ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

El teléfono sonó a deshora. No sé por qué pensé que nada bueno traía su insistente timbre. Era más temprano que de costumbre, cuando desde la casa llaman al trabajo, casi al caer la tarde, para saber cómo me ha ido en la jornada laboral.

No alcanzó el tiempo para devolver la pregunta de «cómo la han pasado ustedes en casa», porque la voz entrecortada de «mamá» –así llaman en familia a la madre de la niña– reclamaba el regreso urgente ante la persistente fiebre y una erupción en la piel de la pequeña, surgidas repentinamente.

La tarde aplomada abrió paso a un cerrado aguacero, bajo el que, aun en medio de la premura, tomé precauciones al manejar el auto para evitar un accidente que complicaría la situación. Sin embargo, precisamente a mitad del camino el vehículo detuvo su marcha en la Calzada de 10 de Octubre.

Más difícil no podía ser el panorama, apremiado por el tiempo y roto en medio de aquella calle donde el tráfico abruma. La lluvia arreciaba, y mi desesperación ya desbordaba el límite de la cordura, instante en que sin verlo –como salido de la nada– apareció un joven delgado, de unos 30 años, quien obviando el aguacero, me preguntó: «Tío, ¿puedo ayudarlo?».

Su overol azul lo anunciaba como mecánico o algo por el estilo. Le echó un vistazo al motor y pidió que lo esperara unos minutos, solo era cuestión de cruzar la populosa avenida para tratar de resolver el problema. Trajo una correa, como dicen los mecánicos «de medio palo», y la ajustó. Él mismo encendió el automóvil con una sonrisa de aprobación ante lo hecho.

De inmediato le pregunté cuánto le debía, (para mí aquel gesto era de incalculable valor) pero de cualquier manera sentí la obligación de agradecerle. El joven solo señaló con el dedo índice hacia su vivienda, y me solicitó que, únicamente cuando hubiera resuelto el asunto de la niña y el hospital, entonces le llevara la correa de vuelta a su casa.

A la mañana siguiente, tras una madrugada de cuerpo de guardia en el pediátrico de San Miguel del Padrón, enfilé rumbo a la casa del mecánico. No hubo dios que lo convenciera de aceptar un presente. «Si la niña se recupera, como así lo espero, ya me habrá  pagado», fue su respuesta solidaria sin dar resquicio a la riposta y mucho menos al olvido.

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fernando dijo:

1

2 de junio de 2017

07:33:56


Ese gesto de solidaridad hay que destacarlo,pero ya cuando se tiene un carro en mi Cubita de hoy el mensaje va dirigido a los privilegiados automovilista.Coja una guagua yseguro podra escribir de mas y mejores y peores cosas.

Sahira Respondió:


3 de junio de 2017

12:56:02

que pena que haya personas que se nieguen a reconocer la sensibilidad y la solidaridad de los otros, solo por el triste pecado de la envidia a lo poco y bien ganado que otros tienen. gracias a alfonso por esa historia que nos recuerda que existen muchos con el corazón grande y amoroso. gracias por recordarnos que todos podemos ser un tilín mejores.

Taimila dijo:

2

2 de junio de 2017

11:30:16


Muy conmovedor este comentario, me da tremenda alegría saber que aun existen personas con el corazón grande que no cabe dentro del pecho capaz de hacer tan encantador gesto, dejando todo el interés a un lado. A este muchacho de 30 años mis mayores reconocimientos y a Alfonso Nacianceno por publicarlo. Que tengan buen día. Tay

cubana dijo:

3

2 de junio de 2017

12:32:03


La solidaridad entre cubanos siempre ha existido y vemos ejemplos de ello todos lo dias, hay sus pequeñas historias de egoismo y falta de humanidad, pero las menos, felicidades al joven que lo ayudo en un momento de apuro.

Ray dijo:

4

5 de junio de 2017

09:28:35


Esto es un ejemplo para los pesimistas que todo lo critican, de que en nuestra Cuba no todo se a perdido, la solidaridad y el deseo de ayudar es parte de nuestra vida, por lo menos en la mayoria que no nos han educado en el egoismo y falta de humanidad, gracias por esta historia tan bonita.

yoel delvas piel dijo:

5

6 de junio de 2017

10:06:50


Me detube a leer este triste y a la vez hermoso gesto y de este amigo mecanico, que al ver el dolor de el amigo el le pudo resorver. Asi somos los Cubanos, amigos y solidarios, quisiera que todo el que tenga un problema y hay una persona a su lado lo pueda ayudar, saludos