ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Me refiero a las personas de edad avanzada, esos que en su momento ayudaron a construir el presente, y que además, supieron ser buenos hijos, padres, abuelos, combatientes y quién sabe cuántas cosas más, y que ahora, al pasar de los años, algunos se empeñan en no apreciarlos en su justa dimensión.
Determinadas conductas observadas en los últimos tiempos, me motivan a escribir sobre el tema. Mofarse de un anciano o una viejecita, no reconocer sus méritos, maltratarlo de hecho o de palabra y no brindarle el trato adecuado, ahora que es cuando más lo necesitan, constituye una actuación censurable desde todo punto de vista.
Quien se aprovecha de la incapacidad de esas personas para robarle en la pesa, no darle el asiento en la guagua, empujarlo en una cola o reírse de quien porta orgulloso en su pecho las medallas ganadas al costo de mucho sacrificio, no sabe de buenos modales, de comportamiento ciudadano, y dudo que en la vida sea un buen padre o un buen hijo.
Detrás de esos espejuelos empañados, quizás de una ropa mal planchada, o de la persona que porta el bastón, puede esconderse un hombre o mujer que en su tiempo resultó un gran maestro, un buen médico, un combatiente internacionalista, un campesino dedicado durante toda la vida a labrar la tierra, o sencillamente un padre o una madre que supo criar y educar a sus hijos de manera honrada.
Vivimos tiempos donde el país, obligado por las circunstancias, se ha visto precisado a reorientar su economía, fenómeno que ha implicado tomar un grupo de medidas complejas, algunas de las cuales aún no rinden el fruto esperado, provocando precios elevados y otros efectos que tienen un impacto mayor en las personas de más edad.
A ello habría que agregar la pérdida de algunos valores en la sociedad, producto de los duros años del periodo especial; sin embargo, ello no justifica en modo alguno que se manifiesten e imperen conductas que no están en correspondencia con los valores formados por la Revolución.
Cualquier escenario es bueno para cultivar los buenos modales, en primer lugar la familia, llamada a rescatar su tradicional protagonismo en la formación de la cultura ciudadana que requiere este país. Difícilmente, quien no respete en su casa a los padres y abuelos, lo hará luego con sus semejantes, en la calle o en el centro de trabajo.
También en la escuela debería hablarse más acerca de este asunto. Hoy más que nunca se requiere de maestros de la talla de Rafael María de Mendive, el mentor de José Martí, quien sobre todo educaba y formaba con el ejemplo y sus vastos conocimientos. Hay que rescatar el papel que un día tuvo la educación cívica en la escuela cubana; de lo contrario, continuaremos siendo un pueblo muy instruido y a la vez poco educado.
Y por qué no. El barrio y la comunidad, también deben tener espacios para reflexionar sobre esos temas, porque un día pudiéramos decir que somos más fuertes económicamente, sin embargo habremos retrocedido en valores, ética y en comportamiento ciudadano, un fenómeno al que todos debemos enfrentar de manera resuelta.

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