ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Solidaridad es una palabra que los cubanos aprendemos desde niños. Aun cuando no tengamos la madurez suficiente para comprender toda la dimensión del término, sabemos que pertenecemos a un pueblo que no escatima en brindar una mano amiga, y que ofrece lo mejor de sí, sin reservas ni egoísmos.

Esos principios han hecho que nuestro ar­chipiélago brille alrededor del orbe y que millones de seres humanos hayan sentido muy de cerca el calor inconfundible que desprende la cubanía. El internacionalismo en todas sus expresiones, el apoyo a las causas nobles que elevan la dignidad humana y la fe permanente en un mundo mejor, son las mejores muestras de quiénes somos, de esa savia que nos corre por la sangre.

Sin embargo, esa actitud comprometida y desinteresada no se limita solo a sostener una imagen internacional, a mostrar al mundo lo que queremos que vean. Al contrario, los cu­banos realmente somos así, y la vida cotidiana lo demuestra. Más allá de nuestras diferencias, de los escollos lógicos de una sociedad cambiante o de ciertas actitudes negativas que de sobra conocemos, de oriente hasta occidente somos una gran familia.

Es motivo de orgullo, y siempre lo he considerado así, saber que sin importar en qué punto de nuestra geografía nos encontremos, nunca estamos solos.

Si algo hermoso y único tenemos los nacidos en este archipiélago, es que el dolor ajeno nunca nos resulta extraño y somos capaces de involucrarnos en los problemas de alguien más, si es necesario para sacarlo de un aprieto. Nunca ignoramos el sufrimiento y aun cuando las causas nos sean desconocidas, no dudamos en poner una mano en el hombro y acompañarla con alguna palabra de aliento.

Creo que cualquier persona pudiera narrar abiertamente experiencias de esta índole, porque todos de una forma u otra, hemos sido envueltos alguna vez por ese manto cálido llamado solidaridad, que se multiplica desde los actos más insignificantes, hasta los de mayor impacto en la vida de un ser humano.

Sin importar los obstáculos que atravesamos para lograr un objetivo y aunque a veces nos parezca que nuestra empresa es un caso perdido, siempre aparece alguien que nos de­muestra todo lo contrario, y nos recuerda lo gra­tificante y conmovedor que puede ser el más simple gesto de incondicionalidad.

Estas ideas dicen mucho de la grandeza de nuestro pueblo, de los valores que hemos conservado intactos a través del paso de los años. Eso también es cultura, idiosincrasia e incluso, me atrevería a decir identidad.

Quizá, al leer estas palabras, alguien ­pu­diera pensar que se trata de argumentos ob­vios y archiconocidos. Sin embargo no siempre los recordamos. En ocasiones se nos olvida el valor de la nobleza, de los gestos de hu­mildad, de las pequeñas cosas que, como la sonrisa, no nos quitan nada y producen mucho. El ajetreo de la vida cotidiana, las preocupaciones que nos colman o el entorno en el que vivimos, a veces condicionan formas de pensar y actuar que se alejan de nuestra esencia.

Mantengamos siempre vivo el sentimiento de camaradería que tantas veces se impuso a lo largo de la historia por encima de las diferencias más encarnizadas y los anhelos divididos. Creo que debemos llevar siempre presente esa frase popular de “hoy por ti y mañana por mí”, sin el más mínimo interés de cobrar un favor o buena acción, sino más bien por esa otra gran realidad de que “cada cual recoge lo que siembra”.

Creo que todos ponemos tranquilos la cabeza en la almohada cuando sabemos que hicimos alguna buena acción, cuando recibimos una muestra de gratitud por nuestros actos y debería ser ese el más hermoso de los premios para un ser humano. Hagamos gala cada día de esas pinceladas que colorean el arcoiris de lo que somos, que sazonan ese ajiaco del que formamos parte y que en definitiva dicen más de nuestra gente que cualquier calificativo.

Seamos cada día un pueblo más solidario, para con el mundo y sobre todo, para con no­so­tros mismos.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.

ElFrank dijo:

6

27 de octubre de 2015

14:11:18


Muy bonito comentario, digno de una coterránea mía y ojalá que llegara a cada familia cubana, sería lo ideal, porque solidaridad, ese es uno de tantos valores que debemos inculcar desde la familia y desde las primeras edades y no todas lo cumplen. Hoy es cierto, nuestra sociedad cambia pero tiene que ser para bien, como lo avisoró Mella, y es la familia en primer lugar quien tiene la tarea de fomentar los buenos valores, hábitos y costumbres a los que nos ha enseñado la Revolución, como dice un viejo refrán: "...el niño hace más por lo que ve hacer que por lo que le dicen que haga..."