
Feliz controversia la sustentada en la familia sobre si celebrarle en una fiestecita el primer año de vida al benjamín del hogar o si, en cambio, prefieren picarle el cake, salir a pasear con él y tirarle algunas fotos, como recuerdo de la ocasión.
Los más entusiastas votan por hacer el “motivito”, un jolgorio en el patio de la casa con los pequeños de la cuadra, aquellos que siempre andan jugando en el barrio cerca del entorno del bebito, aunque apenas camina y solo balbucea, acompañando sus deseos con algún que otro gesto descontrolado.
En la acera de enfrente se abroquelan quienes aducen que como todavía el homenajeado no tiene percepción para disfrutar de una fiesta, quizá lo ponga un tanto nervioso y lo concebido cual momento de disfrute familiar, se torne en odisea por tal de calmar al infante.
Partidarios de un bando o del otro, sin embargo, la totalidad concuerda en que ese día no ha de faltar en la mesa un cake con su velita en el centro para cantarle ¡Felicidades! a la personita que cumple su primer año de vida. No sé desde cuándo surgió esa tradición tan bonita extendida en el tiempo, y es de agradecer su continuidad para alegrarnos los corazones.
Si todos estamos de acuerdo con el cake —lo mismo para llevarlo a un hogar de pocos recursos que a otro donde quizá cuenten con un dinerito extra para ponerle encima al festejo— la gestión inicial de cualquier familia es intentar asegurar, justo para el día de la celebración, el cake “que le toca a la niña o niño por la libreta”.
Entonces allá va a principios de mes el padre o la madre (quizá ambos) a la dulcería asignada en su municipio para asentar la solicitud, pero, aun cuando asistieron con más de 15 días de antelación a la fecha del cumpleaños, conozco de varios casos que lamentablemente no contaron o contarán con el producto el día de la celebración, acompañado con algunos panecillos para bocaditos, si disponen de ellos, como le respondieron a una madre en la Virgen del Camino, San Miguel del Padrón. Es casi un favor el que les están haciendo, no prima la obligación de cumplir.
También me comentó una madre trabajadora, residente en el Cerro, que pasó por una situación similar en una panadería de Palatino, cuando su niña, que cumplió años el pasado 8 de septiembre, solo tuvo el cake en casa dos días después y con una calidad nada elogiable.
Si en definitiva ambas familias habrían decidido realizar su “motivito” en la fecha deseada, pues deberían recurrir a la variante B (no todos los bolsillos lo permiten), y emplear recursos extra para adquirir el dulce en un Sylvain —o encargárselo a un particular— para que no falte en el centro de la mesa.
Si esa distribución funciona regularmente a destiempo, ¿para qué ordenar con tanta antelación un cake que los pequeños no recibirán el propio día de su cumpleaños? ¿Será muy difícil cumplir en la fecha requerida? En los dos casos comentados el atraso en la entrega no rebasa las 48 horas. Y, suponiendo que la repostería no trabajara los domingos, ¿por qué no se ajusta el tema para hacer una entrega adelantada el sábado en la mañana o en la tarde?




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francisco dijo:
1
25 de septiembre de 2015
19:13:00
Joan dijo:
2
26 de septiembre de 2015
22:04:18
lagardere dijo:
3
28 de septiembre de 2015
12:03:14
tf dijo:
4
29 de septiembre de 2015
14:15:21
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