ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Durante más de 140 días, miles de personas han reclamado la liberación de Lula a lo largo de todo Brasil. Foto: EFE

Luiz Inácio Lula da Silva sí es un transgresor, pero no de las leyes de su país ni de los valores éticos que más admiran las personas de bien en el mundo.

Por su conducta pública y personal, parte importante de su pueblo desea llevarlo, por tercera vez, a la presidencia de Brasil, una de las naciones con mayores potencialidades de desarrollo material y humano.

Lo que Lula transgredió fue uno de los dogmas más sagrados para el capital transnacional que hoy enarbola las ideas del neoliberalismo: el Estado no está para promover programas asistenciales de largo aliento a favor de los pobres.

Durante sus dos mandatos como Presidente, cometió el «crimen» de redistribuir enormes riquezas del Estado brasileño, con el noble fin de mitigar el hambre y la pobreza de millones de sus compatriotas.

Cumplió en un altísimo grado esta promesa que asumió al tomar posesión de la Presidencia, en enero del 2003: «Si termino mi mandato y todo brasileño desayuna, almuerza y cena, habré cumplido la meta de mi vida».

Eran en ese momento 54 millones de personas las que necesitaban satisfacer el derecho humano a la alimentación segura. Cuando concluyó su segundo mandato presidencial, el país había sacado de la pobreza a cerca del 30 % de las familias que vivían en esa condición, casi eliminó la pobreza extrema y sacó a Brasil del Mapa del Hambre, que elabora la Organización de Naciones Unidas (ONU).

En un contexto económico internacional favorable, que supo aprovechar, impulsó la generación de más de 20 millones de empleos formales, el cuádruple de los generados en el periodo 1990-2002. Creó programas sociales de amplia cobertura nacional, como Bolsa Familia y otros que llegaron a favorecer a más de 79 millones de personas, más de un tercio de las que tiene el país.

Solo estos hechos, en uno de los países más desiguales del mundo, merece el máximo respeto. También explican el odio de la derecha que prioriza las ganancias del capital sobre la justicia social.

Asimismo, incurrió en otros dos «delitos», igualmente «graves» para las clases dominantes locales y para las que dominan la política en Washington, Londres, Berlín y otras capitales del llamado primer mundo.

El primero fue impulsar una política exterior activa y altiva, de paz y cooperación, que potenció el liderazgo brasileño como actor global constructivo en el sistema de relaciones internacionales, entre el 2003 y el 2010. Todo ello con una autonomía vista con preocupación por los patrocinadores de la Doctrina Monroe en el continente.

Su segundo «delito» fue preocuparse y ocuparse en promover que Brasil, con medios económicos y tecnológicos propios, desarrollase una estrategia de defensa nacional concebida para enfrentar –en caso de necesidad– las apetencias externas por los excepcionales recursos naturales que posee el país.

Por todo ello, las clases dominantes tradicionales que nunca perdieron los resortes del poder, mientras el Partido de los Trabajadores (PT) estuvo en la presidencia del país, optaron por pasar a la contraofensiva. Esto se hizo claro desde los primeros meses en que la sucesora de Lula, Dilma Rousseff, asumió la presidencia en el 2011.

El plan subversivo fue más beligerante y público luego de las elecciones presidenciales del 2014. Sacar al PT de la Presidencia pasó a ser el primer paso para el logro del objetivo mayor: fragilizar el Estado brasileño y someterlo a la condición de pieza funcional a los intereses globales del gran capital y, sobre todo, de su centro hegemónico: Estados Unidos. Esta operación solo podría concretarse mediante la eliminación política de Lula. La derecha golpista así lo percibió.

Sabía y sabe que el PT es, en un altísimo grado, la importante fuerza política que es, en virtud del liderazgo cohesionador de Lula. Conoce que la izquierda y los sectores nacionalistas del país lo ven como al único líder con experiencia, méritos y condiciones para facilitar acuerdos conjuntos. Y reconoce en silencio que los más pobres, pese a todas las calumnias contra él, le siguen percibiendo como su único líder nacional.

Todas estas razones unidas explican por qué para las clases dominantes brasileñas es irrelevante si hay o no, pruebas convincentes para sustentar las innumerables acusaciones que le han fabricado al expresidente petista. Basta con que los flamantes jueces tengan la convicción de que las sospechas son creíbles; los absurdos procesales poco importan.

El estado de derecho que exaltan los ideólogos de la derecha ha sido y sigue siendo vulnerado todos los días. Tal conducta confirma que los representantes del gran capital, cuando ven sus ganancias y su poder en peligro, no tienen escrúpulos de ningún tipo para actuar en pos de las ventajas a las que aspiran.

Esta impunidad podría tornarse mayor si está ausente, o es débil, la movilización de masas en contra del golpe, cuya más cruda expresión actual es la situación política y judicial que vive Lula.

Los dirigentes del Partido de los Trabajadores (PT), del Partido Comunista de Brasil (PCdoB) y de otras fuerzas de izquierda tienen plena conciencia de esto, así como los coordinadores del Movimiento de los Trabajadores sin Tierra (MST), pieza central de las movilizaciones en desarrollo a favor del expresidente.

Lula es el rostro visible y mayor de las injusticias que hoy se comenten en nombre de la «justicia». Merece estar libre y los que le apoyan deberían ser respetados en su derecho soberano de tenerlo, de nuevo, en la Presidencia.

