ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Muchísimas son las simpatías que en el mundo genera la Revolución Cubana. Así ha sido desde su inicio y antes, por la lucha que le sirvió de prefacio hasta nuestros días. También por su ejemplo de resistencia, que es paradigma en el mundo. Sin embargo, algunos, incluyendo no pocos amigos, no se explican el secreto, el quid, la clave.

En este planeta, cada vez más enajenado, donde los poderosos se han encargado de hacer cada vez más pobres a los pobres, son comprensibles las preguntas ¿Cómo ha sido posible a 90 millas del más omnipotente imperio que ha conocido la humanidad? ¿En qué se sustenta para resistir la guerra económica de ese poderío? ¿De qué manera llegó a convertirse en una potencia médica, científica, educacional, deportiva, artística?

«La vida de la Revolución Cubana no es vida prestada, es vida que nació de la entraña de nuestro pueblo, vida que se alimenta de esa entraña de pueblo, vida vigorosa, vida indestructible» Y: «Aquellos que creen que cuando desaparezca un líder desaparece una revolución, han sido incapaces de comprender —y no sé si alguna vez lo comprenderán— algo que hace años dije: Los hombres mueren, el Partido es inmortal. En este caso sería más correcto todavía decir: Los hombres mueren, los pueblos son inmortales».

Son dos postulados distantes en el tiempo. El primero expresado el 6 de agosto de 1960, el otro el 23 de febrero del 2001. Pero los 41 años entre ambos solo confirman la verticalidad de un pensamiento que se asentó, cimentó y floreció en la infinita confianza que en la fuerza del pueblo tuvo siempre el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz.

Podrían explicar también aquel 18 de diciembre de 1956, hace ya 60 años, cuando se encontró con su hermano Raúl en las montañas de la Sierra Maestra y al comprobar que su tropa de 82 hombres, que había desembarcado 16 días antes en la costa suroriental cubana, era entonces de 12 hombres con solo siete fusiles dijo, para llenarnos de orgullo aún hoy, que «ahora sí ganamos la guerra». Se ha dicho, repetido, pero habría que persistir en que esa guerra era contra un ejército de más de 80 000 efectivos, armados hasta los dientes y por la misma potencia, como lo pudo corroborar el propio Fidel en mayo de 1957, al ver las insignias estadounidenses en los cohetes que destruyeron la casa de un campesino en la serranía oriental.

La expresión al ver a Raúl en el lugar conocido como Cinco Palmas y preguntarle por la cantidad de armas y hombres que tenía no salía de la boca de un tozudo aventurero, sino del embrión de un estadista singular. Tres años antes, al defenderse en el juicio por los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Ma­nuel de Céspedes, en Santiago de Cuba y Bayamo, respectivamente, había definido un verdadero programa revolucionario que incluía la industrialización del país, la solución al problema de la vivienda, de la tierra, el desempleo, la educación y la salud.

Aquel proyecto, que continúa hoy pese al mismo frenesí imperialista por impedirlo y aun con las insuficiencias y errores propios que causan nuestras insatisfacciones actuales, tenía y tiene al pueblo como beneficiario, pero también como protagonista decisivo de las transformaciones. La frase de Cinco Palmas se multiplicó y el Ejército Rebelde se nutrió de ese pueblo de campesinos y hombres de la ciudad para de­sembarcar invicto esta vez el 1ro. de enero de 1959 y no más tocar puerto de independencia, comenzar a descargar y cumplir aquel programa.

Eso no se le puede ocurrir a un hombre que solo sea un intrépido, ni se logra solo con valentía. No hay duda que la estatura de Fidel como jefe guerrillero alcanzó dimensiones inimaginables, pero la intuición, la previsión, anticipación, su sólido vínculo con todos los sectores de la población y la fe indestructible en la victoria, lo vestían con las mejores galas de un estadista sin igual. Fue el mismo que advirtió en esas primeras horas del triunfo en el ya lejano 1ro. de enero de 1959: «La Revolución llega al triunfo sin compromisos con nadie en absoluto, sino con el pueblo, que es al único que le debe sus victorias».

Hace solo dos días, el pasado 14 de diciembre, al conmemorarse el aniversario 12 de la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), Raúl volvía al hermano, al Jefe y a Cinco Palmas, «queda mucho por pelear todavía en este país» y le respondieron ya no solo con aplausos, sino con la frase Yo soy Fidel, y en millones de firmas también yo soy la Re­vo­lución, que su líder resumió como «desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas».

El Moncada, el yate Granma, Cinco Palmas, el 1ro. de enero, la victoria en Girón, el heroísmo y los principios en la Crisis de Octubre, la resistencia tras la caída del campo socialista, el prestigio de Cuba en la salud, la educación, el deporte, el arte, su invulnerabilidad militar, su empeño en la actualización del modelo económico y social y la conceptualización de este pasan por el mismo prisma, ese que el 1ro. de enero del 2014 Raúl ratificó, 55 años después: «La Revolución sigue igual, sin compromisos con nadie en absoluto, solo con el pueblo».

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francisco dijo:

1

16 de diciembre de 2016

11:22:32


Y tiene que ser así por el simple y excelente hecho, de la revolución es el pueblo mismo.

francisco dijo:

2

16 de diciembre de 2016

12:08:57


El Gigante sabía qu el pueblo, el verdadero, se le iba a juntar a su causa, por la sencilla razón de que es la causa del verdadero pueblo.

michael vazquez montes de oca dijo:

3

16 de diciembre de 2016

14:40:27


Totalmente de acuerdo

gerardo valverde dijo:

4

19 de diciembre de 2016

08:53:28


Gracias a los navegantes del. Granma, al pueblo cubano y al optismo de. Fidel por darle a la humanidad la mas hermosa de todas las revoluciones. ¡. Hasta la victoria siempte¡. Patria o muerte, venceremos.