ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Al llegar a cualquiera de los establecimientos del comercio y la gastronomía en nuestro país y observar cuidadosamente las paredes, de seguro descubriremos, colgando de algún clavito, una libreta mal forrada, llena de polvo y telarañas que en su por­tada dice: “Libro de quejas y sugerencias”. Claro, su ubicación puede cambiar hacia los más disímiles lugares como la hu­medad de un mostrador, encima de un saco de azúcar o en otros espacios a los que la imaginación no puede acceder.

Su existencia se ha convertido en una especie de mito, matizada por las grietas que aún existen en materia de protección a los consumidores, de atención a las preocupaciones que pudieran en gran medida generar cambios en la prestación de servicios. En resumen, todo el mundo sabe que existe el libro, pero que en definitiva es un antiguo for­malismo que se ha hundido en el pozo sin fon­do de la ineficacia.

Este documento, que bien utilizado pudiera ser un termómetro de cuán cerca o lejos están los servicios de la satisfacción del pueblo, suele ser solo un montón de hojas en blanco en las que durante meses, y me atrevería a decir años, nadie escribe una letra. Sin embargo, ese no es el mayor problema, sino la actitud ingenua o conveniente, que asumen ciertos administradores o directivos, de pensar que porque nadie se queja, todo está bien. Otros, por su parte, se conforman con decir, “el libro está, yo no tengo la culpa de que nadie lo pida”.

Este modo de pensar tiene hasta cierto punto algo de verídico: el pueblo no tiene cultura de solicitarlo, y ejercer un derecho que nadie puede negarle. Pero, ¿alguien se ha preguntado alguna vez por qué estas páginas pasaron a ser una especie de fantasma? La respuesta es muy sencilla: porque las personas se dieron cuenta de que sus quejas y sugerencias se petrificaban allí sin ser debidamente analizadas ni recibir la respuesta correspondiente.

Sería interesante analizar cuántos trabajadores han recibido un llamado de atención por maltrato a un cliente, o cuántos administradores reunieron a su colectivo y leyeron en voz alta algo escrito por un consumidor y decidieron hacer cambios en la rutina de trabajo. Los ejemplos no deben ser muchos. En­tonces, ¿es de esa forma que se pretende motivar al público a escribir aquello que considera pertinente mejorar?

El miedo a la crítica no puede convertirse en un manto que cubra lo mal hecho, que oculte los errores y las fallas en materia de servicios al pueblo. ¿Por qué no solicitarle directamente al cliente que, antes de retirarse, plasme en el libro sus impresiones?

¿Por qué no dedicar después, un punto en una asamblea sindical o en otro espacio colectivo a discutir esos mensajes?

Creo que la protección al consumidor, la calidad en la prestación de los servicios y la retroalimentación gracias al contacto con el pueblo, son elementos en los que el camino recorrido es ínfimo, comparado con el que falta por recorrer. No todo es negativo, existen ejemplos excelentes de buen trato, de respeto a los derechos de quien acude en busca de una atención que responda a sus expectativas y al precio que debe pagar por ella, pero lamentablemente no son la regla, sino excepciones.

El libro de quejas y sugerencias es solo uno de los tantos mecanismos inutilizados que pudieran convertirse en directrices en el camino hacia una excelencia que aún está bastante lejos. Mientras no se logre asimilar y respetar los criterios de la gente, acatar sus críticas y canalizarlas, seguirán proliferando la falta de idoneidad, el acomodamiento y el vicio, como decimos en buen cubano, de ha­cer las cosas “al trozo”.

Estoy segura de que más allá de la calidad de unos productos o la ausencia de otros, de condiciones que quizá no permitan una atención del todo eficiente, el simple hecho de explicar las razones, disculparse con el cliente o, más simple aún, darle un sonriente buenos días, pueden mejorar la opinión acerca de cualquier servicio. La magia radica en hacer sencillamente lo que está establecido, lo que corresponde. Ni más, ni menos.

Lo que bajo ningún concepto debe suceder es que se obvie lo que piensan quienes en realidad disfrutan o sufren, un buen o mal servicio. En la medida en que se entienda este precepto y se aplique con sistematicidad, estoy segura de que los libros se llenarán, pero no de quejas, sino de agradecimientos.

