ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
En California, las llamas quemaron un pueblo de 30 000 habitantes. Foto: AP

Una televisora hispana de Estados Unidos recientemente describía con crudeza una de las tragedias más destructivas de los últimos tiempos en ese país: «Los vientos huracanados se convirtieron en el combustible ideal para que las llamas avancen a pasos agigantados aumentando la devastación de una manera pocas veces vista en el sur de California».

«El incendio forestal sin control destruyó un pueblo de 30 000 habitantes»; «muchas personas tuvieron que huir a pie con sus hijos; otros quedaron calcinados dentro de sus autos alcanzados por las llamas cuando intentaron huir», «la devastación es enorme». «El incendio es tan incontenible que se ha declarado el estado de emergencia», sostenía.

El 26 de noviembre la prensa internacional confirmaba que por fin, después de 17 días de intensas llamas, el 100 % habían sido extinguidas, con el saldo preliminar de al menos 87 muertos, 249 desaparecidos, más de 272 000 evacuados, cerca de 62 000 hectáreas calcinadas, 14 000 viviendas destruidas, 4 250 edificios en ruinas, 500 negocios arrasados y daños económicos incalculables, según el Departamento de Bosques y Protección de California.

En agosto pasado, dos meses antes, se había registrado otro, que se consideraba el más destructivo en la historia de ese estado con más de 120 000 hectáreas afectadas, 23 muertos, más de 200 desaparecidos y más de 500 casas destruidas por completo, pero se ha quedado pequeño en comparación con el ocurrido en noviembre calificado como el más letal.

¿Las causas de ambos siniestros? La combinación de un aumento de la cantidad de combustible natural como consecuencia de la sequía y de las condiciones atmosféricas agravadas por el calentamiento del planeta, que incide en las alteraciones climáticas. El Presidente estadounidense Donald Trump al visitar el lugar no tuvo tiempo para la reflexión, no se detuvo en las causas profundas ni en las soluciones; se limitó más bien a regañar a las víctimas por no cuidar los bosques.

EL MUNDO EN LLAMAS

Según reportes del Fondo de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en el 2010 los incendios forestales afectaron 40 millones de hectáreas, que representa el 0,7 % de la superficie del planeta cubierta de bosques; mientras que en el 2018 fueron impactadas 67 millones de hectáreas (1,7 %).

Contrario a las tesis que menosprecian el cambio climático, que abandonan tratados y suspenden cumbres
mundiales sobre la protección del medioambiente, diciendo que es mentira que el planeta esté sufriendo y manipulan el tema para culpar a otros de supuestas maquinaciones mediáticas, un informe del Global Forest Watch (GFW) revela  que la escalada de incendios forestales en los últimos años está relacionada con los efectos de la corriente cálida del Pacífico conocida como  El Niño, que ha sido la segunda más intensa jamás registrada y creó condiciones muy secas en los trópicos.

Añade el comunicado que el cambio climático también está aumentando la intensidad y las consecuencias de los incendios forestales, así como la deforestación relacionada con la agricultura, la tala de árboles, la minería, una mala gestión de los suelos y la falta de medidas preventivas como los cortafuegos.

Señalan los expertos que si bien no puede considerarse que el cambio climático sea la causa principal de esos incendios, sí contribuyen en gran medida a la severidad de ellos. Con una temperatura media global que tiende al alza, que significa veranos cada vez más calurosos y secos, el comienzo de un incendio ya tiene el terreno preparado para su extensión a gran velocidad.

Citan que cada vez se hace más común en el mundo la presencia de la denominada regla del 30, que influye en la ocurrencia de los siniestros: más de 30 grados de temperatura, más de 30 km por hora de velocidad del viento y menos del 30 % de humedad. De ahí que muchos afirmen que los superincendios han llegado para quedarse y que la solución de fondo es luchar efectivamente contra el cambio climático antes de que el planeta llegue a un punto sin retorno.

Los incendios y la deforestación pueden llevar a daños irreparables a la naturaleza; un aumento de muertes prematuras, enfermedades y un impacto económico muy negativo. También pueden afectar las fuentes de agua, la biodiversidad y la liberalización de grandes cantidades de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera. Es decir, constituyen una amenaza a la supervivencia misma del hombre.

El pasado verano Japón registró 41,2 grados Celsius (106° F), en la peor ola de calor en su historia. Varios estados norteamericanos también rompieron récords, mientras Noruega, Suecia y Finlandia tuvieron temperaturas sin precedentes por encima de 32 °C. En la zona de California se han registrado hasta 45°C.
Según la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de EE. UU., en el mes de julio del 2018 fueron superados o igualados 118 récords de temperatura en el planeta.

