ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Amaury tenía el sillón de barbero en el portal de una casa en la avenida.
Fue de los primeros en instalarse allí, a la vista de tanto transeúnte que al mirarlo recordaba la conveniencia de un corte, y llegaba con él, sin conocerlo.

Construyó rápido una clientela más amplia que el número inicial de los amigos, porque a su habilidad con las tijeras suma el dominio de la conversación, del diálogo inevitable sobre un tema cualquiera, y con cualquiera.
Quien llegaba, si no sabía de pelota aprendería, y si comparte la pasión sería escuchado; porque sabe oír y respetar todo tipo de criterios.

Amaury es joven, y su apariencia convocaba a venir al sillón a muchos de igual o menor edad; incluso adolescentes imberbes que proliferaron cuando abrió el preuniversitario urbano en la acera de enfrente.

Sin embargo, siempre tuvo algo así como un código propio para escoger sus clientes, y en consecuencia, no abrió de par en par todas las puertas a ese mercado abundante de la escuela, de la tienda grande en divisas a 50 metros, de las terminales provincial y nacional un poquito más alante, de la piquera de los coches y los bicitaxis…
«Lo sé hacer, ¡claro que sé!, pero no me gusta dibujar banderas, estrellas, relámpagos, marcas de ropa ni zapato en el pelo. ¿Qué es eso?».

Después de disculparse y decir no a algún muchacho en busca de un «magua» o un «yonki», Amaury nunca perdió el hilo de la conversación viéndolo retirarse al barbero contiguo, dos o tres casas a la derecha o la izquierda; pues con tal mercado, la acera pronto se nubló de fígaros que aceptaban de buena gana a todos los que el colega «anticuado» declinaba.

Aunque me reconozco demasiado sobrio, a veces conservador en esto de los cortes y la moda, no había entendido del todo las razones de su tanta rigidez, hasta que en medio de una cronología de los jonrones de Despaigne en Japón y la expectativa con Los Alazanes para la siguiente Serie, lo vi otra vez despedir gentilmente a un escolar en procura de una extravagancia.

«Esos pelados no son para usar con uniforme. Yo por lo menos no se los hago», y siguió su cuenta beisbolera, tranquilamente, sin un mínimo lamento por los diez pesos que acababan de marcharse a los portales siguientes.

Por un momento quise ver colocado en la actitud del barbero a algún padre de aquellos muchachos. ¿Qué pasaría si la preocupación de Amaury, al parecer irrelevante, empezara por casa, y fuera una verdadera inquietud familiar el civismo de nuestros hijos?

Provocado por el simple detalle del uniforme correcto, repasé las veces que la gente lamenta la indecencia, la agresividad, la «falta de valores» de la sociedad actual, como si no fueran parte de esa masa, y observan con inmovilidad, esperando «el papel de la escuela o el rol de la familia», sin involucrarse.

De vuelta a la realidad –entre otras cosas porque me tocaba el turno– creí que exageraba la lección, que magnificaba aquel pequeño aporte concreto de mi barbero al rescate del civismo herido, que por un minuto lo había idealizado en mi deseo de una sociedad mejor.

Quise volver al hilo de los jonrones, porque también sigo a Despaigne, y porque a sabiendas de mi oficio Amaury me supone empoderado de datos nuevos y algún otro criterio revelador e interesante; pero antes de sentarme en su sillón, hubo entonces una interrupción distinta:

–Oye, brother, un fula pa’ que me peles ya. Salgo pa’ Santa Clara dentro de una hora, en la guagua, y quiero llegar como Dios manda.

–¿Quién te dijo que aquí se cobra por burlarse de ellos, que esperaron su turno?

–Vamo’, asere, no me digas que tú no das turno rápido. Estarías muy atrasado, guajiro. Eso es normal donde yo vivo.

–Pues espera a llegar a donde vives, porque tu dinero no paga el respeto a mis clientes. Despaigne, que es mi amigo, ha venido a pelarse conmigo, espera el turno, y nunca pagó en dólares, de esos que él… Bueno, tú debes saber.

