ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Salvador Allende ganó las elecciones en 1970. Foto: edicioncero.cl

«Una gran nube negra se eleva desde el palacio en llamas. El presidente Allende muere en su sitio. Los militares matan de a miles por todo Chile. (…) La señora Pinochet declara que el llanto de las madres redimirá al país. Ocupa el poder, todo el poder, una Junta Militar de cuatro miembros, formados en la Escuela de las Américas en Panamá. Los encabeza el general Augusto Pinochet».

Las letras de Galeano esbozan lo que sucedía aquel 11 de septiembre de 1973, una de las fechas más hondamente gravadas en la historia de Chile y de la América Nuestra. Ese día, tras varias horas de sitio y bombardeo en el Palacio Presidencial de la Moneda, moría bajo el fuego de los golpistas el presidente chileno Salvador Allende.

¿Cómo murió Allende? Suicidándose, declaró la Junta Militar al día siguiente, el 12 de septiembre de 1973.
Como una «gloriosa figura… acribillada y despedazada por la balas de las ametralladoras de los soldados de Chile», escribió Pablo Neruda el 14 de septiembre en su lecho de muerte.

«Bajo las balas enemigas como un soldado de la Revolución», dijo su viuda Hortensia Bussi, cuatro días más tarde en México.

Si el Presidente murió a manos del ejército golpista conducido por Pinochet o se quitó la vida antes de rendirse en el Palacio de la Moneda de Santiago de Chile, aquel 13 de septiembre de 1973, las balas que lo mataron –vinieran de donde vinieran– perpetraban uno de los magnicidios más indignantes en la historia de América Latina.

Su asesinato se mantuvo en silencio; fue enterrado secretamente; solo a su viuda le fue permitido acompañar aquel inmortal cadáver. Cuentan que aquel hombre valeroso y digno resistió durante seis horas con un fusil que le había regalado el líder de la Revolución Cubana Fidel Castro y que fue la primera arma de fuego que Salvador Allende disparó jamás.

Hoy hace 45 años de la muerte de Allende. Aquella noche, las fuerzas golpistas entregaron al general Augusto Pinochet un escueto informe: «Misión cumplida. Moneda tomada, presidente muerto».  La Unidad Popular y su Presidente habían sido aniquilados, iniciándose 17 años de dictadura militar.

Líder de la izquierda política chilena, Salvador Allende ganó las elecciones en 1970, desarrollando una intensa política de nacionalizaciones del sector minero e industrial. En plena crisis económica, en 1973, volvió a revalidar su triunfo electoral, lo que terminaría provocando la intervención violenta del ejército en la vida política del país.

Durante su primer año de gestión se nacionalizaron 47 empresas industriales y más de la mitad del sistema de créditos. Con la reforma agraria expropió e incorporó a la propiedad social unos dos millones 400 000 hectáreas de tierras productivas.

Salvador Allende fue el primer político chileno de orientación marxista en Occidente, que llegó al mandato por medio de elecciones generales en un Estado de Derecho.

«La contradicción más dramática de su vida fue ser al mismo tiempo, enemigo congénito de la violencia y revolucionario apasionado, y él creía haberla resuelto con la hipótesis de que las condiciones de Chile permitían una evolución pacífica hacia el socialismo dentro de la legalidad burguesa», recuerda García Márquez en su crónica La verdadera muerte de un Presidente.

Estos fueron, en breves palabras, sus verdaderos delitos, los que el imperialismo y la más reaccionaria ultraderecha chilena y de la región, no podían perdonarle al carismático líder convertido en pueblo, en mayoría.

LA MÁS CONVENCIONAL DE LAS GUERRAS

Golpe de Estado, muertes, un zarpazo a la democracia, amenaza a la soberanía, un gobierno entreguista, títere, un pueblo que sufre… todo pasó en Chile hace más de cuatro décadas. Y hoy, ¿estamos cada vez más a las puertas de estas amenazas?

La realidad es más que evidente: países progresistas del continente son víctimas de intentos desestabilizadores que buscan calentar las calles, generar caos y desestabilizar sin aliento, hasta el punto de generar un golpe, dos, los que fueren.

