ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El pueblo cubano saluda a Obama a su paso por La Habana. Foto: Yaimí Ravelo

“La Bestia” lo confirmó. Su imponente presencia ponía término a la dilatada espera de gente aglomerada a ambos lados de la arteria derecha (en dirección a la Plaza) de la avenida Paseo, gente que aguardaba ansiosa su paso desde cualquier vía que conectara con el Estadio Latinoamericano.

Algunos se anticiparon a las 12 y meridiano “por si pasaba antes”, otros se avecinaban apresurados como quien teme a perderse algo. “¿Será que se desvió por otra calle, porque el juego de pelota es a la 1:30?”, suponían varios impacientes cuando el reloj descollaba casi la misma hora. Entonces la avanzada de la policía motorizada daba destellos de un encuentro inminente, en lo que un puñado de segundos permite y cuanto la caravana de seguridad deja ver desde las aceras. Pero ni aun lo efímero impidió despojar el momentum cero de esta tarde de martes, de ese misticismo y enjambre de especulaciones sanas que redundan en el imaginario popular, especialmente el cubano.

La curiosidad para unos, la connotación histórica del instante para otros, o los resortes comunicacionales bien usados que “engancharon” a no pocos de quienes le escucharon por estos días en La Habana —ya en vivo, ya en televisión—, hicieron las veces de pretextos para los centenares repartidos espontáneamente a lo largo de esa avenida del Vedado o en las inmediaciones a su intersección con la calle Línea.

“Ya pasó seguro y no lo vimos, te dije que hoy tampoco lo íbamos a ver”, estrilaban unas estudiantes de secundaria que se empecinaban —a veces involuntariamente— en robarle el mejor ángulo a nuestra fotógrafa.

Cuando ya la frustración se replicaba cerca de las estudiantes, al ver desfilar raudos los vehículos con su staff dentro y nada de él, “La Bestia” sorprendió. Se burló de la suerte de quienes aguardaban su paso por Paseo y se aproximó desde Línea, dejando atrás las calles “de las letras”. Y en un giro del animal automotor de cuatro gomas para incorporarse rumbo a la Plaza, estallaron los saludos de unos cuantos, en parte eufóricos, en parte más calmos, pero definitivamente en su mayoría, con galas de civismo.

Fueron apenas segundos, de ellos los más nítidos se reducen a ese giro de 90°, y sin embargo, ya la gente distiende el recuerdo, como quien quiere reconstruir un retrato, y conservarlo. No podría redondear un número de los rostros allí apiñados, menos porque desde Línea y Paseo hasta el Latino se imponen sus buenos metros. El paso de “La Bestia”, como se le ha bautizado al auto del Presidente Obama, confirmó el respeto de un pueblo a alguien que ha apostado por el deshielo de las relaciones con Cuba —como ninguno entre quienes le precedieron en Estados Unidos— y a una visita que, desde el aterrizaje de la aeronave AF1 que lo trajo a aquí, ya era histórica.

Ya dio vuelta de página la agenda del Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, en La Habana; una agenda que desempolvó casi nueve décadas en el tiempo desde que un mandatario de esa nación desandara calles cubanas. Aun así, en la esquina de mi bodega hay quien desteje discursos, hay quien le inyecta popularidad porque le ve carismático. Hay incluso quien desprende una frase de un discurso para leerlo entre líneas. Hay quien se refugia en el baseball y quien se divierte.

Después de todo, el dignatario 44 de la nación norteña y actual inquilino de la White House sabe cómo comunicarse, cómo valerse de resortes para proyectarse ante los ojos de la gente como alguien cercano —y no solo geográficamente— cómo hablar en los mismos códigos de su auditorio. Y lo coloquial de un tuit “¿Qué bolá?”, o la respuesta (habitual entre típicos interlocutores cubanos) de “no es fácil”, descongelan la rigidez de cualquier imagen preelaborada y reservada a su cargo. Hasta la técnica o el ardid de prestarse al humor político, para mofarse en ocasiones del mismo Presidente que lo habita… y eso parece gustarle a mucha gente.

A pesar de las distancias surcadas por el antagonismo de un sistema político muy lejano al nuestro, de principios y filosofías de vida también encontrados, lo “cortés” no disminuye lo inteligente. Más allá del coeficiente intelectual que se agencie entre la lista de los presidentes de su país, Barack Obama ha mostrado ser un hombre inteligente.

Recuerdo que antes de hacer las maletas definitivas para ir a la Casa Blanca, algo de sus discursos traía de vuelta por momentos, en las maneras y en la conexión con sus públicos (y hasta en lo físico), a Malcom X. Quizá por sus alocuciones pensadas y volcadas a la juventud estadounidense, o las habilidades comunicativas con las que ha captado atenciones. Esa puede ser una de las ventajas de tener una socióloga bien cerca: su esposa Michelle.

Ya Obama partió de Cuba, pero de seguro archivó antes la imagen de civismo y hospitalidad de este pueblo, retratada en saludos fugaces aunque sinceros. Así fue en cada lugar, en cada encuentro. Y por un minuto (como el de este martes habanero) en una ciudad invadida por la euforia de la tecnología y los “like” que generan los “selfies”, un grupo numeroso de personas apuntó sus cámaras —de una vez— a un mismo plano, que no eran sus rostros, como quien se sabe autor de una instantánea para la historia.

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louise rimblas dijo:

1

22 de marzo de 2016

20:33:48


mientras mas leo, mas me emociono con los reportajes, ha sido no solo historico, sino inmensamente humano.

Yunet dijo:

2

17 de noviembre de 2016

14:31:01


No porque haya pasado un tiempo ya, deja de ser histórico ese momento, yo estuve ahí, justo en la esquina de Línea y Paseo, felicidades a la reportera, no pudo describirlo mejor!!. Saludos