Impotentes miraban todos como se acercaba el tren. La mole de acero pitaba despavorida en un intento de avisarle, pero ella no escuchaba. Quienes la vieron gritaban también pero sus oídos estaban ajenos al mundo. La reacción llegó tarde, no hubo tiempo, la vida se le escapó en un instante.
Esta es una historia real, no constituye un relato de ficción, aunque hubiera sido preferible que así fuese. Hasta hoy, es la más conmovedora consecuencia que he escuchado de una práctica generalizada que a nadie parece preocuparle pero que de inofensiva nada tiene.
Lo que pudiéramos llamar «el fenómeno de la desconexión auditiva» es tan común, que sería interesante medir el porciento de cubanos y cubanas que a diario recorren las calles con audífonos, quedando así aislados de cualquier aviso sonoro que no sea la música de su preferencia. Mucho se ha hablado de las consecuencias de esta práctica en materia de salud, pero muy poco en su estrecha relación con la seguridad vial.
Basta ser un poco observadores para percibir a las personas que a nuestro alrededor se encuentran cada segundo en peligro inminente de ser atropellados por no poder escuchar el claxon de un vehículo, el grito de ¡cuidado! Los decibeles que soportan sus oídos, los privan literalmente de uno de sus cinco sentidos, convirtiéndolos en blancos fáciles para la ocurrencia de accidentes.
Dialogando acerca de este tema alguien me decía: «deberían poner multas por andar con audífonos en la calle, sobre todo a los ciclistas que intervienen en la circulación vehicular y ponen en aprietos a muchos choferes». No creo necesario llegar a tales extremos, no obstante, debería al menos valorarse la posibilidad de una advertencia o un llamado de atención y no solo de los agentes del tránsito, sino de la familia, los amigos y la propia conciencia de cada quien.
La tecnología es muchas veces un comodín. ¿A quién no le agrada escuchar la música de su preferencia en la privacidad de su cuarto, oficina u otro espacio, sin molestar a nadie más o sin que alguien te pida cambiar el tema? Sin embargo, todo tiene sus momentos y lugares apropiados y particularmente no creo que la vía pública sea uno de ellos.
Nuestro código de tránsito vigente es muy estricto en relación con el uso, por parte de los choferes, de cualquier aditamento que pueda desviar su atención del acto de conducir, pero para peatones y ciclistas no existen regulaciones tan rigurosas.
Entonces, ¿cómo hacer frente a esta práctica que ya ha puesto en vilo a muchos corazones y ha enlutado familias? ¿Tendrán que ocurrir incidentes tan lamentables como el descrito en el párrafo inicial de esta reflexión, para que entendamos el peligro que se oculta tras los audífonos?
Todos necesitamos ciertos mecanismos de desconexión para escaparnos un poco del estrés diario, de las preocupaciones o las responsabilidades del trabajo y la familia, pero hacerlo de esta manera entraña un riesgo irreparable, perder la vida.
Las experiencias cotidianas demuestran que toda práctica en exceso trae problemas asociados, y la de llevar a todas partes junto a nosotros la voz de nuestros cantantes favoritos no es excepción.
La accidentalidad en Cuba es una preocupante que lamentablemente no sufre cambios notables a pesar de las medidas para su enfrentamiento. Algo es seguro, esas transformaciones no van a ocurrir mientras sigamos sumando causas probables para un siniestro. Pensemos por un momento si a las violaciones constantes, como los excesos de velocidad, el irrespeto al derecho de vía o la ingestión de bebidas alcohólicas, sumamos «los audífonos»; dentro de poco la ocurrencia de accidentes será un fenómeno imparable.
Se necesita de una real y urgente toma de conciencia al respecto, sobre todo cuando se trata de alertar a niños, adolescentes y jóvenes, principales involucrados en esta práctica. Así evitaremos que la que escuchen al salir a la calle, pueda ser la última nota que perciban sus oídos.




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pequeño príncipe dijo:
6
21 de julio de 2017
11:05:53
Kenia Mendoza López dijo:
7
1 de agosto de 2017
16:16:04
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