunca ha tenido miedo. Que no. Que me lo jura.

–Al final me llevaron de nuevo pa’ la estación. Batista había dicho que no se podían matar mujeres. Después eso cambió, pero bueno… Y cuando el policía de guardia me vio entrar, Figueredo le dijo: Mira, aquí la tienes, sana y salva. Así mismo le dijo».

–¿Y Ameijeiras?

–Preso.

Saca del álbum un sobre con cartas troqueladas con un cuadrado azul: CENSURADO, sobre una letra nerviosa.

Están fechadas en Isla de Pinos:

Delia, mi hermana:
Lee. Se entristece.
Cariños, Salvador.

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Yaumara dijo:

1

9 de agosto de 2017

16:46:24


Hola, es muy bonito tu artículo, pero lo más importante es que alguien joven que publique esos pedazos de la historia que no se conocen y fueron desicivos para la victoria que hoy podemos disfrutar nosotros. Felicidades, me gustaría leer más escritos como este, saludos.

omar dijo:

2

10 de agosto de 2017

10:49:42


Excelente, Jesús. Síguelo haciendo así con tantas historias guardadas o dormidas, y conformarás un mosaico de testimonios estupendo. A, OV.

Midy dijo:

3

10 de agosto de 2017

11:50:42


Historia viva, excelente artículo. Gracias por escribirlo

Dandie dijo:

4

10 de agosto de 2017

12:10:27


Una vez más impresionas al pueblo cubano con tus articulos amigo, es bueno contar esa gran parte de nuestra historia que no sale en los libros, es bueno que alguien como usted se acerque a estas personas que hicieron posible una gran parte de la felicidad cubana, gracias amigo sigue escribiendo articulos como este Cuba los necesita.