Amaury ya no trabaja en la avenida. Todos los colegas de la cuadra se «modernizaron». El que no tiene el cartel: Hay turno rápido, es porque su público sabe que la opción existe, con su precio; sin embargo en el portal de marras, en vez de un sillón de barbero, hay un balance.

Por desavenencias con el dueño del local, Amaury pela ahora en su propia casa, a la vera de una calle sin asfalto. Dice que la dignidad le importa más. Cuando llueve es complicado, pero en su banco de espera nunca faltan los clientes.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.

Revenge dijo:

1

28 de junio de 2017

10:01:59


Yo creo que este anecdotario dice muy bien de Amaury, pero muy mal de nuestra sociedad. En Cuba, los presupuestos se invierten mayormente en el area social; incluidas la instruccion y los programas culturales. Cual es el resultado? Quizas se deberia re-evaluar el principio de que lo social y lo economico pueden analizarse por separado. Y que lo primero puede desarrollarse haciendo retroceder a lo segundo. Que es peor? Ir a la escuela con un pelado 'decente' pero no estudiar, formar lios e irrespetar a compañeros y maestros? O hacerse 'la raya' o 'el rayo' que se usa y comportarse como un buen estudiante y compañero? En relacion a lo que cada chiquillo hace con su cabello y a otros problemas reales que estan flagelando a nuestra adolescencia y juventud, si, efectivamente, la escuela y sobre todo la familia hicieran lo que es su obligacion; los que andamos por la calle nos tendriamos que estar atajando tanta malacrianza, tragedia, violencia y mediocridad.

Barbarita dijo:

2

28 de junio de 2017

13:09:03


Hay muy pocos Amaury como barberos, otros solos les importa que le pague y ya, no importa el tipo de pelado, desgraciadamente los padres complacen a los hijos hasta en los pelados el dibujo que quieran hacerse y lo veremos en las calles las semanas venideras que ya el curso culminó, porque la escuela que se respete, no lo puede aceptar porque eso no está permitido en ningún reglamento escolar.

Rubén Padrón Garriga dijo:

3

28 de junio de 2017

15:46:34


Aún estoy asombrado de creer que lo que estoy leyendo es verdad. Acaso ese barbero cascarrabias se cree dios para decidir que es un “pelado correcto” y que no lo es. ¿Qué tiene un Magua o un Yonki que hagan daño a la sociedad cubana? Bastante bien ha salido que solo se ha tenido que ir a trabajar a otro lugar, en otras sociedades pudiera ser demandado por discriminación pues cada cual es libre de hacer con su pelo lo que quiera y nadie debería tener el poder de decidir sobre el cuerpo del otro. Su función de servicio público es pelar, y el cliente es el que tiene toda la libertad de escoger su pelado. Lo que más me puede incomodar del artículo es que hay un momento en el que el periodista intenta igualar “pelado correcto” a “valores”, me parece que son dos cosas que nada tienen que ver, los valores están en como un sujeto se comporta con los demás, no en que hace con su cuerpo. Creo que el barbero hace muy bien en no cobrar por turno rápido, pero por lo demás él es en sí una muestra de la falta de valores ¿puede considerarse la incomprensión a la otredad como un valor? Muchos de los problemas de antivalores tienen su origen en la intolerancia, y las actitudes retrógradas que este barbero tiene. La escuela y la formación de valores da para otro artículo, pero cuando se decida a formarlos de verdad la institución deberá centrarse dejarse de enfocar en “como se ven los adolescentes” y dedicarse al “cómo se comportan” pues Donald Trump está “perfectamente pelado”.

DVA Respondió:


29 de junio de 2017

13:08:13

Rubén, parece que ud no leyó bien, se habla de que esos pelados no están bien para llevarlos con el uniforme escolar, me parece un acertado trabajo, gracias Dilbert por resaltar los valores de este buen ciudadano que no ha sucumbido a la miseria humana de burlar los derechos de los que esperan por un servicio al que todos somos merecedores solo por unos centavos más. Gracias, ojalá haya por ahí más como Amaury con tantos valores casi extintos (por desgracia) en nuestra sociedad de hoy, personas como Amaury son los que nos hacen falta, esos son los imprescindibles.

