ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Antigua sede del Partido Comunista Italiano, en vía de la Botteghe Oscure, número 4,Roma, actual sede del Consorzio Bancomat. Foto: Internet

Un edificio imponente se alza en Roma, en la vía de la Botteghe Oscure, con el número 4. Durante muchos años fue la sede del Partido Comunista Italiano y hoy acoge al Consorzio Bancomat.

Rodeada por la bulliciosa ciudad, los transeúntes apenas reparan en la construcción de color terracota, que antes albergó las esperanzas de un mundo mejor y que hoy es meca del sistema que sus antiguos dueños soñaron cambiar.

Después de visitar el Teatro Marcello, el antiguo Barrio Judío de Roma y el Museo Nazionale Romano Crypta Balbi, llegamos al edificio terracota deslumbrados por las bellezas de la ciudad milenaria.

Todo parecía indicar que tendríamos que conformarnos con verlo desde afuera, tocar con nostalgia su fachada y hacer algunas fotos exteriores, pero el guardia de seguridad nos preguntó si queríamos entrar.

Las modernas puertas eléctricas se abrieron y penetramos al recibidor, desde una esquina nos contemplaba un Gramsci ceñudo y desde la otra, la hoz y el martillo coronados por un estandarte de la Comuna de París. El silencio era impresionante y el guardia, amablemente, nos dejó hacer fotos y rendir un silencioso homenaje al gran sardo comunista, solitario en su esquina, convertido en curiosidad para turistas y en trofeo de vanidosos «triunfadores».

Parado frente a Gramsci pensé en las ironías de la vida y en nuestro compromiso martiano de echar nuestra suerte con los pobres de la Tierra, y sentí cierto desconsuelo ante el pequeño gran hombre que nos miraba desde la pared.

Recordé en aquel instante a los jóvenes italianos a quienes seguí en Marzabotto a las montañas, para rendir homenaje a las víctimas del fascismo; a los jóvenes que me habían acompañado a varias actividades desde mi arribo a Italia, con los que había compartido ideas, inquietudes, dudas y sobre todo, sueños. Entonces le dije bien bajo a Gramsci: «Maestro, su sacrificio y el de tantos y tantos no fue en vano, esas muchachas y muchachos, tan parecidos a los nuestros, a los de la Isla entrañable, llenos de pasión, de amor por Cuba y por Fidel, seguidores de la historia de su patria, son sus herederos».  Y entonces parecía que la piedra fría sonreía.

Salimos de nuevo a la avenida saturada del ruido de los autos, el apuro perpetuo de los transeúntes y la historia. En Roma –como en cualquier lugar– nos contemplan siglos de vida humana. Camina poca gente a esta hora de la mañana, aquí el que no trabaja no come, y no sobra el trabajo, así que no se pierde el tiempo y menos la jornada laboral.

«Un fantasma recorre Europa», recordé la frase tantas veces leída cuando era un estudiante universitario y me respondí: «el fantasma del
comunismo», tal como lo repetíamos una y otra vez en las clases, en los repasos, en las lecturas. Siempre creí que cuando Carlos Marx y Federico Engels escribieron El Manifiesto Comunista, publicado por primera vez en Londres el 21 de febrero de 1848, se referían exactamente a todo lo contrario, que el comunismo no era un fantasma, sino una realidad organizada y que simplemente ironizaban con lo del fantasma y lanzaban al mundo un programa de lucha, un reto.

No obstante, el indócil e irreductible espectro, sin importar cuánto hagan los «dueños de este mundo», es decir los ricos y poderosos, para exorcizarlo, les sigue robando el sueño, les impide disfrutar con absoluta tranquilidad de sus inmensas riquezas.

El día concluye en Viterbo, en un lugar llamado El Cosmonauta, hermoso sitio ubicado en medio de un pueblo medieval y un frío de esos que llega a los huesos y nos pone a bailar sin sentido. En el local hay un rincón dedicado a Cuba, fotos del Che emboscadas en varios pasillos y una chimenea, de esas de película, con sus maderos encendidos y la tibieza de un abrazo salvador.

Se reúnen los veteranos solidarios con la Isla y los jóvenes de Patria Socialista, convocados por la Asociación Nacional de Amistad Italia-Cuba para presenciar la presentación de un libro; se habla sobre la resistencia heroica del pueblo venezolano, de su Revolución, de Chávez y Maduro; se pregunta mucho sobre la Isla rebelde, irreductible y concluimos todos bañados de fe, rebautizados en la convicción de la victoria.

En la despedida me regalan un afiche de Gramsci, obra de un artista que lo ha distribuido por toda la región. Regresamos a Roma cantando la versión cubana de bella ciao: «soy comunista toda la vida y comunista he de morir...».

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Jose R Oro dijo:

1

11 de junio de 2019

22:30:20


Gramsci era enemigo de la propiedad privada.Por que no la eliminamos nosotros?

Josefina dijo:

2

12 de junio de 2019

17:45:48


El velo de la verdad y la búsqueda permanente de nuestros sueños...