ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Siempre me pregunté, desde los peldaños de la abstracción, qué sentirían esas personas que se alejan, por la razón que sea, del lugar donde han vivido siempre o la mayor parte de su vida: pueblo, provincia, país.

Seis meses después de haber dejado “se­miatrás” a Las Tunas, vivencias asentadas en peldaños bien concretos del sentimiento pueden dar respuesta a mi propia interrogante: me embarga una sensación de gratitud, orgullo y sana nostalgia.

Creo que 25 años de intenso y apasionado ajetreo, con más horas tecla que horas sueño, fueron suficientes para conocer recónditos re­covecos idiosincráticos, humanos y sociales de ese tunero que amanece limpiando calles y par­ques escobillón en mano, se va a sembrar ca­ña, calabaza o plátano contra la aridez del sue­lo y la inclemencia del sol, re­funfuña con toda razón por el mal estado de las calles o se queja ante el insuficiente transporte… y aun así col­ma su principal plaza el Primero de Ma­yo, desborda el estadio Julio Antonio Mella o pone a danzar lágrimas de emoción en la son­rien­te pupila de Alicia Alonso, dentro del Tea­tro Tunas.

“Un día, no lejano, tengo que escribir algo para mi gente del Balcón”. Así me dije aquel 4 de junio del 2015, tan aparentemente distante en el tiempo para mí, aun cuando apenas han transcurrido media docena de meses.

Entonces era no más que eso: deseo, deuda de gratitud que se lleva dentro, en silencio, con las personas, con las cosas materiales, con los lugares y también con todo lo intangible que ha formado parte de tu vida.

Ahora comprendo mejor por qué al visitar el territorio Alberto Rodríguez Fernández y An­tonio Paneque Brizuela, periodistas tuneros “ausentes”, se asombraban ante el cambio en la ciudad: un cambio que yo no alcanzaba a ver en igual magnitud.

Debe ser porque con los pueblos sucede co­mo con los niños de la casa: crecen a tu lado y no lo notas. El visitante, sin embargo, sí.

Alguien podría decirme que siguen intactas las penurias con el agua, con el transporte público e intermunicipal, con el precio de los productos cárnicos y del agro o con los trámites de la población. Cierto. ¿En qué lugar de Cuba no? En todo caso, toca a todos afincar de verdad los pies y las manos para revertir esas y otras insatisfacciones. Nadie vendrá a hacerlo. Va por nosotros mismos.

Pero también alguien debe comentarme con orgullo cuánto mejoró su imagen el otrora emporio de mal gusto que anidaba bajo el tanque elevado del reparto Buena Vista, o que toque de sosiego y de urbanismo proporciona ahora el incipiente Parque temático (próximo al Hotel Las Tunas) o que insólito encanto en­cierra esa otra obra que el arquitecto Domingo Alás Rosell se arrancó de un tirón para que hasta el mismísimo caballo blanco de la leyenda relinche de gozo… o de envidia. Y los tuneros saben que hablo de La casa insólita.

Solo una cosa no ha cambiado, ni creo que suceda. Ojalá no. Ojalá nunca para mal. Es el interior de las personas buenas.

Conozco profundos recovecos del tunero —dije— tanto como mis propias sinuosidades. Y confieso que no he percibido el más leve vestigio de hipocresía o de “plasticidad” en ca­da abrazo, en cada espontánea invitación a un bocado o a un trago (el que sea), en cada mirada y en ese “vuelve, compadre”, con que soy re­cibido o despedido cada vez que retorno, tal y como me retumba oído bien adentro, en vo­ces como la de Róger Enrique Mastrapa… y no mencionaré a nadie más, porque este periódico no podría dedicar ocho y más páginas solo a nombres.

Esa es la valija que todo tunero lleva consigo cuando por determinado tiempo o motivo traspasa los límites geográficos del territorio donde ha vivido, plantado semilla, recogido fruto, prolongado familia…

Mas, es también la valija que de su gente y de su pueblo han conservado cientos, miles de cubanos, al cambiar de posición geográfica pero no de perspectiva, de visión y de sentimientos.

Tal vez esta no sea la mejor crónica, pero es la que hoy puedo y quiero dejar, no co­mo pe­riodista, sino como expresión del derecho que tengo, en mi Cuba, de escribir lo que siento.

