ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Honduras está considerada como una de las naciones más violentas del mundo. Foto: Once Noticias

Corría la noche del 28 de junio del 2009. Manuel Zelaya, presidente de Honduras, es obligado a huir de su país a punta de pistola y aún vistiendo su pijama. Se desata entonces una crisis política que hace de esta nación un lugar con presente y futuro inciertos para sus ciudadanos.

Luego del golpe de Estado contra el mandatario, el reclamo internacional no posibilitó restablecer al líder en su puesto, ni garantizar una política de estabilidad en todos los sentidos.

El problema de Honduras, con raíces económicas y sociales fuertemente arraigadas en el pasado, había encontrado en el gobierno progresista de Zelaya un camino de alivio a las inmensas desigualdades de la nación, lo cual no resultaba conveniente a las oligarquías, acostumbradas a manejar sus asuntos entre el surgimiento de grupos violentos y las crisis institucionales, el lugar adonde quisieron volver mediante el golpe de Estado.  

RECAPITULANDO

Según un estudio de un centro de investigación en Washington, publicado en el diario La Prensa, la pobreza en el país centroamericano había sido uno de los indicadores que había disminuido en un 7,7 % durante el Gobierno de Zelaya y que aumentó luego de su salida del poder.

Este parámetro, junto a la seguridad, son medulares dentro de la sociedad hondureña, ya que durante mucho tiempo se considera a esta nación como una de las más violentas y desposeídas.

También el país cayó durante el 2010 en una recesión, que si bien se debió a la crisis financiera, fue más fuerte que en otros países de la región, aquejados por los mismos problemas.

Las políticas del entonces presidente, Porfirio Lobo, haciendo recortes sociales e incumpliendo promesas, solo hicieron más sombrío el panorama. Durante su gestión la pobreza afectaba al 71 % del total de habitantes, según datos de La Prensa.

A esto se le sumaban los altos índices de corrupción, violencia en general, pero especialmente en zonas rurales y contra menores de edad y periodistas, junto a la aprobación del uso de la fuerza militar en operativos de seguridad pública.

El 2015 y el 2016 no presentaron un panorama distinto ni favorecedor.

También, el hecho de ser un país agrícola lo vuelve susceptible a las condiciones climatológicas, muy influenciadas por el cambio climático que afecta las cosechas con grandes sequías o devastadores huracanes.

Además, sobre todo en el caso de los pequeños agricultores, las
condiciones de trabajo no son las óptimas para enfrentar condiciones adversas y adaptarse ante crudos cambios.

Las fluctuaciones en el mercado de valores y el cambio de los precios hicieron que se perdiera cerca de un tercio de los ingresos en las dos últimas décadas, debido a una disminución de precios en los productos de exportación, en especial bananos y café, según reporta el Banco Mundial.

El aspecto social es de los más delicados en esta nación. Los gobiernos encuentran en este sector la primera forma de recuperar dinero, al cortar la ayuda a las clases más necesitadas.

Considerado además como uno de los países más pobres del hemisferio occidental, los hondureños viven en una sociedad desigual, dependiente del capital extranjero, y a pesar de los esfuerzos para mejorar las condiciones de sus habitantes aún siguen lejos de alcanzar la meta de reducir la pobreza.

En el año que transcurre las cosas no parecen mejorar, el narcotráfico y las pandillas provocan que sean miles quienes buscan un porvenir alentador y un hogar más seguro.

LA CARAVANA

Los hondureños se han vuelto noticia en las últimas semanas por su peregrinar hacia Estados Unidos. Una marcha que no se detiene a pesar de las amenazas del presidente Donald Trump.

Cuando nos percatamos de las estadísticas mostradas hasta el momento, vemos que la decisión de tantas personas, aunque puede parecer insólita, está marcada por el miedo y la búsqueda de tranquilidad económica y social.

Una de las quimeras en este sentido es la huída hacia el país donde concretarían el llamado «sueño americano», que ha impulsado durante años a los latinos a migrar hacia Estados Unidos sin medir las consecuencias.

Un informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), publicado en el diario La Prensa, reveló que solo en el año 2017, unos 412 migrantes murieron cruzando la frontera entre Estados Unidos y México.

Sin embargo, estas desalentadoras cifras no son ni serán las últimas. Mientras la pobreza y la violencia azoten a la tierra centroamericana, habrá quienes se arriesguen en la travesía, no pocas de ellas estimuladas por mafias u otras intenciones.   

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