Jorge Respondió:


30 de junio de 2017

08:33:24

Estimado Rubén Padrón: Como Usted dijo su opinión, quiero decir la mía. El barbero no se cree Dios, sencillamente le dice al cliente qué pelados hace y cuáles no. Si el cliente es libre de escoger, el barbero también. Y el periodista deja claro que cada persona es libre de pelarse como quiera. Ahora bien, le invito a pensar: las personas son libres de ir a un velorio en camiseta y de ir a trabajar con chancletas (los he visto), pero eso no quiere decir que esté bien. Son libres también de pelarse como quieran y de asistir a la escuela cubana con un pelado extravangante, pero ¿está bien? Por los pelados de esos niños y jóvenes conocemos a sus padres y honestamente, por su comentario, lo conocemos a Usted. Gracias.

Rubén Padrón Garriga Respondió:


1 de julio de 2017

13:14:24

Lo que quiero que alguien me responda es ¿Por qué esos pelados no están bien para llevarlos con el uniforme escolar? ¿Qué hace a un pelado correcto y no correcto? ¿Qué es extravagancia? Para mí la cabeza rapada puede ser extravagante. Repito que el periodista habla de los valores, después que habla de los pelados, si eso no es hacer una analogía que alguien me diga que es… Al compañero Jorge que dice que puede conocer a alguien por su pelado, que gran profundidad, y hasta a sus padres!!!… WOW Usted debería tener un doctorado en psicología, valorar a alguien por su apariencia física es súper científico y certero, espero que usted nunca hable mal de Donald Tump porque ese si está perfectamente pelado, ni de su esposa Melany que le plagió el discurso a Michelle Obama pero sabe perfectamente que trapito ponerse para cada ocasión. Nada… hay que apretar la tuerca con Canclini, Paulo Freire y Mario Kaplún en el Segundo Año de Teoría de la Comunicación que están en el programa y explican perfectamente toda la hegemonía colonialista que hay detrás de esas reglamentaciones o criterios excluyentes. El problema no es criticar los pelados, el problema es buscar argumentos mucho más profundos y mucho menos prejuiciosos que “son extravagantes” o “no pegan con el uniforme escolar” hubiera sido mucho más valioso si alguien se hubiera puesto a dialogar con esos “adolescentes imberbes” para, aplicando el sólido programa que recibe periodismo en Teoría de la Comunicación, tratarse de explicar por qué desean hacerse uno u otro pelado, eso hubiera sido mucho más explicativo y valioso que un intento de combatir una enajenación con otra.

Jorge Respondió:


4 de julio de 2017

13:21:43

Estimado Rubén Padrón: ¿Usted de verdad considera que Trump está "perfectamente pelado"? A la mayoría de la gente le parece que su pelado es ridículo y mire, Usted lo valora de perfecto. ¿Ya ve por qué sí se puede hacer una valoración de las personas mirando sus pelados? Y también, como le dije en el anterior comentario, valorar a las personas por los comentarios que hacen. Usted sorprendió a muchos de los que han leido su comentario sobre la "perfección" del pelado de Trump. Dicho sea de paso: Usted criticó al periodista y al barbero por creerse Dios, ya que ellos califican cuáles pelados están buen y cuáles no. Le llamo la atención que Usted hizo lo mismo, calificando de "perfecto" el pelado del señor Trump. Gracias.

Iron dijo:

4

29 de junio de 2017

15:49:27


Creo que lo que se escribe aquí debe ser interpretado con la mejor intención, yo no entendí que el barbero de marras sea un cascarrabias, el tiene su forma de pensar y lo expresa libremente, el expone su opinión personal sin agredir a nadie, no lo pela y ya, nadie está obligado a prestar un servicio que no desee hacer, en ninguna rama, no se está hablando de un médico que no quiso atender a un paciente por determinada situación, además no está nada alejado de la realidad, fíjense como dice: Esos pelados no son para usar con uniforme ,yo por lo menos no se los hago» (eso está en los reglamentos de las escuelas), al menos alguien colabora para que lo que está reglamentado se cumpla, en otro momento dice: Lo sé hacer, ¡claro que sé!, pero no me gusta dibujar banderas, estrellas, …., creo, si no leí mal, que a ninguno de los que llegó con una solicitud de esas trató de cambiarles sus gustos, ejemplo: Después de disculparse y decir no a algún muchacho en busca de un «magua» o un «yonki»….., por otro lado no creo haber leído que este barbero dijera que esos pelados le hacen daño a la sociedad, solo que no le gustan y no los hace, no se puede colocar en boca de nadie algo que no dijo. Saludos, Dilbert