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Iliana R. Cuéllar dijo:

1

18 de septiembre de 2015

12:14:17


Buenas tardes: Con el desarrollo acelerado de la Tecnología de la Información y las Comunicaciones, los aprendizajes culturales se han hecho acelerados y complejos, es por ellos que la capacidad de expectativas renovadoras de cada uno de los autores, debe ser exigente. Es un reto mantener a los lectores de la prensa plana, motivados día a día; pero con informaciones como las publicadas el pasado 8 de septiembre de 2015, creo que no podrá ser y cito: “Cienfuegos En funcionamiento balneario minero medicinal de Ciego Montero El balneario ya comenzó a recibir pacientes remitidos por el Ministerio de Salud Pública Autor: Julio Martínez Molina | internet@granma.cu 7 de septiembre de 2015 23:09:57 PALMIRA, Cienfuegos. — Luego de un prolongado proceso de reparación integral, fue reabierto el balneario minero medicinal de Ciego Montero y ya comenzaron a visitarlo pacientes remitidos por el Ministerio de Salud, al cual pertenece dicha instalación al servicio de personas de todo el país. El doctor Benjamín Acuña Álvarez, director del centro, apuntó que dentro de los principales objetos de obra en los cuales se trabajó figuraron la cubierta y falso techo del edificio principal; el enchape de pisos, baños y piscinas; el cambio del 80 % de la carpintería de madera por metálica; la ampliación de la sala de fisioterapia; la construcción del ranchón y la reparación de la red hidráulica y sanitaria y del cercado perimetral. Indicó Acuña que la inversión ascendió a más de un millón 700 000 pesos en moneda nacional y 117 000 en divisa. Entre los principales servicios prestados está la bañoterapia, rehabilitación, psicología y trabajo de enfermería, de cara a lo cual está cubierta la plantilla de 65 trabajadores de un centro asistencial donde laboran fisiatras, psicólogos, rehabilitadores, enfermeras y podólogos, añadió el director de la institución médica de Pal¬mira. Las aguas del balneario de Ciego Montero poseen características sulfurosas. Son cloradas y sódicas; y se aplican en casos de enfermedades neurológicas, dermatológicas y reumatológicas. Al momento de la visita de Granma iba a comenzar el tratamiento la paciente Irma Me-re¬da, quien padece calcificación y artrosis ge¬neralizada y manifestó su esperanza de una pronta recuperación en estas medicinales aguas. En el balneario prestan además servicios ambulatorios, para los pobladores locales. COMPARTIR facebook twitter ” Hay un grupo de comunitarios conocedores de la vida laboral del profesor de Secundaria Básica Benjamín Acuña Álvarez, quien se ha desempeñado en el magisterio y hasta unos meses como funcionario en los Órganos del Poder Popular Municipal de Palmira. ¡La lógica indica que el administrativo de una entidad cuya finalidad es cuidar la salud del hombre; es un médico! Pero es poco ético referirse a tal profesión, cuando en realidad no es así. Los comentarios… aun cuando ya han trascurrido varios días no cesan. Sería justo realizar las aclaraciones pertinentes, para suprimir cualquier gesto de malentendido que exista. Mis disculpas, pero los lectores también tienen participación. Mis saludos; Iliana R. Cuéllar

Nébuc dijo:

2

18 de septiembre de 2015

15:52:43


Que buen artículo, cuánta falta hace que sea debatido por las administraciones y secciones sindicales de los centros que prestan servicios al público y para que algunos lo desempolven y coloquen en lugar visible. Jamás he oído a ningún dirigente o ministro referirse a este documento que hoy trae Leidys Ma. Labrador.

Leonardo dijo:

3

18 de septiembre de 2015

16:08:35


Acabo de tratar de entrar a la pagina de aduanas y resulta que no existe ya esa pagina....señores!!!!....que es lo que esta pasando, es muy importante que esa pagina este al dia...leonardo.

nyls dijo:

4

18 de septiembre de 2015

16:11:15


Amiga Leidys María, su comentario me hizo regresar a tan lejana fecha como 1961-62 cuando un grupo de cubanos llegamos a la URSS para estudiar y nos encontramos que en sus establecimientos de servicios(cafeterías, restoranes, etc.), existía un libro o libreta de Quejas y Sugerencias ( en ruso"kniga zhalob y predlozhenii") Al regresar a Cuba, nos lo encontramos aquí. Y así ha sucedido con otras pequeñeces y otras no tan pequeñas cosas de nuestra vida cotidiana.Saquemos pues útiles y provechosas conclusiones de todas ellas, como Ud honestamente ha intentado hacerlo con este, su artículo

Belkis de la caridad dijo:

5

19 de septiembre de 2015

08:10:55


Como todos tus comentarios, este me ha hecho reflexionar mucho, porque es cierto que los libros de quejas y sugerencias no cumplen su objetivo, los vez como dices en cualquier lugar y no pintan ni dan color. esperemos que esta reflexión nos llegue y podamos cambiar este criterio que tiene tantas malas opiniones