Los cubanos, precisados por un estado de necesidad impuesto desde afuera, sin dejar de reconocer nuestras propias deficiencias, hemos tenido que acudir a soluciones coyunturales. De manera brusca desde los años 90 del pasado siglo, en vez de una alineación regular para echar adelante el equipo (país), comenzamos a depender de los bateadores (medidas) emergentes. Y ellos, lo sabemos bien, no siempre responden a la hora buena, por muy capaces que sean.
Fuimos de a poco, y también súbitamente, sustituyendo, por obligación, el diseño de estrategias de desarrollo a mediano y largo plazos. Como mecanismo de supervivencia asumimos la inmediatez de los parches y fuimos remendando el futuro, porque teníamos, a toda costa, que sobrevivir.
Sobrevivir al bloqueo y su recrudecimiento; a la desintegración del campo socialista y sus consecuencias; al periodo especial y todas sus caras; a la falta de integralidad en los enfoques de la planificación; a decisiones erróneas, más allá de la buena voluntad.
Hoy, desarrollarse resulta tan urgente como sobrevivir y en determinados contextos, implica lo mismo.
Cuando en las sesiones de trabajo del 7mo. Congreso del Partido se presentaron las bases del Plan Nacional de Desarrollo hasta el 2030, algunos, imbuidos en esa mentalidad del “día a día”, se mostraron escépticos y hubo hasta quien cuestionó la pertinencia de un programa para 15 años, cuando lo realmente importante, desde su perspectiva, es contar con un salario digno que cubra sus necesidades y le permita llevar a la mesa, sin demasiados contratiempos, el sustento de su familia.
Tal prioridad es lógica, entendible, compartida…, como también debe serlo la implicación en el diseño de estrategias de desarrollo que ayuden a transformar el estado actual de las cosas y con ello, avanzar hacia una sociedad próspera donde encuentren solución (más temprano que tarde) dichas necesidades individuales.
En Cuba, la complejidad intrínseca de estos procesos se magnifica, por un lado, ante la tensa situación financiera y por otro, ante el compromiso irrenunciable de llevar adelante un proyecto socialista que tiene como centro al ser humano y la defensa de cada una de sus conquistas sociales.
¿Pero dónde estriba quizá el mayor reto? En lograr que los planes de desarrollo, a corto y mediano plazos, incorporen la satisfacción gradual de las demandas perentorias del pueblo. En propiciar que ese desarrollo, además de expresarse en crecimientos económicos, inversiones y ampliación del mercado, se refleje en el incremento paulatino de su calidad de vida. En conseguir que todos sintamos signos de prosperidad a medida que avance el Plan de Desarrollo hasta el 2030. Es decir, que notemos, también gradualmente, el tránsito hacia la visión, hacia el país deseado.
Y es en ese estado de prosperidad, tan ansiado, donde deben materializarse, como bien se expresa en la Conceptualización del Modelo Económico y Social, los proyectos de vida personales y colectivos. Y donde incidirá, de modo determinante, la creación de riqueza y la participación en su justo reparto, la eficacia del sistema de educación, de salud, de la cultura, del deporte, de la administración pública, la vivienda y los servicios básicos, del orden público, en estrecho vínculo con valores propios como la justicia social, la igualdad de oportunidades, la no discriminación y los derechos de todos los ciudadanos.
El Plan Nacional de Desarrollo, es, justamente, la herramienta propuesta para alcanzar esa nación deseada, ese estado de bienestar que se describe hoy en la Conceptualización, a la cual habrá que añadirle indicadores y metas objetivas, alcanzables, con las que habrá que comprometerse y rendir cuenta, sin derecho absoluto a equivocaciones, titubeos o retrocesos. Sin derecho a hipotecas de futuro.
El desarrollo, recién alertaban los especialistas que participaron en la elaboración de los documentos, no se alcanza, claro está, de un día para otro.
Una estrategia a futuro, decían, debe generar unidad, resultar atractiva y ser socialmente compartida. Debe, agregaría yo, equilibrar, en la medida de lo posible, la solución a problemas de hoy y la creación de bases sólidas para edificar el mañana. Es por ello que el Plan explicita los ejes estratégicos que enrumbarán el camino y define aquellos sectores cuyo rápido crecimiento le imprimirá mayor dinamismo y motricidad a la economía.
Próximamente, tanto las bases del Plan Nacional de Desarrollo, como la Conceptualización del Modelo Económico y Social, serán sometidos a debate por la militancia del Partido y la Unión de Jóvenes Comunistas, así como por representantes de las organizaciones de masas y de amplios sectores de la sociedad.
Si queremos lograr un proceso de consulta fértil, donde cada uno aporte y se sienta parte, habría que empezar entonces por propiciar, en cada debate, que los documentos no se asuman como algo acabado; sino como algo en construcción, integradores y perfectibles, que apuestan por la prosperidad para hoy y el futuro.




COMENTAR
jpuentes dijo:
1
3 de junio de 2016
08:20:34
Yeyo dijo:
2
3 de junio de 2016
11:09:43
guillermo dijo:
3
3 de junio de 2016
16:52:14
ernesto dijo:
4
5 de junio de 2016
16:47:17
alejardro dijo:
5
6 de junio de 2016
08:32:52
Responder comentario