ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: BBC

Los recuerdos de lo sucedido en Estados Unidos cuando Donald Trump cuestionó el resultado electoral que le fue adverso, y hasta convocó a la toma y el saqueo del Congreso, se repiten ahora a escala peruana por la aspirante a la presidencia Keiko Fujimori, perdedora en los comicios, pero adelantada en declarar «fraude».

Como expresa un dicho popular, la «jugada estaba cantada» desde mucho antes de que se abrieran las urnas. Tanto Fujimori como algunos asesores locales y foráneos se unieron a la comparsa de que el voto a favor de ella era, más que todo, el «voto contra la izquierda y el comunismo» en la figura de Pedro Castillo.

De acuerdo con EFE, Keiko Fujimori lanzó la semana pasada una serie de denuncias de fraude en mesa generalizado y, sin aportar pruebas de la acusación, presentó una auténtica avalancha de reclamos con el fin de anular unos 200 000 votos de zonas andinas, rurales y pobres, abrumadoramente dominadas por Castillo.

La analista política Paula Távara ha advertido, según la propia agencia de prensa, que se evidencia una opción más dramática expresada por algunos sectores de la derecha que, a pesar de ser minoritarios, ya encontraron asidero en programas de televisión.

Se trata de mantener el ambiente enrarecido enarbolado por Fujimori, para «postergar, con demandas, la proclamación de Pedro Castillo como presidente, más allá del plazo establecido, de manera que el Congreso asuma la presidencia y convoque a nuevas elecciones».

Del actual ambiente hostil y desestabilizador generado por los partidarios de Fujimori, la analista dijo: «Hay acoso, hay marchas, hay grupos racistas y fake news. Tengo miedo de que termine en violencia».

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