ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Sebastián Brant publicó en 1494 su brillante obra La Nave de los Necios. A bordo de esta nave, dirigida a Narragonia, viajaba una colección sumamente variada de tontos, descritos en 112 capítulos.

Thomas Murner, continuador e imitador de Brant, en su Conspiración de los Necios y La Hermandad de los Pícaros reveló un gran ingenio: tontos, clérigos, monjes y monjas, barones salteadores y ricos mercaderes, recibieron todos, el implacable castigo de la pluma de Murner.

Foto: Tomada de Internet

Sin embargo, fue el Elogio de la locura, de Erasmo de Rotterdam, la más aguda sátira y el más profundo análisis de la estulticia humana.

La necedad humana ha sido tema de sainetes, operetas, canciones, poemas, tratados filosóficos, películas, novelas, pero lejos de disminuir presa de la crítica constante o por causa de los avances científicos, tecnológicos e incluso evolutivos del ser humano, la sociedad capitalista con su sobrecarga de estereotipos simples y su esencia vulgarizadora de la realidad, la ha extendido, multiplicado y aumentado en variedad.

En Las leyes fundamentales de la estupidez humana, de Carlo M. Cipolla, el autor planteó cinco leyes esenciales. La primera de ellas es que «cada uno de nosotros tiende a subestimar el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo».

La segunda reza: «La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona».

La gente suele pensar que la estulticia está ligada o asociada con un bajo coeficiente intelectual, pero no es así.

En la tercera ley se lee que los estúpidos son aquellos que causan «un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, incluso obteniendo un perjuicio».

La cuarta indica que «las personas “normales” subestiman casi siempre el potencial nocivo de las personas necias».

Y la quinta y última ley señala que «la persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe».

Ejemplos donde se cumplen las leyes descritas por Cipolla, podemos encontrar miles, solo hay que leer las noticias internacionales o ver la actuación de líderes lacayos y presidentes con aire de emperadores –ambos especímenes tienen un alto potencial nocivo–, quienes con sus políticas ponen en peligro de muerte a la especie humana, al planeta donde ellos mismos habitan, arruinan los mares, las tierras, los bosques, las aguas, como si a última hora pudieran escapar no se sabe a dónde. ¿Quieren algo más insensato?

Hacen estallar armas nucleares para probar su efecto, almacenan bombas que pueden exterminar varias veces a la humanidad, crean armas bilógicas y químicas, elaboran enfermedades terribles en sus laboratorios. Decía Albert Einstein que solo existen dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana.

Un nuevo estudio realizado por la Universidad Eötvös Lornand, en Hungría, y la Universidad de Baylor, en Texas, valora el grado de idiotez humana teniendo en cuenta la forma en que se acometen los actos y la clasifica en tres grados.

El más importante de ellos es el de la ignorancia–confianza, que aparece en aquellas personas que asumen situaciones de riesgo, a pesar de que carecen de las habilidades o conocimientos necesarios para resolverlas. Sin dudas nos vienen a la mente unos cuantos miembros de la administración de Donald Trump.

Una prueba de cómo la estupidez se ha convertido en algo contagioso, son las elecciones en algunos países, donde la gente elige al más bestia, fanfarrón y mentecato de los aspirantes, que resulta ser la «persona más peligrosa que existe», el estúpido con mando, el zonzo bélico armado hasta los dientes.

Si cupieran en la nave de Brand los mandaríamos con gusto a todos a Narragonia, seguros de que colmarían la clasificación hecha por el escritor, pero nos vamos todos juntos, no hay de otra, montados en esta, como diría Walter Martínez, nuestra querida contaminada y única nave espacial.

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Ramón dijo:

