El proceso de desnuclearización de la península de Corea tiene un interés estratégico para las naciones de la región y del mundo, de cara a bajar las tensiones en la zona fronteriza y evitar que estalle un conflicto de carácter planetario y altamente destructivo.
Dicho interés tiene dos vertientes; por un lado, Rusia y China, interesadas en la estabilidad debido a su cercanía de fronteras con las dos Coreas y, por otro, Estados Unidos, país famoso por exigirle a sus contrincantes que se desarmen y luego orquestarles una invasión militar.
Por eso el líder de la República Popular Democrática de Corea (RPDC), Kim Jong-un, optó por reunirse con el mandatario Vladimir Putin en la extrema ciudad de Vladivostok, donde se espera aborden el cronograma de la desnuclearización como un asunto estratégico que no ponga en peligro la existencia de los estados soberanos.
Rusia demuestra así su alto perfil como potencia mundial, al asumir una voz cantante en el diálogo que fracasó entre Pyongyang y la Casa Blanca, realizado hace unos meses en Hanói, donde Donald Trump quiso obtenerlo todo a cambio de nada, o sea, sin bajar el tono de las sanciones contra el pueblo coreano. Ambas potencias, además, retoman lazos históricos, pues EE. UU. arremete contra viejos enemigos, y tanto Rusia como la RPDC se enfrentan a sanciones económicas impuestas por Occidente, enfrascado en una lucha «contra el comunismo».Este encuentro debe retomar acuerdos sobre el comercio a través de la frontera y su peso en el desarrollo del extremo oriente ruso y del norte de la península coreana.
Es la primera vez que ambos mandatarios se reúnen en directo, en una cumbre de alto nivel que precede a una reunión de los países que conforman la Ruta de la Seda, una alternativa euroasiática a los mecanismos de sanciones y de presión financiera subordinados a EE. UU.














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Miguel Angel dijo:
1
25 de abril de 2019
02:41:18
lazaro dijo:
2
25 de abril de 2019
09:42:00
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