ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

 El Día de la Prensa —14 de marzo— llovió en Santiago de Cuba.

Una jornada antes, en un encuentro con más de 40 colegas llegados a la Ciudad Heroína para la celebración, Lázaro Expósito, el primer secretario del Partido en la provincia, o simplemente Expósito, como lo llama el pueblo, el que comienza su jornada todos los días —de lunes a lunes— a las seis de la mañana, nos explicó la grave situación hídrica de la ciudad y la provincia.

La batalla por el agua —ahorro, estado de los embalses y las redes, marcha de las inversiones en el sector, el tema de los herrajes necesarios para acabar con los salideros y otros— tiene reservadas una de esas jornadas que cubren parte de la madrugada y la mañana y que chequean personalmente el primer secretario y la presidenta del Gobierno en reuniones sobre cada temática que tenga que ver con ese territorio y el país.

«Empezar bien temprano cada día, me permite disponer de tiempo para ir a “tocar” los problemas allí donde están», explicó el máximo dirigente de la provincia en un fuego cruzado, en el que intercambiamos con él sobre este y otros aspectos.

Por ello, el día 14, al llegar ante nosotros en la Plaza Antonio Maceo para celebrar el acto central por la fecha, Expósito nos felicitó «doblemente». ¿Por qué?, le pregunto y me contesta: «Por el día de ustedes y porque está lloviendo».

Y no es ni podría serlo, una obsesión desmedida por el tema agua, sino que el monitoreo diario refleja en este comienzo de marzo la existencia de solo un 19 % de la capacidad total de los embalses.

Así lo corroboramos en otra tarde del intenso programa preparado por los anfitriones santiagueros. En el camino hacia El Cobre, donde fuimos a pedir por la vida y por que lloviera, el panorama de las montañas y llanos aledaños es algo dantesco, ¡todo está seco, qué barbaridad!, exclamaba una joven periodista que formó parte del grupo.

El propio 14 se nos dio una situación bastante inusual. A Santiago habíamos ido, ante todo, a rendir homenaje a dos periodistas: José Martí y Fidel Castro.

Allí, en el cementerio de Santa Ifigenia, cuando bajamos del ómnibus y ante nuestra vista aparecía el mausoleo al Apóstol y la piedra con solo cinco letras que identifican su contenido: Fidel; comenzó una prolongada llovizna.

Unos —los visitantes— clamábamos por que escampara para poder cumplir nuestro objetivo mayor —el homenaje a los más grandes hombres de la Patria—, mientras otros miraban con alegría las gotas de agua en forma de aguacero que nos llevaron a posponer por algunas horas nuestro gran deseo, que luego cumplimos y cumplimos bien.

Fue entonces cuando todos coincidimos, ¡bienvenida la lluvia!, aunque esta vez no pasó de solo mitigar el polvo que cubre calles y aceras, mientras las plantas se marchitan porque tienen sed y la población toda cumple con disciplina los ciclos que llegan hasta los 28 días en que una u otra zona pueda recibir el preciado líquido.

Cuando la tenue lluvia nos permitió llegar ante Martí y ante Fidel, un silencio de amor, respeto, admiración y compromiso se apoderó de nuestros corazones.

Allí estaba Fidel, el de todos nosotros. Ir a verlo, consultarle, recordar las tantas palabras que nos dedicó, las advertencias que nos hizo, las críticas cuando algo no hacíamos bien y la confianza que depositó en nosotros, me llevó hasta el día cuando nos calificó como la «artillería de la Revolución».

Por todo ello, gracias Santiago por permitirnos acudir a Martí, a Fidel. Gracias por volver a sus recuerdos que son presente.

Gracias por dejarnos compartir esa pequeña lluvia de marzo con un pueblo que es todo gloria, valor y confianza.

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victor ramos dijo:

1

18 de marzo de 2017

12:04:23


gracias a ti periodista por ese artículo tan bonito

Beatriz dijo:

2

20 de marzo de 2017

10:03:56


Muy buena crónica!