ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: CNN

La cumbre entre los presidentes de Rusia y Estados Unidos que se celebrará en Helsinki el 16 de julio próximo, después de las visitas de Trump a Bélgica, Reino Unido y Escocia, centrará la atención mundial por estos días.

Tal vez los temores y alarmas que se han generado se deban a que unas negociaciones de paz exitosas entre ambos mandatarios podrían anular la imagen manipulada de Rusia como el «enemigo perpetuo», o terminar lo que se ha dado en llamar «una nueva guerra fría». Hasta ahora todas son especulaciones.

Sin embargo, la pregunta más recurrente sobre este encuentro ha sido: ¿Pudiera ser este el comienzo de un proceso que podría reforzar la seguridad internacional? Toca esperar.

El encuentro de Putin y Trump se convertirá en su primer cara a cara oficial, pues en ocasiones anteriores se vieron aprovechando otras cumbres más amplias, como la del G20 en Hamburgo, en julio del 2017, o la del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico, en noviembre en Vietnam.

Fuentes oficiales del Kremlin revelaron que los presidentes se proponen debatir en el encuentro del día 16 las perspectivas del desarrollo de las relaciones entre ambos y otros problemas de actualidad de la agenda internacional.

«Esta reunión se viene planificando desde hace mucho tiempo y tiene una importancia enorme, no solo para Rusia y EE. UU., sino también para todo el mundo», afirmó el asesor del mandatario ruso, Yuri Ushakov.

La agenda girará en torno a las situaciones en Siria, la República Popular Democrática de Corea, y el pacto nuclear con Irán, así como también sobre el regreso de Rusia al G-8, del cual fue excluida en el 2014 a raíz del conflicto con Ucrania. Desde entonces, tanto Washington como Europa aplican sanciones económicas a Moscú.

Por otro lado, los gobiernos aliados al mandatario estadounidense le exigieron garantías de que no haría concesiones a Putin durante su primera cumbre bilateral y se mantendría firme en el «rechazo a la anexión de Crimea o la posición rusa en Ucrania». Aunque como afirman algunos: «Trump es imprevisible».

El Presidente norteamericano, antes de salir de Washington declaró que de los tres problemas que centrarán su gira europea (OTAN, Brexit y Putin), su desacuerdo con Putin «podría ser el más fácil de resolver».

Los opositores de la cumbre insisten en que no hay nada de qué hablar, o más bien, nada que no implique concesiones.

Otros analistas opinan que la cumbre con Kim Jong-un ya ha mostrado la posibilidad de reducir la tensión en la región y acelerar el desarrollo económico de la República Popular Democrática de Corea. Algo similar se pudiera vislumbrar si Donald Trump y Vladímir Putin asumen otra relación a partir de este encuentro.

Las suspicacias por la afinidad rusa del presidente norteamericano, son enormes y lo acompañan desde que declaró su candidatura electoral en el 2015. Se afianzaron luego, cuando los servicios de inteligencia acusaron a finales del 2016 a Rusia de llevar a cabo una sofisticada estrategia de propaganda durante la campaña electoral en EE. UU. para ayudar a Trump a ser presidente.

Los aliados de Trump, por su parte, dan la visión opuesta. Aseguran que el Gobierno del republicano está siendo contundente con Rusia y que el presidente simplemente quiere cultivar una relación personal con Putin para abordar asuntos de interés mutuo.

Sobre este encuentro aún habrá mucho de qué hablar, pero tal vez una pregunta pretenda imponerse ante otras muchas: ¿Es Putin amigo o enemigo para Estados Unidos? A lo que quizá Donald Trump respondería como en días pasados: «Realmente no puedo decirlo ahora. En lo que a mí respecta, es un competidor».

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