ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

El guion de la puesta en la pantalla chica —según su relato— fue concebido originalmente para que alguien desempeñara el papel de una madre, sin embargo, adaptaron el texto pensando en que ella lo asumiera como abuela, y eso le causó gran satisfacción, afirmó mientras una cálida sonrisa iluminó su rostro.

Tras esos breves minutos me pregunté: ¿Cómo se habrán sentido de halagados esos benjamines al alternar en su debut con una de las actrices más queridas y respetadas de Cuba?

La experiencia de Marta —y de otros veteranos también presentes en la entrega televisiva— seguramente constituyó un acicate para los novatos y aquellos con algunos kilómetros más recorridos en esos avatares, prueba fehaciente de que nadie tiene derecho a dudar del talento de los jóvenes si no se les ofrece el espacio para mostrar sus cualidades.

Los conocimientos —profesionales, científicos, técnicos, o de la más humilde ocupación— acumulados por años cuentan y sirven de guía en la vida, pero no han de emplearse cual severa patente que desestime el valor de esas hornadas de muchachos que hoy vienen con ímpetu a compartir sus sueños, repletos de frescura e ideas de renovación.

La propia Revolución triunfante en 1959 se forjó a partir de los ideales de redención de la Generación del Centenario, y en estas más de cinco décadas de su andar, sus líderes siempre han tenido en alta estima el aporte de la juventud a la nación.

Los recientes acontecimientos reportados desde la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) fueron la mejor muestra de cómo se aplica ese concepto inclusivo, corroborado por el exitoso trabajo realizado por un considerable número de periodistas casi recién estrenados en el oficio que, tanto en la televisión, la radio, en la prensa escrita como en distintos sitios web del país, tomaron por asalto los espacios para brindar lo mejor de cada uno de ellos en la cobertura del evento internacional más importante del cual Cuba ha sido sede en lo que va de este siglo.

Alentó verlos asumir con seguridad los temas tratados en el cónclave, realizar entrevistas a presidentes y cancilleres, moverse con destreza en el entramado de la computación y las redes sociales, su rápida respuesta para vencer cualquier barrera tecnológica surgida bajo la presión durante las largas horas dedicadas a cumplir con la inmediatez de la noticia. Fueron fuertes y variados los retos en una cita que impuso su agitado ritmo.

Si es justo reconocer la participación de las nuevas generaciones en los decisivos empeños de nuestro país, igualmente conmovedor ha sido para los que ya sumamos algunas décadas en este día a día de la información, escucharles a estos noveles periodistas —tras regresar a la rutina de las redacciones— sus expresiones de sano orgullo, el agradecimiento por haber tenido esta posibilidad y la satisfacción con que han relatado sus emociones en esas intensas jornadas de la Cumbre, de donde extrajeron valiosas enseñanzas para el trabajo futuro, ajenos al envanecimiento y la trivialidad.

En los diferentes campos del saber y del trabajo, los hombres y mujeres durante su juventud siempre han ansiado contar con una primera oportunidad para probarse a sí mismo. No resulta fácil vencer reticencias, viejos hábitos y temores basados en el esquema de "mejor jugar al seguro con los experimentados, que apostar por los novatos". Sin embargo, los universitarios de hoy egresan de las aulas muy bien preparados, y conocen al dedillo cómo emplear las herramientas más eficaces de la comunicación en nuestro mundo interconectado de punta a cabo.

A la luz de lo vivido por estos reporteros de los distintos medios en las jornadas de la CELAC, esos días quedarán grabados en sus memorias como una ocasión única, inolvidable, un gran debut de quienes se ganaron —con su constante esfuerzo en sus respectivos centros de labor— el derecho de representar a todos los que difunden la verdad de Cuba por el mundo.

Ha sido una prueba irrefutable de la confianza que la Revolución deposita en la ju-ventud.

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