ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Martí explicó que con La Edad de Oro quería ayudar «a llenar nuestras tierras de hombres originales, criados para ser felices en la tierra en que viven...». Foto: Ilustrativa

El surf ofrece la excitante aventura de deslizarse sobre las olas en una especie de tabla. Baricco utilizó este deporte para describir la crisis cultural contemporánea.

Las experiencias intelectuales de esta época, dijo, se asemejan a un «surfeo», siempre en la superficie, evitando sumergirse, bucear, saber qué hay en el fondo. La metáfora sintetiza la adoración por lo superficial que propone a sus seguidores, en particular a los jóvenes, la industria hegemónica del entretenimiento, ajena a cualquier afán de profundidad. Modas, marcas, frivolidad, «surfeo», en este ámbito pretenden formar a las nuevas generaciones.  

En términos de información, el «surfeo» equivale a contentarse con los titulares de las noticias, con chispazos entrevistos en las redes sociales, con estereotipos, con cápsulas abreviadas sobre hechos y personajes.

Las producciones de esta industria rinden culto al instante, al esparcimiento vacío. No favorecen el ejercicio intelectual ni el esfuerzo por comprender fenómenos con un mínimo de complejidad, con matices y contradicciones. Presentan un mundo simple, dividido entre «buenos» y «malos», entre «ganadores» y «perdedores».

Hay un mensaje reiterado: no mires atrás; no te compliques con dudas y preguntas; ocúpate de ti mismo y no pienses en los demás. No tiene sentido que te compadezcas de «perdedores», como esos migrantes que se ahogan por miles en el Mediterráneo o sufren maltratos y humillaciones y a veces mueren en la frontera de EE. UU. Lo aconsejable, ante injusticias y crímenes, es mirar hacia otra parte. Disfruta del momento en tu burbuja, «pásala bien».

La crisis cultural está acompañada de una grave crisis ética. En series, películas y videojuegos prevalecen la violencia, la ley del más fuerte, la competitividad, el «todo vale». Las producciones supuestamente culturales son pura mercancía. Están concebidas únicamente para enriquecer a las corporaciones.

Los valores estéticos son prescindibles; pero no las fórmulas para hipnotizar y convertir en adictos a los consumidores, mientras se les convence de que sus inclinaciones parten de un ejercicio «libre» de selección a partir de gustos y preferencias personales. La industria es la que instala esos gustos a través de la maquinaria mediática y publicitaria y lleva adelante, al propio tiempo, una arrasadora colonización cultural.

Difunde con eficacia modelos de vida y patrones de belleza, éxito, felicidad, tomados del Norte. No de los bolsones de miseria que hay en las más deslumbrantes ciudades de EE. UU.; sino de las minorías privilegiadas.

Según Frei Betto, el proyecto es que «el joven sueñe que un día podrá ser rico, un Pelé, una Lady Gaga, un
Michael Jackson, y que se proponga cuatro metas en la vida: dinero, fama, poder y belleza, y, cuando no alcance ninguno de esos parámetros, irá a los ansiolíticos, a las drogas».

El proyecto supone también que los niños y jóvenes del Sur se avergüencen de sus raíces, de sus orígenes y tradiciones, del entorno familiar, comunitario y nacional donde nacieron. Martí explicó que con La Edad de Oro quería ayudar «a llenar nuestras tierras de hombres originales, criados para ser felices en la tierra en que viven, y vivir conforme a ella, sin divorciarse de ella, ni vivir infecundamente en ella, como ciudadanos retóricos o extranjeros desdeñosos nacidos por castigo en esta otra parte del mundo». Tenemos que criarlos, añadió, para que sean hombres de su tiempo y de Nuestra América.

Hoy el arma más efectiva del Imperio es su hegemonía cultural. Cuba tiene a su favor medios de comunicación e instituciones educativas y culturales que llegan a todos los rincones del país. Contamos además con miles de intelectuales, artistas, maestros, instructores de arte, promotores. Las fuerzas de la cultura martiana, fidelista, emancipadora, cumplen con respecto a niños y jóvenes dos misiones principales: ofrecerles los instrumentos básicos para establecer una distancia crítica y descolonizadora frente a los modelos hegemónicos y los imitadores locales y desmontar sus trampas por sí mismos; y motivarlos a participar creativamente en los auténticos procesos culturales, a descifrar sus misterios, a bucear en sus abismos, a disfrutar de los placeres y la plenitud que brinda el arte genuino.

Nos topamos, sin embargo, con incongruencias en estos empeños. Si trabajáramos de manera más coherente y articulada, se alcanzarían resultados superiores en la formación de los hombres y mujeres originales, de su tiempo, de Nuestra América.  

