ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

¿Puede Estados Unidos lograr sus objetivos actuales de dominio sobre América Latina y el Caribe con una doctrina de principios del siglo XIX?

Aunque a muchos nos gustaría responder a esa pregunta con un «no» rotundo y asegurar que nuestra región está blindada contra las pretensiones del presidente James Monroe en 1823 y su «América para los americanos» –que debe leerse como «América para los estadounidenses»–, sería un error menospreciar los riesgos latentes.

Hay al menos dos condiciones que se deben cumplir para que los estadounidenses logren avanzar en sus propósitos.

La primera es mantener divididos a los países latinoamericanos y caribeños, azuzar sus diferencias y convencerlos de que los triunfos individuales pasan inevitablemente por el debilitamiento de las naciones vecinas.

Fue así como potenciaron a las oligarquías regionales y ayudaron a frustrar el plan bolivariano de una gran unión de naciones. Casi dos siglos después, no es muy distinta la técnica empleada para desmontar mecanismos de integración como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), Mercosur y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

La segunda condición es imponer la teoría del miedo y que Washington aparezca como el único garante posible de la seguridad y tranquilidad regionales.

Si en la época de Monroe los enemigos eran las viejas potencias coloniales europeas, ahora se habla de terrorismo, la injerencia rusa o la competencia económica de China. En todos los casos, la hegemonía de Estados Unidos y su injerencia en los asuntos internos de los países se venden como un «mal menor» frente a las amenazas externas.

Así justificaron la ocupación de Cuba y Puerto Rico a principios del siglo XX y las constantes intervenciones en Centroamérica. Luego, la contención del comunismo fue la excusa para los ataques contra la Revolución Cubana, el apoyo a las dictaduras militares y los planes contrainsurgentes que dejaron decenas de miles de muertos y desaparecidos.

La desintegración del campo socialista y de la Unión Soviética no evitaron que Washington enfilara sus cañones contra los gobiernos progresistas que surgieron desde finales del siglo pasado y que en poco tiempo le cambiaron el rostro a América Latina y el Caribe.

Se avanzó como nunca antes en la nacionalización de los recursos naturales, la reducción de la pobreza y la búsqueda de fórmulas propias de complementariedad. Se creó el ALBA, Unasur y, como paso final y más ambicioso, la  Celac.

«La unidad dentro de la diversidad», como uno de los pilares de la Celac, reconocía un principio elemental: no hacía falta compartir el mismo proyecto político para beneficiarse de la integración.

Durante esos años y en un proceso paralelo, China pasó a ser uno de los socios económicos más importantes de América Latina al comprar buena parte de sus materias primas e invertir cientos de miles de millones de dólares en el desarrollo de nuevas industrias con mayor valor añadido.

El breve lapso de predominio indiscutido de Estados Unidos luego de la desintegración de la Unión Soviética dio paso a la emergencia de actores importantes como los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). En América Latina y el Caribe creció la conciencia de que ningún país, ni siquiera los más grandes, podía hacer frente por su cuenta a los retos políticos, económicos e incluso medioambientales del siglo XXI.

Asimismo, la presión regional fue una de las razones que forzaron al presidente Barack Obama a reconocer el fracaso de su política hacia Cuba y avanzar hacia la normalización de las relaciones entre La Habana y Washington.

Aunque ni por un segundo la anterior administración abandonó sus objetivos estratégicos de dominación, sí se vio obligada a transformar los métodos y dirigirse en un modo más respetuoso no solo a los líderes cubanos, sino a los de toda el área.

En un discurso ante la Organización de Estados Americanos (OEA), en noviembre del 2013, el entonces secretario de Estado, John Kerry, aseguró que la Doctrina Monroe «había muerto» y que su país aspiraba a una relación «de iguales» con la región. Sus palabras no eran una epifanía moral, sino el simple reconocimiento del cambio en el ambiente político.

En cualquier caso, contrastan con las de su sucesor republicano, Rex Tillerson, quien proclamó la «plena vigencia» del pensamiento monroista poco antes de partir a una gira reciente por varios países de América Latina y el Caribe, en la que aprovechó para redoblar los ataques contra la Revolución Bolivariana.

Más allá de las diferencias en los métodos, profundizar la hegemonía sobre América Latina y el Caribe es un objetivo de seguridad nacional de Estados Unidos, que trasciende las diferencias partidistas y los escándalos que rodean a la Casa Blanca de Donald Trump.