Las noticias cotidianas reflejan que la tragedia es global, aunque resulte alarmante la epidemia de grandes incendios en el hemisferio norte durante el verano del 2018 que ha llegado hasta fecha reciente. Los superincendios son más frecuentes, su virulencia y severidad son cada vez mayores, mientras la temporada es cada vez más larga.

En Chile más de 128 000 hectáreas fueron consumidas en el peor incendio forestal de la nación; en Portugal dimitió la Ministra de Interior tras la ola de siniestros que provocó 64  muertos y 250 heridos. Este último país perdió el 4 % de su superficie boscosa, la mayor proporción de todos los países combinados y casi la mitad de los bosques calcinados en toda la Unión Europea.

El titular de Protección Civil de Grecia también abandonó el cargo tras asumir  la responsabilidad política por la muerte de al menos 88 personas en los devastadores incendios de Atenas.

En Canadá era el 17 de agosto del 2018, uno de los escasos días de verano del año, un reloj marcaba las nueve de la mañana y el humo de los bosques había tapado al sol; dos años atrás en Fort McMurray, las llamas devastaron más de 600 000 hectáreas y causaron daños por 8 800 millones de dólares.

Argentina perdió 20 000 hectáreas de bosques por similares causas; la República del Congo sufrió idéntica suerte y registró el siniestro más devastador reportado en África Central, con 15 000 hectáreas destruidas a principios del 2016, mientras Brasil e Indonesia, junto con Portugal, experimentaron las mayores pérdidas de áreas forestales por incendios en ese propio año.

SALVAR LA NATURALEZA CON INTELIGENCIA

Resulta altamente preocupante que entre los países más afectados sobresalen EE. UU., Canadá, Brasil, Indonesia y República del Congo, que figuran entre las siete naciones que albergan el 60 % de la superficie forestal mundial.

Son apenas algunos ejemplos, pero pruebas espeluznantes de una verdad irrefutable llamada cambio climático e irresponsabilidad humana, que los dueños del planeta, magnates y halcones, manipulan y niegan en defensa del mercado, pero a costa de un mayor envenenamiento de la atmósfera y de desgaste acelerado del planeta.

Ningún país escapa a los efectos, amenazas y riesgos del calentamiento global. La prevención y enfrentamiento a todo lo que pueda dañar el medioambiente es una responsabilidad de todos los habitantes del planeta y la salud de los bosques, de la que depende la nuestra, convoca con urgencia al raciocinio y el emprendimiento responsable.

Reunido con estudiantes de la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas y profesionales de la salud el 3 de diciembre del 2002, al reflexionar sobre los principales retos de la humanidad, nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz nos convocaba a todos a una batalla por la vida:

«Les pido su contribución a la salvación de los pueblos hermanos y del mundo, este mundo trastornado, cada vez más, por un sistema insostenible, que en este momento no tiene ni siquiera la posibilidad de asegurar que va a sobrevivir. Es insostenible este mundo porque conduce a la humanidad a la dilapidación de los recursos y a la destrucción de la naturaleza. Y parto de la idea de que el mundo y la naturaleza pueden salvarse. Es una apuesta por la inteligencia frente a la brutalidad y el salvajismo; una apuesta por la educación frente a los instintos; una apuesta a favor de la inteligencia humana».

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Antonio Vera Blanco dijo:

1

6 de diciembre de 2018

03:23:15


Por esa fecha comenzaron las lluvias en California. Acá comienza la temporada de sequía, el invierno. Así que lo prudente es que: Cuando veas las barbas de tu vecino arder; pon las tuyas en remojo. Ayer, 5 de diciembre, Marianao, la zona cercana al vertedero de calle 100 despertó inmersa en una neblina de humo. Hoy llovió y respiramos más aliviados.

Ada dijo:

2

6 de diciembre de 2018

10:47:27


Cuantas vidas más tienen que desaparecer para que el señor Trump entienda la necesidad de proteger el planeta, la necesidad de revertir los fenomenos climaticos provocados por la inconciente acción del hombre.

Adrachi dijo:

3

6 de diciembre de 2018

12:25:45


Y todavía los señores imperialistas del tío Sam se niegan a reconocer el cambio climático. Ahí en esos incendios sin precedentes tienen la prueba. Pero ellos no hacen caso. Si les pasa a otros países, es terrible. Pero si ellos con su insensatez provocan el cambio climático, entonces no tiene importancia. Con ellos vale lo que dicen los alemanes: eigene Fürzen stinken nicht.

el indio dijo:

4

6 de diciembre de 2018

15:28:59


nuestro fidel tenia mucha razon es el egoismo y la ambicion de algunos lo que va a probocar la extincion de todos hace falta onciencia sobre todo en los paises mas desarrollados al menos nosotros estamos en el camino correcto para disminuir los efectos del Cambio Climatico