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Francisco Ruiz dijo:

1

17 de mayo de 2019

18:39:52


Excelente, amigo Abel. La cultura es un escudo más portente que los cañones. Aunque con el imperio ahí mismo, no podemos dejar de lado los cañones y sus compañeros, los ... eso mismo. Se puede y debe decir más. Pero, como en el dominó, que es el verdadero deporte nacional, es mejor tener entre uno y su compañero 9 fichas con un número común, que cogerlas uno solo. Así que otras voces e inteligencias deben aportar más y más ideas para elevar, nada de preservar tan sólo, la cultura nacional y con ella el sentimiento patriótico de las nuevas generaciones. De chamaco, me dio por creerme supermán. Qué niño no piensa en tener súper poderes y desafíar la ley de la gravedad. Hasta D Vinchi quiso construir una máquina para volar. Pero, mi madre, con su rigor maternal, cuando me até la toalla al cuello y salté sobre la cama de mis padres y le rompí la pielera y esa noche mis padres durmieron "loma abajo". La pela que me dio la vieja, fue el final de mis súper poderes. Cuba es geográficamente hablando un pedacito de tierra en la cintura del mundo. Y hasta en eso, esta tierra ha sido bendecida por los dioses geo, la novia, y helio, su enamorado, Cuba tiene su propia platafora insular. El castigo fue que estamos muy cerca de los yumas. Pero al final eso es bueno, porque hasta pa la bronca militar, le hacemos como Elpidio, le devolvemos los tiritos. Hablando de Elpidio. Uno se pregunta, por qué dejaron de hacerlos. No es falta de imaginación. Puede que de recursos, pero ahora con las computadoras sería hasta más barato. Ya de temba, me he puesto a estudiar, así, con todas sus letras, estudiar los Elpidio. Tienen de todo. Les mostré uno o dos capítulos a unos niños brasileños y sin compreder el idioma, se diviertieron cantidad. Además del carácter universal de su mensaje patriótico, están hechos con arte. Esa cosa que para muchos sanacos no existe, pero que sí lo está. Y si Padrón no toma cuidado, Palmiche, se coge el protagonismo. El capítulo de Palmiche y las yeguitas de la caballería española y la bronca de Palmiche con los tres caballos aquellos, un mastodonte, un carateka asiático, y un boxeador alemán. Es genial. Y muestra como somos los cubanos, liderados en eso, como en muchas cosas, por el Gigante Fidel, no nos gusta perder ni a las escupías. O los mambises, treita años fajaos con machetes con sus esternos compañeros, ya usted sabe, contra cañones y fusiles. Demuestran más que suficientemente cómo somos los cubanos. Y hay más, tenemos a Capablanca, que perdió en toda su carrera como el astro mundial que todavía hoy sigue siendo, del ajedrez, 48 partidas. Y Font que nunca fue tocado en una sola vez. Ni una sola vez. Eso es la cubanidad. Y la música. Tenemos al Beny y tantos otros. Cuántos países han tenido una Alicia Alonso. O un Bola de Nieve. Los ejemplos son infinitos. Y se nos han sumado de los buenos de verdad. Con Alejo y el el Papa con su viejo y el mar. Y su medalla del Nobel, allá en el santuario de la Patrona de Cuba. Usted fue ministro de cultura. Y sabrá mejor que muchos las razones, pero el cine cubano y sobre todo la TV están en deuda con la cubanidad. También está el ajiaco o caldosa que somos, negros y negras esclavizados que nos trajeron y luego han recreado sus deidades y valores, los gaitos, con su coraje y gusto por el baile y la buena mesa, ellos mismos medio gitanos y moriscos, y hasta los chinos que vinieron engañados como eso, chinos. Somos eso. Y esa juntura de lo mejor de cada contribuyente son elementos que han bendecido este pedacito de mundo. Parafraceando a un ser muy querido para mi familia, le puedo decir, que el que no ha disfrutado de la más democrática de las fiestas populares del mundo, un bembé, no sabe lo que es la vida. Y no muchos países se dan el lujo de tener un Martí, intelectual universal, que murió en batalla con los grados de General. O un Fidel, un hombre cultísimo, dirigiendo ua revolución como la nuestra. Y un hombre como nuestro Canciller de la Dignidad, que entraba a la ONU con una granada en los ya usted sabe, previendo un intento de secuestro y que además tenía todo ese gracejo popular cubano. Como el Guayabero, con su A mi gusta que baile Marieta. O un Almeida, un músico natural, devenido Comandante y con sus ya usted sabe, a toda prueba. Amigo Abel, creo a pie firme que Cuba somos una nación. Y las naciones somos invencibles. A la larga habrá Cuba hasta milenios después que el imperialismo yuma ya haya que estudiarlo en los museos de historia. Con sus dos bombazos atómicos y sus agresiones genocidas, no van a ser olvidados por asesinos y genocidas. Viva la Cultura Cubana. Que es lo mismo que gritar, Viva Cuba.

nicolas perez delgado dijo:

2

18 de mayo de 2019

07:27:10


Excelente, Abel: la "cultura" del entretenimiento y la superficialidad anda por el mundo acabando con toda profundidad de pensamiento,. Cada vez se lee menos. Así, ¿a dónde iremos a parar?

Carlos Corzo Bacallao dijo:

3

18 de mayo de 2019

12:06:12


¡Sencillamente genial! El símil con el "surfeo" ideológico define magistralme la situación. En Venezuela, por ejemplo, acusan al gobierno de tiránico y nadie, absolutamente nadie de los críticos, conoce la Constitución venezolana ni el sistema electoral de este país. ¡Surfean!

Angel Motes dijo:

4

18 de mayo de 2019

16:11:53


Brillante Abel. Mantén una columna en el Granma. Tremenda ayuda para combatir A los surfistas.