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Carlos de New York City dijo:

1

11 de diciembre de 2015

12:47:45


Pastor Batista Valdés : En Deuda con mi Patria Cubana, En Deuda con mi Pueblo Cubano al que Tanto Respeto y amo , lo mismo que con las Gentes de mi Barrio Antiguo , Todos sentiran por mi lo Mismo Porque en cada Instante de mi Vida y en cada echo entregue siempre lo Unico que Poseo Como Riquezas porque soy un Millonario de VERDAD porque entrego lo Unico que Tengo mi Respeto y honestidad como mi Amor. " NO me Hago el Mejor que nadie , Nunca me senti por encima de nadie ni aun de un Mismo Animal como esos perros de la calle que me parten mi Corazon al verlos deambular Solos y sin compañia de un Amigo . Con que amor Y cariño YO Trato a mi Mascota que Ya 11 años Tiene y en cada momento que tengo Libre para estar con el Lo Miro con Emosion y a la misma Vez con Tristeza Porque tengo miedo a ese Final entre yo y El, Por eso que lo amo tanto como a mis propios Hijos y Nietos y Tampoco me Siento Superior a NADIE si al contrario " me han Sacado Muchas Veces mi Corazon Por la Boca " Nunca maldije ni aun desee el daño a esos Mismo que metiendome la Mano en mi Boca me arrancaron mi Corazon, ante estas adversidades de la Vida me se Crecer mas ante mis propias Dificultades , Entregando Mas amor y Respeto Porque Nadie me hara cambiar mi sentimientos como mis Principios Humanos PERO si les aseguro a Cada uno de los que Me lleguen a Leer que lo que e REPARTIDO toda mi Vida es porque mis Padres lo Depositaron en mi desde la Cuna y si es Cierto las Deudas existen y Deben de existir Porque no importad que nos marchemos de nuestros barrios ni aquellas calles Rotas como Aceras con Huecos , NO Importad los edificios Viejos como cayendose , Nada importad si debemos de Tener presente siempre esta deuda con Todos aquellos que un dia miramos con ese cariño y Respeto Porque Respetar viviendo les aseguro que es la Felicidad que recibiremos a nuestro paso por la Vida y llegando al Final del Destino con la Valor necesario Para Conocer a nuestra MUERTE que nos espera con sus Brazos Abriertos. " Jamas E Tratado a nadie con Hipocresia , ani a mi mismo mirandome en el espejo , por eso que siento Orgullo y Placer que cuando Visito aquellas calles mias Todos en mi Cuba querida me saben devolver la misma DEUDA que contrajimos un Dia. ! Gracias a ti Hermano Por permitirme Escribir en tu Post, un abrazo y ahora mi Deuda es contigo tambien : Pastor Batista Valdés

Pastor dijo:

2

12 de diciembre de 2015

17:07:53


Gracias, Carlos. En mi post, en el periódico donde trabajé 25 años (Granma) y por el cual sigo sintiendo un orgullo y una nostalgia tan grande como por Las Tunas, así como en otros medios de prensa cubanos, siempre tendrán espacio tus criterios y tus sentimientos respetuosos. Un abrazo desde acá, suerte y mucha salud para tu familia.

Eva Andrea Camero dijo:

3

14 de diciembre de 2015

08:01:36


Bellos sus escritos, yo no tengo palabras como ustedes, sólo lágrimas de nostalgias y agradecimiento a mi Cuba querida y a mi gente de punta acabo la de allí las que siguen allá, las mejores.

david dijo:

4

14 de diciembre de 2015

08:44:48


Si Pastor, lamentablemente la mayoría de los que nos fuimos de uesros pueblos ahora retornamos y siempre decimos lo mismo qué feo, qué calles tan..., qué abandono en... qué falta de..., pero al final lo hacemos porque comparamos lo que vemos todos los días tal vez en el lugar donde residmoe o donde trabajamos y no nos detemos a mirar el entorno de esa otra ciudad donde residimos y donde lo feo y la falta de... forma parte de la cotidianidad.No sabría qué decirle a un oriental que llegue al Vedado ejemplo y vea las esquinas llenas de basura o de escombros y las calles maltrechas y llenas de baches pero... como estamos en La Habana donde vivimos, no lo vemos tan mal, lo feo es allá donde vamos solo un rato y queremos que tenga las mejores condiciones del mundo, Es propio de cada cubano por tantyo me atrevo a decir que es idiosincrático (criticar todo lo que no es tu idea).En fin y al final coincido contigo en que al menos el interior de las personas no cambia y si lo hacen es la mayor parte para mejor, porque ese rasgo humano es de los verdaderos orientales, los que no se fueron, los que se quedaron a compartir sufrir y hacer algo para cambiar las cosas feas del entorno y convertirlas en lo bello cotidiano.Soy mayaricero y resido en La Habana, pero siempre vuelvo a mis raíces del mismo modo que salí un día.

Eduardo Alvarez Rodríguez dijo:

5

14 de diciembre de 2015

09:04:39


Muy estimado Pastor, casi me haces llorar con esa bella y emocionante crónica. En estos tiempos de tanta apología a objetos y "tarecos" materiales, solo personas buenas, de tu estirpe, son capaces de sentir esa deuda de gratitud por las cosas espirituales, y en esa misma proporción, reciben lo que han sido capaces de sembrar y construir. El pueblo de Amancio, el Club "Casi como Ayer", El grupo Antares y quien te escribe, nos sentimos en deuda permanente contigo. Gracias por siempre ser tú.