ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Será porque los cambios más apremiantes en la actualización del modelo económico cubano pasan por la implementación de me­didas funcionales y estructurales decisivas para la sostenibilidad y desarrollo del sistema, lo cierto es que la dimensión cultural de ese proceso de transformaciones no siempre se percibe con justeza.

Suele verse una sola parte del problema, la que atañe a la responsabilidad del Estado con la protección de la educación y la cultura. La erogación cada año y en medio de difíciles circunstancias de cifras millonarias en los presupuestos para mantener la red escolar y las instituciones culturales constituye, sin lugar a dudas, una muestra fehaciente de la voluntad política del Estado re­vo­lucionario.

En el plano particular de la cultura artística y literaria, la subvención estatal para la conservación y promoción de los valores pa­trimoniales, el funcionamiento de las academias de formación vocacional y profesional de artistas y la protección a organismos sinfónicos y compañías danzarias implica gastos descomunales plenamente justificados y agradecidos, que contrastan con la tendencia a la privatización y el abandono que sufren instituciones similares, no digamos ya en países del Tercer Mundo, que sufren las secuelas de políticas neoliberales, sino en naciones altamente desarrolladas, en las que se ha quebrado el patrón del Estado benefactor.

Sin embargo voy a referirme a una noción mucho más compleja e imprescindible para el éxito del proceso de cambios que se operan en nuestra sociedad: el cultivo de la subjetividad.

Los actores sociales comprometidos con los cambios solo pueden llevarlos a cabo mediante una acción consciente y ello se logra mediante una implicación conceptual que transita por el ejercicio de la hegemonía cultural.

No es dejando de hacer, ni confiando ciegamente en las leyes del mercado, ni desatando incontrolada y festinadamente las fuerzas productivas que se van a resolver las acuciantes carencias materiales, ni llevar la productividad del trabajo, ni darle valor a los salarios.

Quienes de manera consciente o inconsciente apuesten por estas formulaciones tendrán a la vuelta de la historia, y no muy lejos, la reproducción de seres enajenados, o cuando menos incompletos, incapaces de asumir por sí mismos sus compromisos sociales.

El más que comprensible desmontaje de anquilosados conceptos igualitaristas en al­gunos segmentos de la sociedad ha polarizado no solo las diferencias sociales sino también ha entronizado modos de ver la realidad desde la óptica de la ostentación y el lucro. A esto se suma el peligro latente de los enfoques economicistas y la visión tecnocrática de la dinámica del cambio.

En un reciente foro sobre la sostenibilidad de los programas culturales comunitarios, alguien decía que se hacía imprescindible comprender que tan importante como la satisfacción de necesidades materiales, era la satisfacción de las necesidades espirituales. Diría más: las estrategias económicas y sociales no pueden concebirse por separado. Lo material y lo espiritual se interrelacionan or­gá­nicamente tanto en el individuo como en el tejido social.

El ser humano es lo más preciado en el proyecto socialista y todo cambio económico destinado a mejorar su calidad de vida tiene necesariamente que considerar la cultura.

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RAUL RESTREPO dijo:

16

21 de enero de 2015

10:40:07


Soy colombiano y padezco creo los mismos males que casi todos los latinoamericanos, sumidos en la ignorancia avasalladora de los medios de comunicación, aturdidos por la sociedad de consumo viendo como los seres humanos se desmoronan en el egoísmo y el individualismo característico de este modelo,como ejemplo tal vez escucharon como una congresista de mi país opino sin el mayor dejo de vergüenza que Gabriel García Marquez debería irse al infierno, eso solo para que midan como la ignorancia es el flagelo mas aterrador que padecen nuestras élites gobernantes, para quienes el dinero es la medida de su cultura. Cuba es para muchos un referente no solo cultural sino de dignidad. No tengo idea de lo que piense un ciudadano cubano sobre su propio país, pero si puedo decirles lo que piensa un ciudadano promedio como yo de su país y lo resumo en una sola frase : QUISIERA SER CUBANO. Felicitaciones y gracias por publicar temas que son tan importantes.

anaysa dijo:

17

26 de enero de 2015

09:49:36


Gracias Raul por pensar así sobre mi país. Cuando leo comentarios tan bellos sobre mi país como el tuyo me siento aún más orgullosa de haber nacido en Cuba y de vivir en Cuba. El articulo de Pedro es muy interesante .