Las palabras de Tillerson provienen no solo de una administración que hizo campaña con un discurso antinmigrantes e irrespetuoso hacia varios países al sur de sus fronteras, sino que marcan un cambio en la forma en que Estados Unidos percibe el balance de fuerzas en lo que pretenden que sea «su patio trasero».

Los republicanos cosecharon los resultados de la guerra silenciosa de Obama contra gobiernos progresistas en Argentina y Brasil. Asimismo, redoblaron los ataques contra Venezuela que ya había sido declarada una «amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y la política exterior».

Los métodos pueden cambiar, pero el objetivo sigue siendo el mismo: eliminar cualquier ejemplo de resistencia. Ese es el pecado de la Revolución Bolivariana, como lo fue antes en el caso de Cuba, que más de medio siglo después sigue recibiendo el castigo del bloqueo.

En el horizonte está la VIII Cumbre de las Américas en Lima, Perú, donde la estrategia estadounidense una vez más consiste en promover las divisiones al tratar de evitar la presencia de Venezuela.

«Algunos parecen haber olvidado las lecciones del pasado», alertó el General de Ejército Raúl Castro en su discurso en la XV Cumbre Ordinaria del ALBA, tras señalar que Washington «vuelve a subestimar a nuestros pueblos».

Lo que está en riesgo es que se cumplan los deseos de James Monroe y se posterguen por otros 200 años la independencia y unidad de América Latina y el Caribe.

ALGUNAS CONSECUENCIAS DE LA DOCTRINA MONROE

1846: México pierde la mitad de  su territorio a causa de una invasión estadounidense.

1898: Estados Unidos interviene en la guerra hispano-cubano y también se anexa a los territorios de Puerto Rico, Guam, Filipinas y Hawai. Luego, en 1901, incluyen la Enmienda Platt en la Constitución cubana, para garantizar sus derechos a intervenir en los asuntos internos cuando consideraran conveniente.

1903: Washington promueve la independencia de Panamá de Colombia para negociar el acuerdo del canal interoceánico en mejores términos. Los panameños tendrían que esperar casi un siglo para recuperar la soberanía sobre esa parte de su territorio.

1910: Primera ocupación de Nicaragua, que se repite varias veces durante los años siguientes. Enfrentan allí la resistencia heroica del ejército descalzo de Augusto César Sandino.

1954: La cia orquesta el derrocamiento del gobierno democráticamente electo de Jacobo Árbenz en Guatemala.

1959: Inicia la guerra sucia para derrocar a la Revolución Cubana, que se mantiene hasta nuestros días.

1973: Estados Unidos apoya y ayuda a organizar el golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile. Se abre una etapa de dictaduras militares en la región apoyada y asesorada por Washington.

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Miguel Angel dijo:

1

14 de marzo de 2018

06:32:56


Cualquier persona con un nivel medio de información sobre la situación económica, política y social de la región, portador de un coeficiente normal de inteligencia puede percatarse que la hipótesis de la mínima posibilidad de triunfo de la política Monroe en el subcontinente es absolutamente nula, no cabe. Primero, existe un grupo de países que podríamos llamarnos la vanguardia revolucionaria de Nuestra América, que enarbolamos la lucha mas decisiva, heroica y resuelta contra tales fuerzas del mal lideradas por el imperio yanqui, por la integración, la solidaridad y la cooperación entre nuestros países, por el latinoamericanismo soñado por nuestros próceres, por lo que se ha derramado la sangre de millones de patriotas y revolucionarios, cuya hora de sentencia y confirmación está presente, se encuentran latente todas las condiciones subjetivas y objetivas para su realización. La conciencia política de los pueblos se ha elevado progresivamente, conocen quienes son sus verdaderos enemigos, sus tradicionales explotadores, causantes de sus penurias, pobreza, hambre, carencias y males de todo tipo, a pesar de que no pocos de ellos estar gobernados por presidentes inescrupulosos, corruptos, neoliberales, oligarcas y pro yanquis. Pueden estar incluso transitoriamente desinformados, confundidos por el aparataje mediático maligno que los envenena, pero no son necios, la realidad cotidiana lo demuestra. El tiempo de la zanahoria y el garrote acabó. El imperio recurre a ya usados y anticuados métodos, otros modificados o edulcorados, pero los resultados son los mismos, enriquecimiento para los mas ricos, mas pobreza para aquellos que ya están hastiados de ella, que la han sufrido durante siglos, carencia absoluta de luz y esperanza para ellos y para sus descendientes, mas explotación y calamidades. El imperio se queja y tiembla por la mayor influencia de la RPCh en la región, que ofrece mejores relaciones comerciales y financieras, sin condicionamientos, con mas beneficios para todos, porque para que esta comunidad de intereses se establezca con usa el imperio debe dejar de ser imperio, esto jamás ocurrirá, fenecerá como todos los imperios precedentes. Desde luego, el autor mencionó sólo un mínimo número de hechos relacionados con la doctrina Monroe, la lista sería interminable, varios tomos. La política agresiva, injerencista e imperial de la actual administración yanqui está condenada por la historia al mas rotundo fracaso, ellos forcejean como manifestación de los estertores de la muerte anunciada, por supuesto no se conforman con ello, pero nadie dude que la victoria pertenece por entero a los pueblos, a los que luchan por sus derechos pisoteados.

