ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

La crueldad del huracán Ike me propició conocer a Walfrido González Guilarte, Leandro González Cruzata y Luis Ángel Salgado. Formaron parte del grupo de combatientes que restableció la comunicación por carretera entre la ciudad de Holguín y Guardalavaca inmediatamente después del paso del meteoro, el 8 de septiembre del 2008.

He retenido los recuerdos del encuentro porque este estuvo matizado por el dramatismo de los acontecimientos y la revelación de los tres en cuanto a su decisión de que serían maestros, que es lo mismo que transformarse en orfebres del alma.

Aquel día atrapé sus relatos en notas que aún conservo. Repasarlas me emociona. Siguen despojadas de cualquier petulante estridencia.

Walfrido: «Estaba loco por conocer la playa de Guardalavaca, pero no fue de la forma deseada. Llegué cerca de las 3:00 de la mañana, aunque estábamos en movimiento desde la madrugada anterior. ¡Qué día! La carretera estaba cubierta por árboles derribados por los vientos y tuvimos que picar troncos y ramas, los que fuimos sacando al mismo tiempo para liberar una senda. Se entiende por qué luego dormí profundamente un rato en la cama del camión, junto con los otros muchachos.

«Al salir el sol encontré lo que imaginaba: por todas partes más árboles derribados, instalaciones hoteleras dañadas, tiendas con cristales rotos… Enseguida dieron la orden de regresar y despejar  la otra senda de la carretera.

«La marcha fue igual: mucha motosierra, mucha hacha y mucho machete. Por momentos no me sentía los brazos. ¡Hasta con una calculadora habría sido difícil contar las ramas que corté y saqué de la vía! ¡Qué manera de trabajar! ¡Y qué manera de ayudarnos unos a los otros!

Leandro: «La misión la conocimos a las cinco de la mañana, bajo agua y a oscuras. Inmediatamente recogimos los instrumentos de trabajo. Para llegar a la rotonda cercana a la Universidad de Holguín, que era el punto de partida, hubo que guapear. Desde esos momentos tuve que emplear la motosierra, de la que no me separé en todo el día. El sargento de tercera Ariel Quintana Ledea tenía un equipo igual y se pegó duro.

«Primero cortamos las ramas y luego las partes más gruesas, tratando de facilitarle el trabajo a quienes debían arrastrarlas. Bien entrada la tarde se incorporaron dos cargadores frontales enviados por empresas civiles para apoyarnos y se encargaron de empujar los troncos más grandes y pesados.

«Almorzamos y comimos sobre la marcha. Nos dijeron que la distancia entre Holguín y la playa era de 65 kilómetros, pero me parecieron 1 000. No fue un paseo.

«Al llegar a la Unidad apenas descansamos. Casi todos los compañeros habían salido con misiones parecidas a la nuestra y tuvimos que ocuparnos de las postas porque tampoco se podía descuidar la guardia».

Luis Ángel: «Detrás de nosotros se mantuvo casi siempre un grupo de vehículos con choferes y pasajeros desesperados. Tan pronto habríamos un tramo, pasaban a toda prisa, hasta que los encontrábamos otra vez detenidos por las barreras de árboles en el suelo. Con esa presión no era cómodo trabajar.

«Después nos acostumbramos a la situación. Cada vez que lograban avanzar nos daban aliento. ¡Arriba, muchachos! ¡Tremendo trabajo están haciendo!, nos decían entre otras cosas. Así llegamos a Guardalavaca, y cuando regresamos abriendo la senda que faltaba, tomamos la vía al hotel Pesquero para restablecer el paso.

«De verdad, nunca enfrenté un trabajo tan fuerte. Me cansé, me repuse, me volví a cansar, pero no me quedé en el camino. Cuando uno tiene compañeros que no se rinden, tampoco puedes rendirte.

«Dos días más tarde me enteré que los vientos habían afectado una parte del techo de mi casa. Mientras cumplía la misión asignada a la unidad, mis padres trataban de resolver el problema».

No tuve más contactos con ellos. Por eso desconozco la ruta definitiva que les deparó el destino. Si ejercen la docencia allá en su natal municipio de Urbano Noris, o en cualquier otro sitio, pueden narrar a sus alumnos detalles de los tensos instantes vividos a causa del ya lejano fenómeno natural.

Si ejercen cualquier otro oficio, también pueden abordar el asunto. Aquel  día evidenciaron un comportamiento ejemplar.

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andres martin dijo:

1

19 de julio de 2017

13:07:07


Interesante el trabajo ,casi seguro que lleguen a ser maestros,de todas formas voluntad tienen

Leonardo Castañeda dijo:

2

19 de julio de 2017

22:20:23


Muy importante e inspirador su trabajo amigo Germán, muy buenas anectotas pero estas se repitieron, con otros muchos muchachos que estaban pasando el ejercito cuando Sandy y el de Guantanamo ( perdone no recuerdo su nombre) pero esos muchachos de ambos ciclones también batallaron contra lo hecho por ambos meteoros, imagínese a Sandy le pusieron...EL PODADOR... de tantos arboles que tumbo, pelo, de dejar las palmas solo en su tronco al Hotel Santiago hacerle añicos la cristalería y los jardines mas sus alrededores, no había comunicación con ningun poblado cercano a Santiago, para llegar al aeropuerto fue bien difícil, pero todos esos muchachos que estaban en el ejercito se enfrentaron al destrozo de ambos ciclones y vencieron esa fue su batalla, esa fue su victoria, dejar lista las carreteras, calles de Santiago y Guantanamo listas para su recuperación y hacerlas mas bellas incluyendo y no se puede dejar de mencionar a nuestra villa le pequeña y hermosa Baracoa y el Gran y Poderoso Faro de Maisi con sus poblados.

Pedrito Guzmán dijo:

3

20 de julio de 2017

20:28:10


Excelente anécdota que refleja el tesón y la solidaridad del pueblo cubano. Una visión desde dentro lo que siempre han conjugado los hijos de La Revolución con todos los pueblos del mundo. Germán recibe un abrazo desde la tierra de Máximo Gómez.