ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Tomada de Internet

Razón y misticismo no siempre van de la mano. Así lo demuestran las distintas teorías que se han tejido alrededor del galeón sueco Vasa, el cual solo navegó 1 300 metros y se hundió.

Cuentan que el Vasa –en su primer viaje– se deslizaba despacio por la bahía de Estocolmo (Suecia), el 10 de agosto de 1628, cuando una repentina brisa lo obligó a resguardarse, pero no pudo recuperar su estabilidad, comenzó a inundarse y a hundirse. Cerca de unos 30 tripulantes murieron, de un total de 200 que integraban la dotación.

El rey sueco Gustavo Adolfo II había ordenado construir la embarcación –nave militar más grande y poderosa en dichos tiempos–, para lo cual se requirió talar casi mil robles.

Durante la construcción de la nave, el Rey ordenó agregar un puente más y doble fila de cañones, en contra de la opinión de los constructores. En aquella época, la construcción naval se regía por tablas de dimensiones muy exactas, y en el caso del Vasa, al recibir la orden del monarca, se modificaron los planos y las dimensiones del barco ya no fueron las adecuadas; en otras palabras, todo se desmoronó. En un intento por conservar la estabilidad en el agua, los constructores llenaron el fondo del buque con 120 toneladas de piedra a modo de lastre, pero el esfuerzo resultó en vano.

«No es que estuviera mal construido o tuviera materiales defectuosos, solo estaba mal diseñado. Sin cálculos matemáticos precisos de estabilidad, se terminó construyendo un barco incompatible en su tamaño y carga. Un sencillo golpe de viento echó al traste lo que era un diseño experimental», según el experto en construcción naval Erling Matz.

Existen varias hipótesis sobre lo sucedido, algunas relacionadas con la artillería del Vasa y otras con las vidas humanas que el mar Báltico se llevó. Varias conclusiones se atribuyen a lo que no se tiene certeza.

El 24 de abril de 1961, luego de una compleja operación, los restos del único barco del siglo XVII que ha sobrevivido hasta nuestros días, con el 98 % de su estructura original fue reflotado a la superficie.

Hace más de 2 000 años que la tradición manda poner una moneda en la base del palo mayor de los buques para darles suerte. Según pudo confirmar a ABC el ingeniero naval Francisco Fernández González, cuando el Vasa fue reflotado y restaurado, antes de convertirse en la mayor atracción turística de Escandinavia, los arqueólogos no hallaron monedas en la base de los palos: es como si el barco estuviera maldito. Tal vez en el astillero un obrero necesitado alargase la mano atrayendo sobre el buque insignia de la flota real sueca, sobre toda Suecia, la desgracia que se vivió en 1628.

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Alma Hernández dijo:

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23 de agosto de 2018

07:26:01


En 1999 pasé un curso de Mujeres Directivas en Luleo, ciudad al norte de Suecia. La parte final del mismo fue en Estocolmo, y dentro del programa del curso, fue muy atractiva la visita al Vasa. Es un barco impresionante y chistosamente la profesora que nos acompañaba nos dijo que ellos comentaban que eran el único país que ostentaba la exhibición del mayor de sus fracasos.