MANUEL BETANCOURT BARBIEL Respondió:


14 de marzo de 2018

16:57:36

Estoy de acuerdo con usted, con sus valoraciones; pero los pueblos del subcontiente no se pueden descuidar. Yo no daría tal afirmación, con el auge que tiene la derecha hoy; y créame, no soy derrotista, pero en América Latina hay un grupo de gobiernos que le hacen el juego al amo y abultadas sumas de dinero están sufragando disimiles fenómenos que condicionan el éxito de esta malvada doctrina. Los movimientos progresistas, la izquierda revolucionaria y las personas sensatas deben desplegar desde ya un intenso trabajo para impedir el resurgimiento de ese engendro político. No se puede descuidadr la guardia reevolucionaria, porque existen muchos cuyos oídos están al tanto de los cantos de sirena.

bruno Respondió:


14 de marzo de 2018

22:25:02

Miguel Angel, eres alguien real ??.... o usas un perfil falso ?

Amaya dijo:

2

14 de marzo de 2018

07:35:20


Los dos factores están interrelacionados entre si, todo depende de la unidad y la independencia y soberania que tengan los gobiernos, ese es para mi el fundamental, el seguno factor depende del primero, pero hoy sin dudas está presente ese riesgo, vamos a ver en la Cumbre de Lima la posición que cada país y gobierno expone

Pelletier dijo:

3

14 de marzo de 2018

09:14:50


Ya triunfó.La derecha continental avanza.

Jose R Oro dijo:

4

14 de marzo de 2018

10:55:37


Nada del siglo XIX en su forma primitiva puede triunfar en el siglo XXI. No solo las cosas malvadas como la doctrina Monroe, sino incluso las cosas excepcionalmente buenas y geniales como los postulados de Marx y Engels necesitan ser adecuadas a la realidad de hoy. La doctrina Monroe esta en completa bancarrota no hoy sino hace ya muchísimo tiempo, la revolución mexicana y la subsecuente nacionalización del petróleo por el general Lázaro Cárdenas demostró que ya era obsoleta, la revolución cubana fue el mayor de los cantos fúnebres por tan abyecta teoría, el no defender aunque fuera tentativamente a Argentina contra Gran Bretaña en 1982, demostró que la “defensa del hemisferio” era hueca palabrería. RIP doctrina Monroe, hoy solo existe en la cabeza de personas como DT, Marco Rubio y sus acólitos.

Miguel Angel Respondió:


15 de marzo de 2018

12:12:46

Plenamente de acuerdo con Ud. Precisamente conmemoramos la muerte del genial Carlos Marx, la base fundamental de su teoría que sustenta el socialismo científico está latente, Lenin le realizó brillantes aportes teóricos y prácticos. Pero sin duda debe ser enriquecida acorde con los tiempos que vivimos, con las condiciones objetivas y subjetivas existentes. Pero está viva. No así la Monroe que feneció hace muchos años. Saludo fraternal.

OrlandoB Respondió:


15 de marzo de 2018

14:38:13

En aquel comento de la guerra de las malvinas, los generales a cargo del pais, le negaron a Cuba el apoyo que esta le brindó. Esto no lo lei en ningun periodico. Estaba en Argentina en un viaje de negocios, y los dos argentinos que tenia contacto con nosotros nos hablaron de la negativa de su gobierno de hacertar la ayuda de Cubal. Cuba estubo dispuesta a brindarle ayuda.

Mi guel dijo:

5

14 de marzo de 2018

14:42:12


A Mexico le arrancaron MAS de la mitad de su territorio por medio de una cruel y abusiva guerra.