Rubén Padrón Garriga Respondió:


30 de junio de 2017

10:59:27

Hasta donde se los reglamentos de las escuelas cubanas han flexibilizado su postura hacia los pelados, según me han dicho personas del MINED, aunque los he tratado de buscar y no están públicos. Si siguen manteniendo esa postura intolerante hacia la otredad, pues son esos reglamentos los que deberían cambiar, la escuela no debería tener la autoridad de decidir sobre la cabeza de nadie. El pelado forma parte de la construcción de la identidad de los individuos, y eso debería ser un proceso libre en el que solo debe decidir el propio individuo. Conozco muchos estudiantes brillantes que no han querido seguir estudiando en Cuba por esas reglamentaciones intolerantes que al final laceran nuestro sentido de sociedad. Lo peor es que se hacen desde la autoridad, el poder, y la dominación en una sociedad que intenta ir hacia la emancipación; pues una metodóloga llena de cadenas de oro y uñas aclínicas manda a pelar a un estudiante porque “su aspecto no es coherente con la escuela cubana o no pega con el uniforme” y ese estudiante debe pelarse, pero no le puede mandar a quitar las uñas aclínicas a la metodóloga. Debemos construir una sociedad de respeto tanto para las uñas aclínicas de la metodóloga como para el pelado del estudiante. El uniforme no puede decidir la identidad de cada cual. En cuanto a la decisión del barbero a pelar o no, pues el da un servicio público, nuestro código civil aún tiene mucho que avanzar en leyes en contra de la discriminación, pero negarse a realizar un pelado, simplemente porque a usted no le gusta, es un irrespeto con la identidad y la otredad del cliente es como si alguien no le quisiera vender flores a un homosexual porque es homofóbico y cree que se las va a regalar a su novio, o se niegue a imprimir un trabajo de marxismo porque es cristiano. Cuando hablo de igualar valores a un correcto pelado me refiero al siguiente párrafo: “Provocado por el simple detalle del uniforme correcto, repasé las veces que la gente lamenta la indecencia, la agresividad, la «falta de valores» de la sociedad actual, como si no fueran parte de esa masa, y observan con inmovilidad, esperando «el papel de la escuela o el rol de la familia», sin involucrarse.” Esto lo pone luego de un párrafo donde habla del pelado y la supuesta “acriticidad” de los padres de los jóvenes hacia él. Tal vez esa no fue su intención, pero desde el punto de vista formal, cuando se lee, parece que está igualando la agresividad, la indecencia y la falta de valores a la elección individual de hacerse un pelado diferente al de la mayoría. Entonces yo le pregunto. ¿Qué relación tiene la indecencia, la agresividad y la falta de valores con el pelo de cada cual?

mocho ramos dijo:

5

30 de junio de 2017

11:17:25


Rubén padrón disculpa si te sintiera ofendido por mi comentario pero tu deberías de hacerte un pelado y ponerte en letras grandes IGNORANTE

Rubén Padrón Garriga Respondió:


30 de junio de 2017

12:25:09

Estoy pelado "correctamente" según las normas de la escuela cubana y de ese barbero protofascista, porque me gusta cómo me veo así, pero precisamente como no soy ignorante y se perfectamente lo que puede dañar a una sociedad la intolerancia y la discriminación defiendo que cada cual se pele como quiera, y que los servidores públicos entiendan que deben respetar las individualidades de cada cual y hacer su función social sin discriminar a nadie. Ese debería ser uno de los pilares fundamentales del socialismo. Si por eso crees que soy ignorante, pues IGNORANTE y a mucha honra.