1

29 de agosto de 2019

02:49:41


El artículo es muy elocuente y muy actual, pero tiene la falla de que se centra sólo en lo grande, o al menos eso insinúa, trayendo ejemplo de la palestra internacional que suena. La estupidez humana es también un germen que tiene su caldo de cultivo en la vida banal de las personas, en el día a día de las sociedades, en ese día a día que no almacena bombas atómicas, ni destruye ecologías naturales, pero sí almacena bombas tan dañinas para el prójimo como una bomba atómica lo es para la Humanidad y tan nocivas para la ecología social, como la inconciencia nacida del ánimo de lucro que mueve a los esclavos del dinero, lo es para la ecología natural. No hay que ir muy lejos para ver lo que ocurre a nuestro alrededor, y Cuba no es una excepción, sino parte de la regla universal. Nada más con un ejemplo se puede ser elocuente: la burocracia. Creo que uno de los más altos exponentes de la estupidez humana es la burocracia, pero no aquella burocracia inevitable, que actúa sujeta al orden y a lo establecido y que es necesaria en el funcionamiento de la sociedad, sino aquella que se salta estas cosas amparada en la indolencia, en la prepotencia y en la connivencia de quienes tienen el poder de frenarla y que hacen caso omiso a los secretos a voces en que se han convertido los clamores sociales, de la gente de a pie, de los que sufren el látigo del burócrata. Los 5 principios de la estupidez de Copolla se suelen quedar cortos a veces en el desempeño de los burócratas. Imaginar sólo cuánto bienestar hubiera en el mundo sin estos energúmenos, y Cuba no quedaría fuera de dichas ventajas, pues la burocracia cubana es maquiavélicamente kafkiana. En el centro de Reikiavik, la capital de Islandia, hay un monumento muy peculiar. Un hombre de traje y corbata que camina con un portafolios en la mano y en lugar de cabeza un bloque de hormigón cuadrado, sin ojos, oídos, boca ni nariz, pues si algo le falta a un burócrata insensible son los sentidos para comprender la vicisitud ajena. Es un homenaje a uno de los máximos exponentes de la estupidez humana: el burócrata. La estatua habla por sí sola.

Antonio Abreu Aday dijo:

2

29 de agosto de 2019

08:08:16


Muy interesante su comentario, Capote. De acuerdo con usted al 100% y considero es digno de colgar en Facebook, para que sea leido por todos sus usuarios, donde aparecen a diario una nueva serie de idiotas, estúpidos y lamebotas empeñados cada vez más en criticar, bombardear y querer hacer trizas nuestro proyecto social, siendo vergonzoso y lastimoso que increible y desgraciadamente sean cubanos. Pero lo que no se imaginan es que cada día somos más fuertes y nos preparamos mejor para enfrentarlos. Saludos hermano.

José Alejandro dijo:

3

29 de agosto de 2019

08:30:30


Muy interesante artículo, y muy actual. Felicito a su autor. Para la inteligencia y el pensamiento profundo es un desafío el procesode banalización e "idiotización" que vive la Humanidad, cuando el puro instinto prevalece por sobre la razón y la c ordura. No subestimemos: aquí adentro, en nuestro país, tenemos tendencias filiales de esa "idiotización" globalizante.

Anabel dijo:

4

29 de agosto de 2019

11:32:53


Excelente artículo intemporal, que puede aplicarse a todos los espacios en que el ser humano puede practicar la necedad, que los lleva a la estupidez, especialmente en las redes sociales, como parte de la indeseable obra del capitalismo y que reafirma lo que dijo Albert Einstein, “Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad; el mundo solo tendrá una generación de idiotas”

CM dijo:

5

30 de agosto de 2019

11:10:33


Los textos budistas dicen (no es una religión, es una filosofía de vida), que el apego más dañino es la ignorancia, del que se deriva la idiotez, el ego, el deseo, etc, nada más parecido a lo expuesto anteriormente. Saludos

Francisco Ruiz dijo:

6

30 de agosto de 2019

18:33:26


De esos marcosperez hay a pululo en buenavista. Dos cosas he prendido sobre la estupidez: 1.- Uno mismo tiene sus momentos estúpidos. Sí tienes muchos vas subiedo en el ELO de las burradas. El hábito de desarrollar la autoconciencia ayuda a tener cada vez menos ataques de estupidez. Y tener, como las represas, un aliviadero dónde los patinazos hacia ese estado no tengan gran daño, como el dominó y el ajedrez, el no profesional. Y ojo con las relaciones interpersonales y en especial con la amada y los hijos y los viejos.. 2.- A nivel social, a lo chiquito, no hay estupidez más dañina que tener un "jefe" que se propuso él mismo o tener un jefe que fue puesto a la cañona. Y a lo grande: las guerras, las armas, la explotación, las religiones y el bandidaje. Que inventaron la rueda, a hacer máquinas de querra. Y sigue.... Les recomiendo leer "Caída y decadencia de casi todo el mundo". "Mi vida al desnudo". "La Odilea". Y luego de reirse ESTUDIEN las actuaciones de Les-Luthiers y San Nicolás de Peladero. Elpidio tiene unas lecturas para los fiñes y otras para los adultos.