Es evidente que la derecha le teme. Como acusado es, en realidad, el gran acusador de una democracia representativa puesta al servicio, en los hechos, de los intereses de la élite neoliberal que comanda al país. Ello explica que crezca el número de juristas prestigiosos, no vinculados al pt ni a la izquierda, expresándose en contra de la actuación selectiva de Sergio Moro y de los que le apoyan en el poder judicial.

En estas condiciones, por cada día que pase Lula en la cárcel con la firmeza que está mostrando, su enorme prestigio político y como ser humano excepcional se multiplicará exponencialmente y quedará como legado de dignidad, para los brasileños y para todas las personas que aspiran y luchan por un mundo mejor.
Los hechos confirmarán que sí tiene sentido luchar contra toda injusticia.

VOCES POR LA JUSTICIA

Raúl Castro

«Se ha consumado el arbitrario e injusto encarcelamiento del compañero Lula, cuya libertad reclamamos, hoy sometido a prisión política para impedirle participar en las próximas elecciones presidenciales y que, según los sondeos realizados por diferentes instituciones en Brasil, si hoy hay elecciones nadie le podría ganar a Lula. Por eso está preso, por eso la calumnia de la acusación que le llevaron a cabo y lo condujeron a la prisión».

Nicolás Maduro

«Las élites oligárquicas de Brasil, neofascistas, han desatado una criminal persecución contra Lula da Silva. Lula es un hombre honesto que viene de las fábricas, (...) líder democrático, moral, comprometido con el pueblo (...). Duele en el alma esta injusticia. Más temprano que tarde vencerá la Patria Grande.  No solo Brasil, el mundo entero te abraza».

Evo Morales

«Elección sin Lula, es fraude. Cárcel sin juicio justo y sin pruebas, es delito. Brasil sufre el peor golpe contra su democracia. Movilizados los pueblos de Latinoamérica denuncian el más grave atentado de injusticia perpetrado por la derecha proimperialista ante los ojos del mundo».

Rafael Correa

«Mi abrazo solidario al compañero y hermano Lula da Silva. Todos sabemos que su “crimen” es haber sacado a 38 millones de brasileños de la pobreza, sin someterse a las élites brasileñas. Todo es cuestión de tiempo. El poder popular volverá con la fuerza de un huracán. ¡Resiste!».

Cristina Fernández

«Hoy en Brasil algo ha quedado definitivamente claro. Lula va a ganar las próximas elecciones presidenciales y las élites del poder, a las que nunca les interesó ni la justicia ni la democracia, utilizan el aparato judicial para su proscripción. Todo nuestro afecto para con él».

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Oscar Ramos Isla dijo:

1

31 de agosto de 2018

08:44:21


Un país que sea corrupto, que obedezca los intereses de los poderosos, vivira por siempre en la pobreza. El pueblo brasileño tiene que elegir a su representante legitimo Luiz Inácio Lula da Silva para continuar los avances en seguridad social.

Miguel Angel dijo:

2

31 de agosto de 2018

11:47:18


Cuanta verdad expresada de manera categórica en el presente trabajo. Puede que la razón de la fuerza mantenga encarcelado a Lula y no se le permita su candidatura a las próximas elecciones por el PT, donde sin duda sería elegido por 3ª vez como presidente en Brasil. Todo está en las manos del pueblo brasileño, de las decenas de millones de personas que fueron muy beneficiados durante su gobierno. Sería un bochorno y una deshonra para Brasil, para Nuestra América y para el planeta que así ocurriera, que no se levantaran como un tsunami en contra de tanta ignominia e injusticia, nadie puede actuar por ellos. Como tristemente acontece contra Correa o contra Cristina, sin una respuesta contundente y decidida de ambos pueblos. Pero reitero lo ya conocido, nada ni nadie puede detener definitivamente el decursar de la historia de los pueblos hacia el progreso, hacia los cambios revolucionarios en beneficio de las mayorías populares en todos los países de Nuestra América, mas temprano que tarde. Nada tienen que ofrecerle de bueno a los pueblos las políticas neoliberales o edulcoradas diseñadas por el imperio yanqui. Lula siempre será un punto de referencia y un paradigma de líder de lucha y combate por el bienestar de los pobres y desposeídos de siempre. Viva Lula da Silva !!!

Rafael dijo:

3

31 de agosto de 2018

11:48:18


El segundo apellido del autor no es Hernández, es Fernández. Se les agradece la rectificación. Todo cuanto hagamos en favor de la libertad de Lula, será poco. Defenderlo hoy, es equivalente a luchar para que la impunidad no se confunda con la verdadera justicia

maguero dijo:

4

31 de agosto de 2018

13:28:32


Los verdaderos delitos de Nicolás Maduro,Cristina Fernández,Evo Morales ,Rafael Correa y Daniel Ortega es que defienden los derechos de los pobres y eso al rico no le gusta mucho por eso pagan para arremer contra todo el que simpatice con ellos , asesinando a personas inocentes y creando el caos en cualquier nacion , vean a Macri en Argentina , Temer en Brasil y proximamente al presidente de Colombia que ya esta cumpliendo los mandatos yanquis al retirarse de UNASUR, veremos si cumple el acuerdo de paz , cuando asesinan a dirigentes impunementes

aurora carmenaty dijo:

5

31 de agosto de 2018

13:45:15


De Denys ESTOY DE ACUEDO CON TRODO LO DE PLANTEADO POR LOS DISTINGUIDOS PRESIDENTES, HOY REFEXIONE CON LO MENCIONADO POR EVO MORALES Y ESTOY CONTENTADE HABER APRENDIDO ALGO NUEVO