Los golpes blandos y la Guerra no Convencional en América Latina se erigen como el Plan Cóndor actual, aunque no persiguen a un Chile lleno de cobre, sino atacar conciencias, voluntades, manipular desde la falsedad y la mentira.

En los documentos que rigen la vida política de Estados Unidos se define la GNC como el «conjunto de actividades dirigidas a posibilitar el desarrollo de un movimiento de resistencia o la insurgencia, para coaccionar, alterar o derrocar a un gobierno, o a tomar el poder mediante el empleo de una fuerza de guerrilla, auxiliar y clandestina, en un territorio enemigo», según explica el Doctor en Ciencias Jurídicas cubano e investigador de temas vinculados con Seguridad Nacional Hugo Morales Karell,

«En la última década la GNC ha emergido como la modalidad más factible a emplear por Estados Unidos y sus aliados para derrocar gobiernos contrarios a sus intereses», refiere Morales Karell. Muchas han sido las variantes: pretextos para generar manifestaciones antigubernamentales, argumentando descontento popular por la situación económica, política, social de una nación, la intervención en asuntos internos de los países por parte de terceros países alegando una supuesta crisis humanitaria o violación de los derechos humanos, hasta la supuesta actuación de una oposición interna.

Ejemplos hay muchos, incluso reconocidos y declarados por Estados Unidos en sus documentos doctrinales: Albania y Letonia (1951-1955); Tíbet (1955-1970); Indonesia (1957-1958); Cuba y la invasión a Playa Girón (abril de 1961); Laos (1959-1962); Vietnam del Norte (1961-1964); Nicaragua y Honduras (1980-1988); Pakistán y Afganistán (1980-1991), e Irak (2002-2003). A estos ya confesos, sumémosles el caso de  Venezuela, Brasil, Bolivia, en los que se evidencia el marcado objetivo de frenar el avance de la izquierda progresista en la región.

Estas son las realidades de hoy, no están físicamente las cañoneras ni los drones, no siempre se lanzan bombas ni se intervienen militarmente las naciones, pero las agresiones continúan; ahora se conjuga una fina manipulación para lograr la participación de los jóvenes, el uso de las bondades que brindan las tecnologías de la informática y las comunicaciones e intensas campañas mediáticas para ejercer presión política y lograr, como afirma el profesor Karell, «la más convencional de las guerras».

Pero no lo dudemos, el imperio volverá una y otra vez al uso de la fuerza brutal y al asesinato cruel de líderes como Allende, cada vez que le sea conveniente a sus intereses y no le queden herramientas para mancillar a los pueblos y gobiernos que le sean «incómodos» e intenten subvertir su hegemonía.

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Ramón. dijo:

1

11 de septiembre de 2018

04:13:11


ALLENDE PRESENTE, AHORA Y SIEMPRE. ¡¡VIVA SALVADOR ALLENDE!!

Federico dijo:

2

11 de septiembre de 2018

08:28:50


Excelente reseña,de un presidente progresista y valiente que siempre será recordado en América Latina,por no rendirse al imperialismo yanqui.

Osvaldo dijo:

3

11 de septiembre de 2018

10:03:31


Muy bueno

Guzman dijo:

4

11 de septiembre de 2018

10:10:35


Gracias por las reseñas, Allende como Fidel, sembraron apar siempre, volveran sus frutos algun dia en Chile nuevo para el hombre nuevo! Tenia 12 0 13 años, y junto a la guerra de Viet Nam, este hecho me hizo revolucionario! Viva Allende!!!

Mimisma dijo:

5

11 de septiembre de 2018

12:12:28


Excelente artículo periodista, lo recuerdo como si lo reviviera ahora mismo, a mi corta edad admiraba a este hombre de rostro bueno, y firme en su propósito de hacer un Chile digno, pero ahi estaba la mano oscura y el zarpazo del enemigo de siempre, y ahí troncharon el camino de este hombre, !Gloria eterna a Salvador Allende!